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VIAJE APOSTÓLICO A RÍO DE JANEIRO

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE LA CEREMONIA DE DESPEDIDA

Base aérea de Galeão, 5 de octubre de 1997

    

Señor vicepresidente:

Al dejar esta tierra bendita de Brasil, mi alma eleva un himno de acción de gracias al Altísimo, que me ha permitido vivir aquí horas intensas e inolvidables, con la mirada fija en el Cristo redentor que domina la bahía de Guanabara, y con la certeza de la protección maternal de Nuestra Señora de la Peña, que protege a esta amada ciudad desde su santuario situado no lejos de aquí.

En mi memoria quedarán grabadas para siempre las manifestaciones de entusiasmo y de profunda piedad de este pueblo generoso de la Tierra de la Santa Cruz que, junto a la muchedumbre de peregrinos procedentes de los cuatro puntos cardinales, ha sabido ofrecer una notable manifestación de fe en Cristo y de amor al Sucesor de Pedro. Pido a Dios que proteja y bendiga a todas las naciones del mundo, con abundantes gracias de consuelo espiritual, y ayude a que se consoliden las iniciativas, que todos esperan, para el bien común de la gran familia humana y de todos los pueblos que la compone.

Mi saludo final, lleno de gratitud, va al señor presidente de la República, al Gobierno de la nación y del Estado de Río de Janeiro, y a todas las demás autoridades brasileñas que tantas pruebas de delicadeza me han querido dispensar en estos días.

También expreso mi agradecimiento a los miembros del Cuerpo diplomático, cuya diligente actuación ha facilitado enormemente la participación de sus respectivas naciones en estos días de reflexión, oración y compromiso en favor de la familia.

Dirijo un pensamiento particular de estima fraterna, con profunda gratitud, a los señores cardenales, a mis hermanos en el episcopado, a los sacerdotes y a los diáconos, a los religiosos y a las religiosas, así como a los organizadores del Congreso. Todos han contribuido a realzar estas jornadas del II Encuentro mundial con las familias, colmando a cuantos han tomado parte en él de consuelo y esperanza —gaudium et spes— en la familia cristiana y en su misión dentro de la sociedad. Tened la seguridad de que os llevo a todos en mi corazón, de donde brota la bendición que os imparto y que extiendo a todos los pueblos de América Latina y del mundo.

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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