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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE PEREGRINOS CROATAS DE  MOSTAR


Viernes 27 de junio de 1997

 

Venerado hermano en el episcopado;
queridos hermanos y hermanas:

1. Vuestra presencia me hace revivir la inolvidable visita pastoral a Sarajevo, que realicé el pasado mes de abril. Doy gracias, una vez más, a la divina Providencia, que me permitió ir a esa amada ciudad para confirmar en la fe a numerosos hermanos y hermanas, y manifestar la solidaridad de la Iglesia católica a esas poblaciones tan duramente probadas por la triste experiencia de un largo conflicto. En Sarajevo traté de sembrar esperanza, exhortando a los habitantes de la región a construir juntos un futuro de paz, basado en el respeto a los derechos y deberes, y en la realización de las legítimas expectativas de cada persona y de todo pueblo.

Hoy expreso mi gratitud también a cada uno de vosotros por vuestro compromiso generoso que tanto contribuyó al éxito de mi visita. Colaborasteis, sin ahorrar energías, en la preparación del acontecimiento, favoreciendo la participación en él de vuestras dos diócesis de Herzegovina, la de Mostar-Duvno y la de Trebinja-Mrkan. De ese modo, quisisteis manifestar vuestra adhesión a la Iglesia, vuestro apoyo a los católicos croatas de las otras dos diócesis de Bosnia- Herzegovina y vuestro vivo deseo de paz en la justicia.

2. Me alegra, además, veros reunidos aquí, como fieles laicos, en torno a vuestro obispo, siempre dispuestos a colaborar con él, como representante visible de Cristo, buen pastor y cabeza de la Iglesia. En efecto, la tradición ininterrumpida de la Iglesia enseña que, «por institución divina, los obispos han sucedido a los Apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió» (Lumen gentium, 20). Por tanto, permaneciendo en comunión con vuestro obispo, tenéis ante vosotros vastos campos para vuestro compromiso laical, dentro y fuera de la comunidad eclesial, a fin de promover el bien común e imprimir un carácter evangélico en la vida y en la actividad del hombre.

Vuestra acción apostólica recibe un estímulo particular no sólo de vuestros sacerdotes, siempre en sintonía con el obispo, sino también de la perspectiva del gran jubileo del año 2000. Para vosotros los años de preparación a ese acontecimiento histórico se han de caracterizar también por el esfuerzo de reconstrucción, material y espiritual, de vuestra tierra desde la destrucción causada por la guerra, recientemente terminada, y por la dictadura comunista de los últimos cinco decenios. Es una tarea que requiere gran generosidad y espíritu de sacrificio. Sabed que el Papa está junto a vosotros en vuestro empeño diario, y que os acompaña con su oración y su bendición.

¡Alabados sean Jesús y María!

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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