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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A UN GRUPO DE PEREGRINOS
ESLOVENOS
Sala Pablo VI Sábado 14 de diciembre de 1996
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
amadísimos eslovenos:
1. Me alegra daros a todos mi cordial bienvenida,
recordando los intensos días transcurridos en vuestra amada nación, del 17 al 19
del pasado mes de mayo. Hoy deseo renovaros mi agradecimiento por la exquisita
hospitalidad que me brindasteis con ocasión de mi memorable visita pastoral, y
por los múltiples testimonios de afecto que me disteis entonces.
Saludo
cordialmente a monseñor Franc Kramberger, obispo de Maribor, a quien agradezco
las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Dirijo un saludo
especial a monseñor Alojzij Šuštar, arzobispo metropolitano de Liubliana y
presidente de la Conferencia episcopal eslovena, que no ha podido estar presente
en este encuentro, asegurándole mi cercanía espiritual en la oración y en la
comunión fraterna. Saludo, asimismo, a los obispos, a los sacerdotes, a los
religiosos y religiosas, y a los laicos comprometidos en los movimientos y
asociaciones eclesiales de apostolado. Saludo también deferentemente a las
autoridades civiles y, en particular, al presidente de la República, señor Milan
Kučan, que han querido participar en vuestra peregrinación a Roma.
En fin, os
saludo a todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas de la noble nación
eslovena, que con vuestra presencia aquí, en Roma, ante las tumbas de los
Apóstoles y de los mártires, deseáis fortalecer vuestro tradicional vínculo de
fidelidad y de comunión con la Sede de Pedro.
2. La visita
pastoral que tuve la alegría de realizar la pasada primavera —la primera visita
pastoral de un Papa a Eslovenia—, se desarrolló con ocasión de los 1250 años de
la presencia del Evangelio en vuestra tierra, que llevaron a mediados del siglo VIII los monjes benedictinos procedentes de Salzburgo, Aquilea y Panonia.
Se
realizó, además, en el nuevo clima de libertad civil y de democracia, que se ha
creado después de haber conseguido la independencia política, hace cinco años.
En ese nuevo ambiente social han surgido nuevas esperanzas de progreso y de paz.
Sin embargo, no faltan los peligros de un desarrollo orientado hacia un
materialismo práctico, marcado por el individualismo y el hedonismo.
3. Con mi visita pastoral quise confirmar vuestra fe y
vuestra secular comunión con Cristo y con su Iglesia, frente a los desafíos de
este último tramo de siglo, en el umbral del tercer milenio cristiano. En
efecto, os invité a volver a examinar las profundas raíces cristianas de la
cultura de vuestra tierra, situada en el corazón de Europa como una encrucijada
entre Oriente y Occidente.
Recuerdo con alegría los momentos más significativos
que caracterizaron aquellos días: la liturgia de Vísperas con el clero y los
religiosos en la catedral de Liubliana, el intenso y caluroso encuentro con los
jóvenes en Postojna, el diálogo con los representantes del mundo de la cultura
en la catedral de Maribor y las dos solemnes celebraciones eucarísticas en
Stožice y Maribor, animadas por el canto de numerosos y sugestivos coros.
Todavía recuerdo, con viva gratitud, el gran interés y la amplia participación
con que todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas eslovenos, seguisteis mi
viaje pastoral por vuestra amada tierra.
Os renuevo hoy la exhortación que os
hice en el momento de despedirme de vosotros: proseguid la ardua tarea de acudir
a vuestra secular tradición cristiana para que su savia vital os permita
afrontar con valentía y determinación los compromisos actuales y futuros. «Es
verdad que no se pueden resolver inmediatamente las dificultades económicas
heredadas del pasado, pero también es cierto que con la paciencia, la
disponibilidad al diálogo y la capacidad de perdón y de reconciliación todos
podrán mirar con confianza al futuro. En efecto, unidos podréis afrontar más
fácilmente los desafíos de la hora actual y elaborar propuestas de solución
satisfactorias » (Discurso durante la ceremonia de despedida en el aeropuerto
de Maribor, n. 2: L’Osservatore Romano, edición en lengua española,
31 de mayo de 1996, p. 16).
En este renovado clima de diálogo y colaboración entre los
diversos componentes del país, la comunidad católica eslovena desea dar su
contribución específica. Espero que el diálogo y la colaboración entre los
pastores de la Iglesia y las autoridades civiles se profundice cada vez más,
para contribuir juntos a la construcción del bien común, respetando las
respectivas competencias.
4. Amadísimos hermanos y hermanas, con vuestra presencia en
Roma, centro de irradiación de la civilización que ha fecundado el viejo
continente, testimoniáis la vocación del pueblo esloveno a servir de puente
entre las diversas tradiciones culturales europeas, favoreciendo así la paz y la
comprensión entre los hombres. Signo particularmente elocuente de este
compromiso es el árbol que será iluminado en la plaza de San Pedro, con ocasión
de la próxima Navidad, y que este año proviene de vuestra hermosa y floreciente
tierra.
¡Gracias, amadísimos hermanos, también por este significativo
don! Espero de todo corazón que todos vosotros, vuestros compatriotas que han
permanecido en la patria, y todos los eslovenos que, por diversos motivos, están
viviendo en diferentes lugares del mundo, pasen con serenidad e intensidad el
período de preparación para las fiestas navideñas ya cercanas.
Con estos deseos, invocando la protección materna de María,
«Auxilio de los cristianos» y «Reina de Eslovenia», os imparto de corazón a
todos vosotros una bendición apostólica especial.
1996 Copyright © - Libreria Editrice Vaticana
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