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XII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

FIESTA DE ACOGIDA EN EL CAMPO DE MARTE

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

París, Francia
Jueves 21 de agosto 1997

 

Jóvenes del mundo entero:

El Obispo de Roma os saluda y os expresa su confianza y la alegría de encontrarse con vosotros. Habéis venido de diferentes países y de todos los continentes. Representáis no solo a la juventud francesa y europea, sino también a la de América del Norte, de América central y del Sur, los Archipiélagos y las Islas del Océano Atlántico, a la juventud de muchos países africanos, las Islas del Océano Indico, a la juventud de Asia, de Australia, del Extremo Oriente y de todos los mares que rodean el continente asiático, a la juventud del Pacífico. ¡Esta es una Jornada de la Juventud realmente mundial! Vosotros sois la esperanza del mundo, aspiráis a una vida cada vez más hermosa, fundada en los valores morales y espirituales que hacen libres y que dirigen nuestros pasos hacia la eternidad.

Continuáis la historia de la Jornada Mundial de la Juventud. Vale la pena recordarla. Por primera vez, se celebró en Roma en 1984. La siguiente tuvo lugar en Buenos Aires (1987). Después nos encontramos en Santiago de Compostela, en España (1989) y, en 1991, en Polonia en Czestochowa. Una jornada esta verdaderamente particular, pues por vez primera participaron jóvenes de la ex-Unión Soviética: rusos, ucranios, bielorrusos, lituanos, letones, estones, representantes del Kazakhistan y de otras repúblicas de Asia central y cristianos del Cáucaso. La dimensión mundial de la Jornada de la Juventud adquirió entonces una nueva amplitud. En 1993 nos volvimos a encontrar en Denver, en los Estados Unidos y después en Manila, en las Filipinas en 1995, con la más grande participación, facilitada por la cercanía de grandes metrópolis. El encuentro actual tiene lugar en París. Dirijo mi más cordial agradecimiento al Cardenal Jean-Marie Lustiger, a Monseñor Michel Dubost y a los organizadores de este encuentro, en especial a los jóvenes de las diferentes diócesis francesas que han preparado la venida de sus compañeros. Agradezco asimismo a Mons. Luis-Marie Billè, Presidente de la Conferencia de Obispos de Francia por su acogida y a los Obispos franceses por la hospitalidad que sus diócesis han dispensado a sus huéspedes del mundo entero.

Dirijo un deferente saludo a las personalidades que representan a las otras Iglesias cristianas y Comunidades eclesiales, así como a las que representan a las comunidades judías y musulmanas; les agradezco cordialmente que han querido unirse a esta reunión festiva de la juventud católica.

Gracias a los jóvenes representantes filipino y francés que os invitan a formar la gran cadena de la fe, de la solidaridad, de la amistad y de la paz entre los países del mundo entero.

Sois los continuadores de aquellos jóvenes que, llevando ramos de olivo, iban delante del Cristo que entraba en Jerusalén. Ellos aclamaban a Cristo. Hoy, jóvenes de todos los continentes, reconocéis a Cristo, que nos une en un gozoso intercambio y una fuerte solidaridad, caminando juntos hacia la bienaventuranza que nos ofrece. Habéis elegido el arco iris como signo de vuestra diversidad de origen y cultura; con él expresáis vuestra acción de gracias por las alianzas de Dios con la creación hasta la alianza definitiva, sellada con la sangre del Salvador.

 * * *

Saludos a los jóvenes en diversas lenguas

Después de haber acogido a los representantes de los diferentes países, dirijo un cordial saludo a las delegaciones de los Movimientos, Asociaciones y Comunidades internacionales.

Inglés

Un saludo especial a los jóvenes de lengua inglesa de todo el mundo. El Papa se alegra de encontrarse con vosotros, que habéis venido en tan gran número a París, para la Jornada mundial de la juventud. Cristo nos ha reunido. Este es el tema de nuestras reflexiones durante estos días; él está en el centro de nuestra oración; es la fuente del vínculo espiritual que nos une en su Iglesia, un vínculo que, quizá, percibimos más intensamente cuando miramos a nuestro alrededor y vemos a tantos jóvenes cuyos corazones vibran con el mensaje del evangelio de esperanza, el evangelio de vida.

«Maestro, ¿dónde vives? Les respondió: “Venid y lo veréis” (...). Y se quedaron con él aquel día» (Jn 1, 38-39). Este es el reto que la Jornada mundial de la juventud lanza a los jóvenes de Europa, de África, de Asia, de Oceanía y de América. Que este gran acontecimiento os ayude a conocer mejor a Jesús y amarlo más. Así seréis sus apóstoles en el mundo, en la aurora del próximo milenio. ¡Dios os bendiga a todos!

Español

Os saludo, queridos jóvenes de España y América Latina. Gracias por vuestra generosa respuesta a la invitación a venir a París. Lleváis mucho tiempo preparando esta Jornada y habéis llegado hasta aquí después de una peregrinación a veces dura y exigente, pero vivida con la alegría que os caracteriza. Abrid vuestros corazones a Cristo y compartid con los demás jóvenes del mundo el tesoro de vuestra fe y los mejores valores de vuestras culturas.

