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ALOCUCIÓN
DEL PAPA JUAN PABLO II A LA DELEGACIÓN DE CROACIA
Martes
15 de diciembre de 1998
Señor viceprimer ministro y distinguidas autoridades; venerados hermanos
en el episcopado; ilustres señores:
Con ocasión del intercambio de los instrumentos de ratificación del Acuerdo
entre la Santa Sede y la República de Croacia sobre algunas cuestiones
económicas, que ha tenido lugar ayer en este palacio apostólico, habéis
querido expresar al Papa vuestros sentimientos de devoción y gratitud. Os los
agradezco de corazón. Gracias, también, por haber recordado mi segunda visita
apostólica a Croacia, que llevo profundamente grabada en mi corazón. Por la
intercesión del beato cardenal Alojzije Stepinac, pido al Señor que esa visita
siga dando muchos frutos en favor de todos los miembros de la querida nación
croata.
Me complace saludar a vuestra delegación, guiada por
el doctor Jure Radiæ, viceprimer ministro y presidente de la Comisión estatal
para las relaciones con las comunidades religiosas. También doy un cordial
saludo a los representantes de la Conferencia episcopal croata, encabezados por
su excelencia monseñor Josip Bozaniæ, arzobispo de Zagreb.
Con el Acuerdo sobre las cuestiones económicas,
felizmente establecido entre la Santa Sede y la República de Croacia, se ha
procurado reparar las injusticias causadas en el pasado por la confiscación de
los bienes eclesiásticos, y se ha querido proporcionar a la Iglesia católica
los medios necesarios para desempeñar su actividad pastoral. La Iglesia siempre
ha reivindicado el derecho a poseer y administrar bienes temporales. Pero no
pide privilegios en este campo, sino la posibilidad de emplear los medios de que
dispone para una triple finalidad: «Sostener el culto divino, sustentar
honradamente al clero y demás ministros, y hacer las obras de apostolado
sagrado y de caridad, sobre todo con los necesitados» (Código de derecho
canónico, c. 1254, § 2). He notado con satisfacción que dicha finalidad
indicada en el Código de derecho canónico está presente también en el texto
del Acuerdo.
Asimismo, representa un desafío para la Iglesia y el
Estado. La Iglesia católica deberá estudiar, entre otras cosas, el modo más
adecuado de sustentar al clero, según las indicaciones del concilio Vaticano
II, procurando un sustento justo y digno a sus ministros (cf. Presbyterorum
ordinis, 20-22). Deberá, además, reorganizar y potenciar su actividad de
índole social y caritativa. Por su parte, el Estado deberá resarcir las
injusticias del pasado y, reconociendo el valor social del trabajo de la
Iglesia, facilitar su actividad, encaminada a aliviar las necesidades de los
hermanos menos favorecidos, que deben ser objeto de atención particular y
concorde del Estado y de la Iglesia.
Expresándoos mis mejores deseos de una correcta
aplicación del Acuerdo en beneficio de todos, os imparto de corazón a vosotros
aquí presentes, y a toda Croacia, la bendición apostólica, que acompaño con
mi más sincera felicitación por la Navidad. ¡Alabados sean Jesús y María!
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