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MENSAJE DE JUAN PABLO II
AL PUEBLO CUBANO

 

Queridos Hermanos en el Episcopado,
estimados sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles,
queridos cubanos:

1. "Les traigo una buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: les ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor" (Lc 2, 10-11).

La fiesta de Navidad, que vamos a vivir dentro de pocos días, es una solemnidad intensamente sentida por todos los cristianos y de la que participan también hombres y mujeres de buena voluntad en todo el mundo. En ella se celebra el más grande acontecimiento de la historia: Dios se ha hecho hombre. Ante ese gran día, y en la proximidad de mi Viaje apostólico a Cuba, donde llegaré como mensajero de la verdad y de la esperanza, deseo enviar a todos los hijos e hijas de esa Nación mi cordial saludo, renovándoles mi profundo afecto en Cristo.

Es motivo de gran alegría que en su País este luminoso día haya vuelto a ser festivo también en el ámbito civil, dando así a todos la posibilidad de participar activamente en las celebraciones navideñas y recuperándose de ese modo una tradición muy arraigada en el corazón de los cubanos.

La Navidad, al ser la fiesta del misterio de Dios que nos ama hasta el punto de venir al mundo y compartir nuestra peregrinación terrena, es fiesta de todos los hombres, llamados a participar de la vida divina. Se conmemora un gran misterio: "La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros" (Jn 1, 14) y "dio poder de hacerse hijos de Dios a todos los que la recibieron" (Jn 1, 12). En la sencillez y la humildad de Belén se manifestó el cambio más radical y profundo que ha conocido la humanidad, por lo que el tiempo de los hombres comenzó a contarse de nuevo en nuestra era a partir del Nacimiento de Jesús.

2. Desde el momento de la Encarnación del Hijo de Dios el hombre ya no está solo, porque Dios está con nosotros compartiendo los gozos y las penas. Él es el "Emmanuel" anunciado desde antiguo (Mt 1, 23). La Navidad es uno de los momentos más bellos y entrañables del año, en el que se manifiestan los más nobles sentimientos que anidan en el corazón humano, creando ese ambiente de alegría y serenidad, de bondad y solidaridad, que es tradicional de estas fechas.

La fiesta de Navidad, con sus múltiples expresiones llenas de sentido cristiano y de sabor popular, es parte del patrimonio cultural y religioso de Cuba. En esta fecha, la Misa de Medianoche y los "nacimientos", con su particular encanto, volverán a reunir en torno a la figura del Niño Jesús, a familias enteras, alegres de acoger la luz y la paz que bajan del cielo y quieren iluminar el porvenir de todo un pueblo.

Quisiera que todos los cubanos pudieran vivir este día tan entrañable animados por la esperanza, pues sin ella se apaga el entusiasmo, decae la creatividad y mengua la aspiración hacia los más altos y nobles valores.

3. Queridos cubanos: al acercarse el momento de besar su tierra, mi llamado se dirige a todos, sin distinción de credo, ideología, raza, opinión política o situación económica. Quisiera que mi palabra llegase tanto a los que tienen la grave responsabilidad de dirigir los destinos de la Nación como a los ciudadanos más sencillos, deseándoles a cada uno prosperidad, felicidad y paz.

En esta Navidad del Señor de 1997 deseo animarles a la esperanza, viviendo en la verdad de Cristo, y con el Apóstol Pablo les digo: "El que es de Cristo es una criatura nueva; lo antiguo ha pasado y lo nuevo ha comenzado... Nos presentamos, pues, como mensajeros de parte de Cristo, como si Dios mismo les rogara por nuestra boca. Déjense reconciliar con Dios... no hagan inútil la gracia de Dios que han recibido... Este es el momento favorable, este es el día de la salvación" (2Cor 5, 17 - 6, 2)

Los católicos cubanos saben bien que iré para confirmarles en la fe, esa fe que a veces ha sido tan probada, y para proclamar juntos, como san Pedro ante Jesús: "Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). Deseo recorrer caminos de paz por diversas diócesis de Cuba, llegando hasta el corazón mismo de la Nación, a los pies de su Reina, Madre y Patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre. Sobre su excelsa frente colocaré la corona que sus hijos le ofrecen, la corona de oro purificado en el crisol de los años de la fe mantenida y con las perlas preciosas de las buenas obras de sus hijos.

Se acerca el momento en el que, con el favor de Dios, me encontraré con Ustedes en su tierra para alabar y bendecir juntos a Dios y proclamar su Palabra de vida que invita a cada uno a abrir de par en par las puertas de su corazón a Cristo, el Señor.

Espero que después de mi visita, la Iglesia, que habrá podido dar público testimonio de su fe en Cristo y de su dedicación a la causa del hombre en torno al Sucesor del Apóstol Pedro, pueda seguir disponiendo, cada vez más, de la libertad necesaria para su misión y de los espacios adecuados para llevarla a cabo plenamente y seguir prestando así su servicio al pueblo cubano.

4. A todos los cubanos les deseo una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo, poniendo en el portal de Belén, ante los ojos de Jesucristo, el Salvador de los hombres, las esperanzas legítimas que ha suscitado mi peregrinación a su Isla, seguro de que Dios, que ha comenzado esta obra, la llevará Él mismo a su término.

En espera de impartirles personalmente la Bendición Apostólica en las celebraciones que nos disponemos a vivir próximamente, invoco del Señor toda clase de dones sobre los hijos e hijas de esa amada Nación y de nuevo les confío a la materna intercesión de la Virgen de la Caridad del Cobre, Reina y Patrona de Cuba.

Vaticano, 20 de diciembre de 1997

IOANNES PAULUS PP. II

 

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