Italiano

Queridos amigos italianos, os doy una cordial bienvenida. Habéis venido a este encuentro mundial de la juventud guiados por la pregunta: «Maestro, ¿dónde vives?». Jesús responde: «Venid y lo veréis ». Aceptad su invitación: él os muestra el rostro de Dios, el rostro que todo hombre busca apasionadamente a lo largo de su existencia, a veces incluso sin darse cuenta. Experimentadlo personalmente y sed sus testigos con cuantos encontréis en vuestro camino.

Alemán

Os saludo cordialmente, queridos jóvenes de lengua alemana. Vuestra presencia muestra que queréis dar testimonio de vuestra fe en Jesucristo. Que estos días de oración y de encuentro con los jóvenes de todo el mundo sean para vosotros fuente de energía, a fin de seguir orientando vuestro camino de vida hacia Cristo.

Portugués

Queridos jóvenes de los diversos países de lengua portuguesa, con gran alegría os doy la bienvenida. ¡Muchas gracias por estar aquí! Pido a María santísima que os obtenga el don de acoger con prontitud la invitación de Cristo a conocer su morada y permanecer siempre con él, para anunciar su evangelio de esperanza a todo el mundo.

Polaco

Saludo a mis jóvenes compatriotas, que han venido de Polonia y de otros países, con algunos sacerdotes. Os acojo cordialmente a cada uno de vosotros. Me acuerdo de los recientes encuentros que hemos tenido en nuestra tierra natal, y me alegra que podamos estar nuevamente juntos, aquí en París. En Polonia profesamos nuestra fe común en Cristo Jesús, que es «el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8). Hoy, con los jóvenes de todo el mundo, vamos al encuentro de Cristo para preguntarle, como Juan y Andrés: «Maestro, ¿dónde vives?» (Jn 1, 38), y para escuchar, como ellos, su respuesta: «Venid y lo veréis» (Jn 1, 39). Entre estos acontecimientos existe un nexo extraordinario, pues encierran el programa esencial de la vida cristiana: encuentro, pregunta, respuesta, llamada.

Durante estos días, de manera especial, pediré a Dios que, con el poder de su Espíritu, reavive constantemente en vosotros el deseo de encontraros con Cristo y que os dé la valentía de preguntarle: «¿dónde vives?»; le pediré que, cuando oigáis su respuesta, no dudéis en seguirlo a donde os guíe.

Que la bendición de Dios os acompañe a vosotros y a los jóvenes de vuestra edad que no han podido venir aquí.

¡Que Dios os bendiga!

Ruso

Queridos jóvenes de lengua rusa, tenéis grandes riquezas espirituales para compartir con vuestros compañeros. Que esta Jornada mundial sea también para vosotros una invitación a acoger a Cristo y convertiros cada vez más en sus discípulos.

Rumano

Queridos amigos de Rumanía, vuestras tradiciones culturales y espirituales son muy valiosas para toda la Iglesia. El Señor os invita a reavivar la gracia de vuestro bautismo, para ser testigos de su amor en medio de vuestros hermanos.

Húngaro

Os saludo cordialmente, queridos jóvenes de Hungría. En el momento de vuestro bautismo, os habéis revestido de Cristo. Sois los testigos de la buena nueva del Señor en vuestro país.

Árabe

Queridos jóvenes, Cristo os llama a seguirlo para encontrar la felicidad y construir con vuestros hermanos una sociedad de justicia y de paz.

Tagalo

Saludo a todos los jóvenes de Filipinas, que han tenido la gracia de albergar la anterior Jornada mundial. Proseguid vuestro camino en el seguimiento del Señor, felices de ser sus discípulos y sus testigos todos los días de vuestra vida.

Suahili

Jóvenes del continente africano, os saludo cordialmente. Poned al servicio de todos vuestros hermanos vuestro dinamismo y vuestra alegría de vivir, para continuar construyendo la Iglesia-familia y hacer progresar toda la sociedad.

Chino

Queridos jóvenes de China, ¡bienvenidos! Que la oración de todos os dé la fuerza para ser discípulos de Cristo y constructores de paz.

Queridos jóvenes, Cristo es nuestra esperanza, es nuestra alegría. Durante los días siguientes, abrid vuestro corazón y vuestra mente a Cristo. Formáis parte de la Iglesia que os quiere revelar el camino de la salvación y la vía de la felicidad. Os invito a dejaros guiar por el Señor y a caminar con él. A lo largo de esta semana os deseo unos días de gracia y de paz.


Al final del encuentro, el Papa se despidió de los jóvenes con las siguientes palabras:

Ahora sabemos por qué el ingeniero Eiffel construyó esta torre: para tener aquí, alrededor de esta torre, un gran encuentro de la juventud, la Jornada mundial, que acabamos de inaugurar y que proseguiremos mañana, pasado mañana y hasta el domingo. Una sugerencia para esta noche: dormid bien.

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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