Quisiera expresaros, ante todo, mi satisfacción por la conexión
que habéis sabido crear entre las respectivas organizaciones nacionales mediante
vínculos que se basan, fundamentalmente, en la comunión de intereses y de
problemas profesionales, pero que también se refuerzan y confirman gracias a la
concepción del hombre y de la sociedad inspirada en el mensaje cristiano y en la
doctrina social de la Iglesia.
La ocasión es, pues, oportuna para recordar algunos contenidos
generales de esa concepción, con la convicción de que será útil para vuestros
objetivos específicos.
2. Desde el punto de vista de la ética social, el interés
principal de vuestra profesión nace del hecho de que se ocupa del trabajo
mismo, o mejor, de las relaciones de trabajo, para garantizar la
corrección y la seguridad en sus diferentes fases, a fin de salvaguardar la
dignidad de la persona y de la familia, respetando las legítimas razones de la
empresa.
He querido dedicar el Mensaje para la Jornada mundial de la paz
de este año, en que se celebra el 50 aniversario de la Declaración universal de
derechos del hombre, al tema de la justicia. No cabe duda de que promover
relaciones de trabajo realmente dignas de la persona humana significa trabajar
para consolidar la justicia, poniendo así las premisas para una paz auténtica y
duradera.
En esta perspectiva, las exigencias a las que debéis responder
son múltiples. Evidentemente, la primera de todas es la de favorecer el
empleo y combatir el desempleo. Este último es, en todo caso, un mal y,
cuando alcanza determinados niveles, puede transformarse en una verdadera
calamidad social, más dolorosa aún si se consideran las consecuencias nefastas
que conlleva para las familias y los jóvenes.
La alta tasa de desempleo trae consigo serios riesgos de
explotación. Por eso, es necesario velar atentamente por la equidad del
salario y las condiciones de trabajo, para que se garanticen los derechos a
la salud, al descanso y a la seguridad social.
¿Y qué decir, además, del trabajo que la madre realiza en la
familia? ¿No se debería actuar con mayor atención en favor de una legítima
revalorización social de las tareas maternas? Deseo de corazón que
consideréis estas exigencias manifestadas en muchos ámbitos, valorando
concretamente la fatiga que implican los quehaceres domésticos y la necesidad de
atención, amor y afecto que tienen los hijos de parte de sus padres y,
especialmente, de su madre.
3. Ilustres señores y señoras, gracias por vuestro empeño y por
los justos esfuerzos que realizáis para tutelar los derechos de los
trabajadores. De todos es sabido que un buen servicio a las legítimas exigencias
de cuantos están unidos por la misma profesión no puede menos de tener en cuenta
las limitaciones impuestas por la situación económica general del país.
Pienso en este momento en lo que están haciendo Italia, España y
Polonia para favorecer el anhelado crecimiento en la libertad y la solidaridad.
Pienso también en las iniciativas orientadas a apresurar la construcción de una
Europa a su vez más libre y solidaria. Ojalá que vuestro compromiso sea un
valioso estímulo para la armonización de los ordenamientos jurídicos de vuestros
respectivos países en el campo del trabajo. Eso contribuirá eficazmente a hacer
que los pueblos del continente avancen hacia la recíproca integración, que será
sin duda ventajosa para todos.
Junto con ese anhelo, os expreso mis mejores deseos a vosotros y
a vuestras familias, mientras os bendigo de corazón.