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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS EMBAJADORES DE
BENÍN, ERITREA, NORUEGA, SRI LANKA Y TOGO ANTE LA SANTA SEDE*
Sala Clementina Jueves 18 de diciembre de 1997
Excelencias:
1. Me agrada daros la bienvenida a
la ciudad eterna, con ocasión de la presentación de las cartas que os acreditan
como embajadores extraordinarios y plenipotenciarios ante la Santa Sede de
vuestros respectivos países: Benin, Eritrea, Noruega, Sri Lanka y Togo. En esta
circunstancia, renuevo con gusto la expresión de mi estima y amistad a las
autoridades de vuestras naciones y a todos vuestros compatriotas. Os agradezco
los cordiales mensajes que me habéis transmitido de parte de vuestros jefes de
Estado, y os ruego que les expreséis mi saludo deferente y mis mejores deseos
para ellos y para su importante misión al servicio de sus compatriotas.
2. Para responder a las esperanzas
y a las aspiraciones legítimas de los pueblos a la paz y al bienestar material y
espiritual, conviene recordar la importancia del diálogo en el seno de las
comunidades nacionales y entre los países, diálogo que es el camino de la razón
y un aspecto esencial de la vida diplomática. Con este espíritu, es preciso
sostener a las naciones que aún deben desarrollar su vida democrática, para
permitir la participación de un número mayor de personas en la vida pública. Así
mismo, invito a quienes desempeñan un papel en el concierto de las naciones a
hacer todo lo posible para favorecer la comunicación entre los pueblos y para
invitar a los responsables de la vida política y económica a proseguir por la
senda de la cooperación internacional. Como la historia ha demostrado
frecuentemente, es evidente que la violencia o la fuerza no resuelven jamás, a
largo plazo, las situaciones de conflicto. Al contrario, refuerzan todo tipo de
particularismos.
3. Al término de la Asamblea
especial para América del Sínodo de los obispos, que acaba de celebrarse en
Roma, los pastores se han hecho eco muchas veces de la voz de los pobres; junto
con ellos, no puedo menos de exhortar a un compromiso renovado de la comunidad
internacional en favor de los países que aún deben luchar de manera más intensa
contra la pobreza, fuente de numerosos males para las personas y los pueblos, en
particular de los flagelos de la droga y de la delincuencia en todas sus formas.
Al aproximarse el tercer milenio, es de desear también una toma de conciencia
más fuerte en favor del respeto a toda persona, especialmente a los niños, que
no siempre tienen la posibilidad de recibir la educación a que tienen derecho,
que son objeto de múltiples formas de explotación y que se ven obligados a
trabajar, a veces en condiciones degradantes. Estoy seguro de que, como
diplomáticos, sois particularmente sensibles ante estos aspectos de la vida
social.
4. Al comenzar vuestra misión, que
os permitirá conocer más la vida y la acción de la Sede apostólica, os expreso
mis mejores deseos e invoco la abundancia de las bendiciones divinas sobre
vosotros, así como sobre vuestras familias, sobre vuestros colaboradores y sobre
las naciones que representáis.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.52 p.10 (p.690).
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