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VIAJE APOSTÓLICO A SARAJEVO

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE EL ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES
DE BOSNIA-HERZEGOVINA*


Domingo 13 de abril de 1997

 

Señores miembros de la Presidencia de Bosnia-Herzegovina:

1. Os agradezco sinceramente vuestra amable acogida y las cordiales palabras que el presidente de la Presidencia me ha dirigido en nombre de todos. Os dirijo a vosotros y a vuestras familias mi saludo deferente, que extiendo con gusto a las autoridades presentes y a cuantos, de diferentes modos, tienen responsabilidades civiles y militares en la tarea diaria de consolidación de la paz y la convivencia civil en Bosnia-Herzegovina.

Desde hace siglos, Oriente y Occidente se han encontrado y, con frecuencia, enfrentado en esta región. Desde hace mucho tiempo se experimenta aquí la posibilidad de la convivencia entre culturas diversas que, cada una a su modo, han enriquecido con sus valores la región. En Bosnia-Herzegovina conviven los pueblos de los eslavos del sur, unidos por su estirpe, aunque divididos por la historia. En esta ciudad capital, por ejemplo, se elevan hacia el cielo la catedral católica, la catedral ortodoxa, la mezquita musulmana y la sinagoga judía. Estos cuatro edificios no sólo son el lugar donde los creyentes en el único Dios confiesan su fe; constituyen también una advertencia visible para el tipo de sociedad civil que quieren edificar los hombres de esta región: una sociedad de paz, cuyos miembros reconocen a Dios como único Señor y Padre de todos.

Las tensiones, que pueden crearse entre las personas y las etnias como herencia del pasado y consecuencia de la cercanía y de la diversidad, deben encontrar en los valores de la religión motivos de moderación y freno, más aún, de entendimiento con vistas a una cooperación constructiva.

2. He afirmado, y lo repito hoy aquí, que Sarajevo, ciudad-encrucijada de tensiones entre culturas, religiones y pueblos diversos, puede considerarse como la ciudad símbolo de nuestro siglo. Precisamente aquí comenzó, en 1914, la primera guerra mundial; aquí se desencadenó con intensidad la violencia de la segunda guerra mundial; por último, en la etapa final de este siglo, la población ha vivido aquí, en medio de destrucción y muerte, interminables años de miedo y angustia.

Ahora, después de tanto sufrimiento, Bosnia-Herzegovina se ha comprometido, finalmente, a construir la paz. No es una empresa fácil, como se ha comprobado por la experiencia de los meses transcurridos desde el final del conflicto. Sin embargo, con la colaboración de la comunidad internacional, la paz es posible, más aún, la paz es necesaria. En una perspectiva histórica, si Sarajevo y toda Bosnia-Herzegovina consolidan en la paz su orden institucional, podrán ser, al final de este siglo, un ejemplo de convivencia en la diversidad para muchas naciones que experimentan esta dificultad, tanto en Europa como en el mundo.

3. El diálogo, inspirado en la escucha del otro y en el respeto mutuo, es el método al que hay que atenerse rigurosamente en la solución de los problemas que surgen a lo largo del arduo camino. En efecto, el método del diálogo que, a pesar de las resistencias, se va afirmando cada vez más, requiere lealtad, valentía, paciencia y perseverancia en quienes participan en él. El esfuerzo de la confrontación se verá recompensado ampliamente. Se podrán curar lentamente las heridas causadas por la terrible guerra pasada, y se hará espacio a la esperanza concreta de un futuro más digno para todas las poblaciones que conviven en este territorio.

El diálogo deberá desarrollarse en el respeto a la igualdad de derechos, garantizada a cada ciudadano mediante instrumentos legales adecuados, sin preferencias o discriminaciones. Es necesario esforzarse urgentemente por asegurar a todos el trabajo, fuente de recuperación y desarrollo, respetando la dignidad de la persona; y por lograr que los prófugos y los refugiados, de cualquier parte de Bosnia-Herzegovina, puedan gozar del derecho a recuperar las casas que han tenido que abandonar en la tempestad del conflicto.

Hay que atribuir igualdad de derechos a las comunidades étnico-religiosas. Bosnia-Herzegovina es un mosaico de culturas, religiones y etnias que, si se reconocen y tutelan en su diversidad, pueden contribuir con sus respectivos dones a enriquecer el patrimonio unitario de la sociedad civil.

4. Construir una paz auténtica y duradera es una gran tarea confiada al esfuerzo de todos. Ciertamente, mucho depende de los que tienen responsabilidades públicas. Sin embargo, el destino de la paz, aunque en gran parte está confiado a las fórmulas institucionales, que deben elaborarse eficazmente mediante el diálogo sincero y el respeto a la justicia, depende en medida igualmente decisiva de una renovada solidaridad de los corazones. Hay que cultivar esta disposición interior, tanto dentro de los confines de Bosnia-Herzegovina como en las relaciones con los Estados limítrofes y con la comunidad de las naciones. Pero este tipo de disposiciones sólo puede afirmarse si se basa en el perdón. En el trasfondo de tanta sangre y tanto odio, el edificio de la paz, para ser estable, deberá apoyarse en la valentía del perdón. ¡Es necesario saber pedir perdón y perdonar!

Señores presidentes, las consideraciones que os acabo de dirigir, deseo extenderlas también a las demás autoridades de cualquier grado y ámbito, para que se consolide la esperanza de un fortalecimiento constante de la paz arduamente alcanzada, y se haga realidad un futuro cada vez más sereno y positivo para cada habitante de esta amada Bosnia- Herzegovina. ¡Que jamás se extinga la esperanza, incluso en medio de las dificultades, los obstáculos y las resistencias! Dios no abandona a los constructores de paz.

Pido al Señor omnipotente del universo que consuele a todos y afiance en los corazones los propósitos generosos de diálogo sincero, de entendimiento razonable y de compromiso común en favor de la reconstrucción y la paz.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n. 16 p. 7 (p.187).

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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