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VISITA PASTORAL A GUATEMALA,
NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA

CEREMONIA DE BIENVENIDA A NICARAGUA

DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II

Aeropuerto Internacional de Managua
Miércoles 7 de febrero de 1996

 

Señora Presidente,
señor Cardenal y hermanos en el episcopado,
dignas autoridades,
amados hijos e hijas de Nicaragua:

1. Doy gracias a la divina Providencia por haberme permitido volver a este querido país. Han pasado 13 años desde mi primer Viaje Apostólico a Nicaragua. En ese tiempo se han escrito nuevas e importantes páginas en la historia nacional y han cambiado muchas circunstancias. Sin embargo, el mensaje que os traigo es el mismo porque vengo en nombre de Cristo, que «permanece el mismo hoy como ayer, y por la eternidad» (Hb 13, 8).1 Es un mensaje de paz y reconciliación, de invitación a la solidaridad y fraternidad, que os ayude a ser auténticos protagonistas de la civilización del amor. Es un mensaje de aliento a proseguir por la senda de la fe de la Iglesia, que habéis recibido de vuestros antepasados. Un mensaje que, por venir de Jesucristo, os ilumine para avanzar a través de los caminos que Él propone a la humanidad y a cada persona en concreto.

2. Me complace dirigir ahora un deferente saludo a Usted, Señora Presidente, a la vez que le expreso mi sincero agradecimiento, tanto por su reiterada invitación a venir de nuevo a Nicaragua, como por sus cordiales palabras de bienvenida. Mi gratitud va también al Señor Cardenal Miguel Obando Bravo y a los demás Obispos de la nación, por haberme invitado y haber promovido y alentado una intensa preparación espiritual para esta visita del Sucesor de Pedro a los fieles nicaragüenses.

Gracias a los honorables miembros del Gobierno y demás Autoridades de la República, por su presencia aquí y por la colaboración que han prestado en los preparativos de los diversos actos programados.

Gracias a todos vosotros, amados hijos de Nicaragua: los que estáis aquí presentes y los que encontraré a lo largo de esta jornada, así como los que no podré ver pero que de algún modo llevo en mi corazón. Gracias por vuestro recibimiento, por vuestras oraciones, por vuestro inquebrantable amor al Papa.

3. Nuestro tiempo está marcado por una creciente valoración de la dignidad humana, por la aspiración a una más justa distribución de los bienes materiales y a la instauración de un orden político, social y económico que esté cada vez más al servicio del hombre (Gaudium et spes, 9) Sin embargo, esas aspiraciones no pueden ser satisfechas plenamente al margen de la Ley de Dios y de los principios éticos fundamentales.

Por eso, el proceso de democratización que habéis emprendido y la etapa preelectoral en la que os encontráis deben ir acompañados de una auténtica revitalización de los tradicionales valores morales del pueblo nicaragüense, así como de un compromiso ético por parte de quienes aspiran a las magistraturas del Estado. En este sentido, la historia y la experiencia demuestran que no basta progresar sólo a nivel material: sin verdadero progreso moral no hay progreso humano integral.

4. En medio de las vicisitudes de cada día, como creyentes sabéis que Dios está con vosotros y que contáis con la intercesión de la Virgen María, a la que veneráis especialmente en su misterio de la Inmaculada Concepción. En fidelidad a la herencia recibida de los primeros misioneros que, desde los albores de la evangelización, «fomentaron los tres grandes amores que han caracterizado la fe católica de vuestros pueblos: amor a la Eucaristía, amor a la Madre del Salvador y amor a la Iglesia en la persona del Sucesor de Pedro», (Mensaje con motivo del V centenario de la primera misa celebrada en el Nuevo Mundo, 12 de diciembre de 1993) habéis celebrado el II Congreso Eucarístico-Mariano, que los Obispos me han invitado a clausurar. Este Congreso, bajo el lema «Con el Papa y por María a Jesús Eucaristía», está llamado a dar abundantes frutos que yo mismo quie­ro alentar con mi presencia.

Confiando en la intercesión maternal de la Inmaculada Concepción, de la Purísima, comienzo mi segunda y tan deseada Visita Pastoral a Nicaragua, pidiendo al Señor que os bendiga a todos y os colme con sus gracias.

¡Alabado sea Jesucristo!

 

© Copyright 1996 - Libreria Editrice Vaticana

 

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