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VIAJE APOSTÓLICO A SARAJEVO

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA COMUNIDAD MUSULMANA

Arzobispado de Sarajevo, domingo 13 de abril de 1997

 

Señor Reis-ul-Ulema;
ilustres señores
:

1. Os dirijo mi cordial saludo y os agradezco este encuentro tan importante para mí y que me permite saludarlo a usted, señor Reis-ul-Ulema Mustafá efendija Ceria, a sus más estrechos colaboradores y a todos los musulmanes de Bosnia-Herzegovina.

Como ya sabe usted, la Iglesia mira con estima a los musulmanes que, tal como recuerda el concilio Vaticano II, «adoran al único Dios vivo y subsistente, misericordioso y omnipotente, creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres» (Nostra aetate, 3).

A esta fe en Dios, que acerca a los musulmanes a los creyentes de las religiones monoteístas, se añade la consideración de que la tradición islámica siente un gran respeto por la memoria de Jesús, al que considera un gran profeta, y por María, su Madre virgen.

¡Ojalá que esta cercanía permita cada vez más un entendimiento recíproco a nivel humano y espiritual! ¡Ojalá que impulse un entendimiento fraterno y constructivo también entre las comunidades de diferentes creencias que viven en Bosnia-Herzegovina!

2. Dios es único y, en su justicia, nos pide que vivamos de un modo conforme con su voluntad santa, que nos sintamos hermanos unos de otros y nos comprometamos a trabajar para garantizar la paz en las relaciones humanas, en todos los niveles. Dios ha puesto a todos los seres humanos en la tierra para que realicen una peregrinación de paz, cada uno a partir de la situación en que se encuentra y de su cultura.

También la comunidad islámica de Bosnia-Herzegovina conoce este «destino» querido por Dios, pero, a la vez, conoce el esfuerzo que se requiere para realizarlo, y siente hoy las consecuencias de una guerra que ha producido a todos sufrimiento y dolor.

Ha llegado la hora de reanudar un diálogo sincero de fraternidad, acogiendo y perdonando; ha llegado la hora de superar los odios y las venganzas que aún frenan el restablecimiento de una paz auténtica en Bosnia-Herzegovina.

Dios es misericordioso: todos los creyentes del islam aman y comparten esta afirmación. Precisamente porque Dios es así y quiere la misericordia, cada uno tiene el deber de situarse en la lógica del amor, para alcanzar la meta del verdadero perdón recíproco.

Por eso, Dios pide y ordena a nuestras conciencias la paz, don que nos ofrece por su bondad. Quiere la paz entre las personas y entre las naciones. Esto es lo que Dios pide, porque él mismo manifiesta a cada hombre y a cada mujer su amor juntamente con su perdón que salva.

3. Formulo votos para que las comunidades del islam, religión de la oración, se unan a la invocación que todos los hombres de buena voluntad elevan a Dios omnipotente para implorar, con el mismo anhelo, la paz activa, que permite vivir y colaborar eficazmente en busca del bien común.

Que el Altísimo proteja a cuantos, con sinceridad y comprensión mutua, unen sus fuerzas con generosa dedicación y disponibilidad, para reconstruir los valores morales, comunes a todos los hombres que creen en Dios y aman su voluntad.

Invoco la bendición de Dios omnipotente sobre estas personas buenas, así como sobre todos vosotros aquí presentes.

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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