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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE GITANOS DE ALSACIA


Viernes 21 de marzo de 1997

 

Queridos hermanos y hermanas,
peregrinos de Alsacia:

1. Me alegra acogeros durante la peregrinación que realizáis a las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo. Os saludo muy cordialmente, así como a monseñor Charles Amarin Brand, arzobispo de Estrasburgo, y a los representantes del Consejo pontificio para la pastoral de los emigrantes e itinerantes, que os acompañan.

Estamos en la víspera de la gran semana de la pasión del Señor. Su muerte en la cruz manifiesta claramente el amor que Dios nos tiene. El sacrificio de Jesús por todos los hombres confiere a cada uno la dignidad de persona amada por Dios. Todo ser humano debe ser considerado, amado y servido, porque es hermano de Cristo. Cuando se ignora esta relación con el Salvador, se abre el camino a las humillaciones o al desprecio, que se trata de legitimar mediante discriminaciones injustas.

 2. Conozco vuestra adhesión a la fe, a la Iglesia católica y al Papa. Renovad incesantemente vuestra vida de creyentes, acudiendo a las fuentes de la palabra de Dios y permaneciendo fieles a la oración comunitaria y personal. Como ya dije al recibir a los participantes en un encuentro para la pastoral entre los gitanos, el 8 de junio de 1995, «hace falta una nueva evangelización dirigida a cada uno de sus miembros como a una porción amada del pueblo de Dios peregrinante » (Discurso a los participantes en el IV Congreso internacional de la pastoral para los gitanos, n. 4: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 23 de junio de 1995, p. 8); este esfuerzo os ayudará a superar las tentaciones, que hoy son fuertes: aislarse en sí mismo, buscar refugio en las sectas o dilapidar el propio patrimonio religioso para caer en un materialismo que impide reconocer la presencia divina.

3. Vuestra visita me brinda la ocasión de recordar que, el próximo 4 de mayo, en Roma, tendré la alegría de proclamar beato a Ceferino Jiménez Malla, gitano admirable por la seriedad y sabiduría de su vida de hombre y de cristiano. Su existencia se realizó plenamente, porque la vivió santamente en la fidelidad a Dios y de acuerdo con el estilo de vida propio de los gitanos. Murió mártir de la fe, apretando contra su pecho el rosario que rezaba todos los días con tierna devoción filial a María. Es un hermoso ejemplo de fidelidad a la fe para todos los cristianos, y especialmente para vosotros que estáis cercanos a él por vuestros vínculos étnicos y culturales.

A ejemplo de Ceferino Jiménez Malla, seguramente hay entre vosotros personas capaces de promover la actividad pastoral en vuestra comunidad cristiana de gente nómada. En la Iglesia particular, las ordenaciones al diaconado y a otros ministerios de hombres de vuestro pueblo son hechos positivos, que conviene proseguir.

4. Este encuentro me permite expresaros mis mejores deseos de santas fiestas pascuales, en las que vamos a celebrar el acontecimiento central de la historia de la salvación, fundamento de la esperanza cristiana. Por el bautismo, sacramento de la regeneración espiritual, participáis en la muerte y resurrección de Jesús; se os da una vida nueva. La Pascua es el tiempo de la renovación de las promesas del bautismo: hacedla con convicción y confianza en el amor del Señor. Él os dará fuerza y valentía para afrontar las dificultades que encontréis en vuestro camino.

Invocando a la santísima Virgen María y a los santos que más veneráis, os imparto la bendición apostólica a vosotros, a vuestras familias y a vuestras comunidades.

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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