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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
AL SEÑOR LUIS MARÍA RAMÍREZ BOETTNER,
NUEVO EMBAJADOR DEL PARAGUAY ANTE LA SANTA SEDE*
Lunes 8 de julio de 1996
Señor Embajador:
Con sumo gusto le doy mi más cordial bienvenida en este acto en
el que me presenta las Cartas Credenciales como Embajador Extraordinario y
Plenipotenciario de la República del Paraguay ante la Santa Sede. Correspondo
también con sincero agradecimiento, al afectuoso saludo que el Señor Presidente
de la República, Ingeniero Juan Carlos Wasmosy, me hace llegar por medio de
Usted, y le ruego que transmita a él y a su distinguida familia mis mejores
augurios y la seguridad de mis oraciones, así como mis votos de prosperidad y de
bien espiritual para todos los habitantes de la querida tierra paraguaya.
2. Recuerdo hoy con satisfacción la visita que el Presidente
Wasmosy quiso hacerme en febrero del año pasado, en cuyo séquito participaba
Usted mismo, Fue una ocasión propicia para reafirmar las buenas relaciones entre
el Paraguay y la Santa Sede, a la vez que evidenció las profundas raíces
cristianas de este pueblo. Asimismo, es alentador observar que la transición
pacífica hacia un nuevo ordenamiento constitucional va llevando progresivamente
a la consolidación del Estado de derecho. Esto requiere ciertamente fortalecer
las instituciones y estimular la confianza de los ciudadanos hacia ellas para
una activa colaboración de todos al bien común.
3. En el Paraguay, el camino hacia una democracia estable, que
asegure la promoción armónica de los derechos humanos en favor de todos, está
condicionado, como en otras áreas del continente americano, por desajustes
económicos y graves crisis sociales. Esto afecta especialmente a las personas
con escasos recursos materiales.
No se debe olvidar que los desequilibrios económicos, aludidos
por Usted, están agravados por la progresiva quiebra y pérdida de los valores
morales. Entre sus efectos están la corrupción, la desintegración familiar, el
permisivismo en las costumbres y el poco respecto por la vida, aspectos tratados
en el documento del episcopado paraguayo «El saneamiento moral de la nación»,
Ante ello es urgente considerar entre los objetivos prioritarios la recuperación
de los mencionados valores morales mediante unas medidas políticas y sociales
que promuevan la ética profesional, el total respeto e independencia de la
justicia, a fin de ganar la confianza de los ciudadanos defendiendo sus derechos
pero, al mismo tiempo, haciéndoles ver su responsabilidad en el cumplimiento de
sus deberes.
4. En sus palabras, Señor Embajador, ha recordado mi Visita
pastoral al Paraguay en 1988. En ella tuve el gozo de percibir cómo, desde los
comienzos de la evangelización del continente americano, la fe cristiana arraigó
en su tierra e informó incluso la vida pública. En su organización destaca la
forma particular establecida por los jesuitas en las llamadas
«Reducciones», estructura religiosa y social en la cual se distinguió san Roque
González de Santa Cruz, el primer santo paraguayo, que tuve la dicha de
canonizar durante la mencionada visita a su nación.
Este patrimonio inicial de la fe, con las diversas expresiones
de religiosidad popular a través de los siglos, es el que los Obispos, junto con
el propio presbiterio y las diferentes comunidades religiosas presentes en el
Paraguay, quieren preservar y acrecentar a través de la nueva Evangelización,
5. Usted se ha referido también al tema de la familia como
unidad básica y esencial para el desarrollo humano. A este respecto, es conocida
la defensa y promoción que la Santa Sede hace de la familia, por considerarla
lugar privilegiado de la acción evangelizadora, como hice notar a los Obispos
paraguayos en su última visita a Roma. Por eso las diversas instancias públicas
tienen la responsabilidad de intervenir en favor de la familia, y por lo que se
refiere a la orientación de la demografía de la población nunca deben recurrir a
métodos que no respeten la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales,
como sucede cuando se fomentan políticas que favorecen la anticoncepción, la
esterilización o el aborto.
En este punto es ineludible dedicar especial cuidado a la
educación en los verdaderos valores morales y del espíritu, promoviendo una
auténtica política cultural que consolide y difunda estos valores fundamentales
en una sociedad verdaderamente humana y que, como la suya, está enraizada en la
fe y en los principios cristianos.
En este sentido se hace necesario potenciar el respeto a la
verdad, el decidido empeño por la justicia y la solidaridad, la honestidad, la
capacidad de diálogo y la participación a todos los niveles. Como recuerda
reiteradamente el Magisterio de la Iglesia, se trata de ir promoviendo y
logrando aquellas condiciones de vida que permitan a los individuos y a las
familias, así como a los grupos intermedios y asociativos, su plena realización
y la consecución de sus legítimas aspiraciones.
6. Un País llamado a tomar parte cada vez más activa en el
concierto de las naciones ha de fomentar de modo permanente una mayor y más
adecuada capacitación de sus gentes. A este respecto, es de esperar que la
reforma educativa, ya en vigor, alcance sus objetivos, haciendo posible que la
formación integral de la persona sea patrimonio de todos y prepare a las nuevas
generaciones, a fin de que asuman plenamente sus responsabilidades como
ciudadanos tomando parte activa en la marcha de la Nación.
7. Señor Embajador, soy muy consciente de los momentos cruciales
que vive el Paraguay en tantos aspectos. Acompaño con mucha confianza este
complejo proceso recordando que una democracia se mantiene o cae según sea la
defensa de los valores que encarna y promueve. Asimismo, quiero asegurarle la
colaboración respetuosa y leal entre la Iglesia local y el Estado, deseosa ella
de servir a las grandes causas del hombre como ciudadano e hijo de Dios.
Antes de concluir este acto, deseo formularle, Señor Embajador,
mis mejores votos para que la misión que hoy inicia sea fecunda en frutos
perdurables. Le ruego se haga intérprete de mis sentimientos y esperanzas ante
el Señor Presidente y las demás Autoridades de la República, mientras invoco
abundantes bendiciones del Altísimo sobre Usted, su distinguida familia y sus
colaboradores, así corno sobre todos los hijos de la noble Nación paraguaya, con
la constante y maternal intercesión de la Pura y Limpia Concepción de Caacupé.
*Insegnamenti di Giovanni Paolo II, vol. XIX, 2 p.63-66.
L’Osservatore Romano 8-9.7. 1996 p.7.
L'Osservatore Romano. Edición Semanal en lengua española n.28 p.5 (p.385).
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