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VISITA PASTORAL A GUATEMALA,
NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA

CEREMONIA DE BIENVENIDA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Aeropuerto Internacional «Ilopango» de San Salvador
Jueves 8 de febrero de 1996

 

Señor Presidente,
hermanos en el episcopado,
dignísimas autoridades,
amadísimos hermanos y hermanas:

1. Me llena de gozo poder encontrarme nuevamente en esta hermosa tierra que lleva el nombre del Divino Salvador. Doy gracias a Dios por haberme concedido la feliz oportunidad de volver, después de 13 años, a esta querida Nación del Istmo Centroamericano. Vengo como Sucesor del apóstol Pedro para confirmaros en la fe, fortaleceros en la esperanza y animaros en la caridad. Como Vicario de Cristo, os reitero su mensaje que es un llamado constante a la paz y la reconciliación, al amor y la concordia, a la solidaridad y la justicia.

2. Le agradezco, Señor Presidente de la República, sus amables palabras de bienvenida, llenas de afecto y que traducen los sentimientos que el noble pueblo salvadoreño tiene con la persona del Papa. Saludo al Señor Arzobispo de San Salvador, al Presidente de la Conferencia Episcopal y a los demás Hermanos en el Episcopado que presiden las distintas Iglesias particulares. Doy también las gracias por su presencia aquí a los miembros del Gobierno y a las demás Autoridades. Y me dirijo con mucho afecto a todos los salvadoreños: a quienes estáis presentes en esta ceremonia de mí llegada, a los que encontraré en las diversas celebraciones de las próximas horas, a quienes no podrán participar por diversos motivos y, muy especialmente, a los que han colaborado en la preparación y realización de esta nueva Visita Pastoral.

3. Cuando os visité la primera vez fui testigo del sufrimiento de un pueblo desgarrado por el dolor de una guerra fratricida que sembraba muerte, violencia, divisiones, rencores, viudez y orfandad. Por ello, invité a recorrer el camino del diálogo sincero y constructivo. En estos años he seguido con interés la marcha de las negociaciones, que han tenido su culminación en los históricos Acuerdos de Chapultepec, en México, el 16 de enero de 1992, concluyendo así un proceso iniciado precisamente en la Nunciatura Apostólica de San Salvador, y conducido primero por la Conferencia Episcopal y después por las Naciones Unidas.

4. Siento, pues, una gran alegría al constatar que las armas de las partes enfrentadas han callado definitivamente y que todos están interesados en poner en práctica los Acuerdos alcanzados. Por eso he venido nuevamente entre vosotros, para proclamar una vez más a Jesucristo que, por ser el único camino de la paz, llama a todos a una sincera conversión; he vuelto para confirmar la obra de mis Hermanos, los Obispos de El Salvador, en la promoción de la reconciliación nacional y hacer que llegue a cada una de vuestras ciudades, pueblos, cantones y aldeas el saludo del Señor Resucitado: «La paz esté con vosotros».

Quiera Dios que la querida familia salvadoreña, probada por tantas formas de violencia en el pasado, encuentre el clima sereno para avanzar por las sendas del progreso y del bienestar, y que los niños y los jóvenes, que han crecido en los últimos años bajo un clima de miedo y temor, puedan disfrutar de un futuro de auténtica paz.

Con la confianza puesta en Dios y bajo la protección de su Santísima Madre, que aquí es venerada como Reina de la Paz, comienzo mi segunda Visita Pastoral a El Salvador bendiciéndoos de todo corazón

© Copyright 1996 - Libreria Editrice Vaticana

 

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