The Holy See
back up
Search
riga

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS FORMADORES Y ALUMNOS
DEL COLEGIO SAN PEDRO APÓSTOL


Sábado 14 de junio de 1997

 

Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio:

1. Me alegra acogeros con ocasión del 50 aniversario de la fundación del Colegio pontificio San Pedro Apóstol, que se celebró el pasado 22 de febrero, fiesta de la Cátedra de San Pedro.

Dirijo un saludo particular a los señores cardenales Bernardin Gantin y Francis Arinze, que fueron alumnos del Colegio. Saludo, asimismo, al cardenal Jozef Tomko, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, de la que depende el Colegio. Saludo igualmente al rector, padre Manfred Müller, y a través de él deseo expresar mi profundo agradecimiento a todos los padres y hermanos verbitas, que durante estos decenios han colaborado en la gestión del instituto; doy también las gracias a las religiosas por su valiosa contribución.

2. A principios de la década de 1940, monseñor Celso Costantini, presidente de la Obra pontificia de San Pedro Apóstol, promovió la construcción de un colegio urbano para los sacerdotes procedentes de los países de misión, enviados a Roma para perfeccionar sus estudios eclesiásticos. La sagrada Congregación «de Propaganda Fide » erigió canónicamente el nuevo instituto el 18 de enero de 1947. Al año siguiente, en la víspera de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa Pío XII, precisamente con ocasión de la inauguración del Colegio, dirigió a los sacerdotes indígenas de todos los territorios de misión una exhortación apostólica especial. Tres años más tarde, en la encíclica Evangelii praecones, hablando del desarrollo del apostolado misionero, mi venerado predecesor también mencionó el «Colegio petrino del Janículo», «en el que los sacerdotes indígenas —escribía— se forman de modo más profundo y más adecuado en las disciplinas sagradas, en la virtud y en el apostolado» (Pío XII, encíclica Evangelii praecones, sobre el desarrollo del apostolado misionero, 2 de junio de 1951, AAS XLIII [1951], 500).

3. Queridos hermanos, no pude ir al Colegio a reunirme con vosotros, como deseaba vivamente y como hizo el Papa Pablo VI con ocasión del 25̊ aniversario de su fundación, cuando celebró allí una memorable misa de Pentecostés. En esa circunstancia singular, dirigió a los estudiantes las siguientes palabras: «En vosotros, hermanos e hijos carísimos, candidatos al ministerio misionero, vemos la representación del coro de los pueblos, en realidad y en promesa, que al unísono y cada uno con su propia voz anuncia la salvación en Cristo Señor» (L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 28 de mayo de 1982, p. 10). En el clima de Pentecostés, el Colegio San Pedro Apóstol se presentaba en la plenitud de su vocación «católica »: «casa llena de caridad y de verdad, construida precisamente para el anuncio de nuestra fe al mundo entero (...); una fe actual y viva, única y universal, dinámica y apostólica» (ib.).

4. Hoy, contemplando estos cincuenta años que constituyen la segunda mitad del siglo XX, nos viene espontáneamente este pensamiento: ¡cuántos cambios en el mundo y en la Iglesia! Al mismo tiempo, en el umbral del tercer milenio, mientras la humanidad tiene más necesidad que nunca de verdad, justicia y esperanza, la Iglesia renueva su mensaje perenne: «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8). Por eso son más válidas y actuales que nunca las motivaciones que impulsaron a crear este Instituto. Hoy se presenta como valioso instrumento al servicio de la nueva evangelización, de la Redemptoris missio que, «confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse», es más, «se halla todavía en los comienzos», y pide «comprometernos con todas nuestras energías en su servicio» (Redemptoris missio, 1).

Para responder de modo fiel y adecuado al mandato de Cristo, los ministros del Evangelio necesitan ambientes adecuados para su formación, del mismo modo que el cenáculo fue indispensable para el grupo de los Doce. El Colegio San Pedro Apóstol es un auténtico cenáculo de formación apostólica, donde los sacerdotes de todo el mundo se dedican a fondo a la oración, al estudio y a la vida fraterna, para que su ministerio se conforme plenamente con las exigencias de la misión de la Iglesia y el Evangelio siga su recorrido hasta los últimos confines de la tierra.

Amadísimos hermanos, al miraros hoy a vosotros, este es mi pensamiento y mi deseo. Esta es mi oración, por intercesión de la Reina y del Príncipe de los Apóstoles. Y mientras encomiendo al Señor a los casi dos mil sacerdotes que durante estos cincuenta años se han formado en el ambiente acogedor del Colegio San Pedro Apóstol, os imparto de corazón mi bendición apostólica a vosotros, formadores y estudiantes de hoy, y a todos los presentes

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

top