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DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A UN GRUPO DE FIELES POLACOS


Jueves 16 de octubre de 1997

 

Amadísimos hermanos:

1. Me alegra que los oyentes de Radio María hayan venido en peregrinación a la ciudad eterna, para visitar las tumbas de los Apóstoles y para encontrarse con el Papa, esta vez en el aniversario de su elección a la sede de san Pedro. Os saludo cordialmente. Saludo también a monseñor Andrzej Suski que, como representante de la Conferencia episcopal polaca, os acompaña en esta peregrinación. En el territorio de su diócesis, en Torun, tiene su sede la Redacción de Radio María. Su presencia aquí manifiesta la solicitud del Episcopado por los medios de comunicación social en Polonia.

Saludo al padre director de Radio María y a sus colaboradores. Os agradezco el esfuerzo de esta peregrinación y este encuentro, vuestras oraciones y, de manera especial, los dones espirituales, que son una ayuda eficaz para el Papa en su ministerio petrino. Doy gracias, en particular, a nuestras hermanas y hermanos que ofrecen sus sufrimientos por la Iglesia. ¡Que Dios se lo pague! Os pido que transmitáis mi agradecimiento a los que no han podido venir hoy a la plaza de San Pedro: saludad a vuestras familias, a vuestros seres queridos, en particular a los enfermos y a los ancianos. Saludad a todos los oyentes de Radio María en Polonia y en el extranjero.

2. El concilio ecuménico Vaticano II, en el decreto Inter mirifica sobre los medios de comunicación social, enseña: «La Iglesia católica, fundada por Cristo el Señor para llevar la salvación a todos los hombres y, en consecuencia, urgida por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión predicar el mensaje de salvación, con la ayuda, también, de los medios de comunicación social, y enseñar a los hombres su recto uso» (n. 3).

La Iglesia no tiene miedo de los medios de comunicación social; al contrario, los necesita para su misión salvífica, es decir, para la evangelización. Y ¿qué es la evangelización? Es anunciar a la humanidad la buena nueva de Cristo, que con su muerte y resurrección redimió a todo hombre. Los medios de comunicación, usados de modo correcto, prestan un gran servicio a los hombres. Pero deben transmitir una información precisa, correcta y veraz, y también deben enriquecer el espíritu, colaborando en la formación religiosa y moral de sus oyentes. Al perfeccionar los conocimientos humanos, contribuyen al bien común, al desarrollo de toda la sociedad y de toda la nación.

La radio es uno de los medios de comunicación social de mayor difusión. Por eso, es motivo de alegría el hecho de que en Polonia, en los últimos años, hayan surgido numerosos centros de radiodifusión católica gestionados por las diócesis, las parroquias, las órdenes religiosas o las asociaciones. Deseo expresar mi más sincero agradecimiento a los laicos y a los miembros del clero que ponen a su disposición sus talentos, y dedican mucho empeño y mucho tiempo a crear los programas para la radio y a transmitirlos.

Entre estas estaciones, en Polonia, Radio María es muy popular. Vuestra emisora contribuye en gran medida a la labor de la evangelización. Gracias a sus transmisiones, el pensamiento sobre Dios llega a muchas personas y a muchos ambientes en Polonia, e incluso fuera de sus confines, y a otros continentes.

Oración y catequesis son los dos elementos esenciales que distinguen a una radio católica de las demás. Me alegra que se hallen presentes en Radio María. Hoy quisiera poner de relieve, en particular, la oración. En efecto, la oración está en el origen de la evangelización. Es una fuente silenciosa pero eficaz, de la que brota la fuerza para dar testimonio. Vuestra presencia en tan gran número aquí es, también, fruto de ese apostolado. A través de las ondas de Radio María se transmiten la santa misa y muchas oraciones profundamente arraigadas en nuestra religiosidad polaca. Se podrían mencionar aquí la oración del rosario, la devoción a la divina Misericordia, el Ángelus, el oficio breve en honor de la Inmaculada Concepción de María santísima, así como el rezo litúrgico de las Horas. Conviene que en Radio María se ore y se enseñe la oración a los oyentes, mostrándoles cuán grande es la necesidad que tienen de ella el hombre contemporáneo, la familia, la Iglesia y el mundo. En la vida de piedad, así como en la vida moral y en el apostolado, la oración es insustituible. San Pablo escribe: «Orad sin cesar» (1 Ts 5, 17), «perseverad en la oración» (Col 4, 2).

Algunos días después de mi elección a la sede de Pedro, me dirigí al santuario mariano de la Mentorella, situado cerca de Roma, y allí hablé a los peregrinos de la necesidad de la oración en la vida cristiana. Les dije: «La Iglesia ora, la Iglesia quiere orar, desea estar al servicio del don más sencillo y, a la vez, más espléndido del espíritu humano, que se realiza en la oración. En efecto, la oración es la expresión principal de la verdad interior del hombre, la primera condición de la auténtica libertad del espíritu (...). La oración da sentido a toda la vida en cada momento y en cualquier circunstancia» (29 de octubre de 1978: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de noviembre de 1978, p. 11).

Me alegra poder compartir con vosotros este recuerdo hoy, después de diecinueve años de servicio, en el ministerio petrino, a la Iglesia y al mundo. Os invito a perseverar en la oración y en el apostolado animado por la oración.

Hoy, en la vida de piedad y en la social, en la vida de muchas personas y naciones, es muy urgente este apostolado. La oración hace que la conciencia del hombre sea sensible ante los valores esenciales de la verdad, la justicia, el amor y la paz. En las vicisitudes de una nación, estos valores son como la sal y la luz: sólo ellos pueden dar sabor a los corazones e iluminar las mentes, haciendo que el mundo sea más humano y más divino. Agradezco a Radio María este apostolado de la oración y también la plegaria por las intenciones del Papa. Al mismo tiempo, os pido: alimentad este espíritu de oración. Doy las gracias por esto también a todas las demás estaciones de radio católicas de Polonia.

Cumplís la gran misión de anunciar el Evangelio «a toda la creación». Sois como el sembrador evangélico, que salió a sembrar. Y mientras lo hacía, una parte de la semilla cayó en el camino, otra entre rocas, otra entre espinas, y otra, por último, en tierra buena y dio fruto (cf. Mc 4, 2-8). Esta semilla es la palabra de Dios anunciada también a través de las ondas de radio a todos los que la quieran escuchar y encontrar en ella fuerza. La catequesis que realizáis es un servicio a la Iglesia y a la sociedad.

3. Queridos hermanos, vuestra actividad es un servicio a la Iglesia. Esto conlleva para vosotros la gran responsabilidad de colaborar fielmente con los obispos, con espíritu de comunión eclesial y de amor cristiano, para hacer que crezca el Cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia. Ojalá que el Evangelio sea anunciado en Polonia con una sola voz, con la voz de la Iglesia, edificada sobre el cimiento de los Apóstoles, y que esta unidad de acción sea al mismo tiempo el testimonio de vuestra entrega y vuestra fidelidad a Cristo.

Pido al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen santísima, las gracias necesarias para esta gran labor de evangelización. De todo corazón os bendigo a vosotros, aquí presentes, a vuestras familias y a vuestros seres queridos, a los sacerdotes y laicos que colaboran en Radio María, a los voluntarios y a todos los que anuncian a través de las ondas de radio «hasta los últimos confines de la tierra» (Hch 1, 8) el mensaje evangélico de la verdad y el amor.

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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