Sábado 7 de febrero de 2004
1. «Le anunciaron la palabra del Señor a él y a todos los de su
casa» (Hch 16, 32).
Amadísimas familias de Roma, este versículo de los Hechos de
los Apóstoles sirve de marco a este encuentro de fe y oración que, en el
ámbito de la misión ciudadana, concluye la semana diocesana dedicada a la
vida y a la familia.
Saludo al señor cardenal vicario Camillo Ruini, a quien
agradezco las amables palabras que me ha dirigido. Saludo, asimismo, a monseñor
Francisco Gil Hellín, secretario del Consejo pontificio para la familia; al
honorable Carlo Casini, presidente nacional del Movimiento en favor de la vida;
a monseñor Luigi Moretti, responsable diocesano del Centro pastoral para la
familia; y a monseñor Renzo Bonetti, director nacional de la Oficina de pastoral
familiar de la Conferencia episcopal italiana.
Mi pensamiento va en este momento a todas las familias de la
diócesis, sobre todo a las que se sienten particularmente probadas; que las
aliente la constante atención del Papa y de toda la Iglesia particular. Deseo
repetir a cada uno las palabras que, después de su prodigiosa liberación, san
Pablo y su compañero de cárcel, Silas, dirigieron al atónito carcelero: «Ten fe
en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa» (Hch 16, 31). Acoger la
presencia de Cristo en la familia es la invitación que resuena esta tarde.
Queridas familias de Roma, no tengáis miedo de abrir la puerta
de vuestra casa a Jesucristo. Su proyecto divino enriquece a la familia, la
libera de toda esclavitud y la guía a la plena realización de su vocación.
2. Durante los numerosos encuentros que tengo con los jóvenes en
Italia y en todo el mundo, recojo el testimonio de un creciente deseo de
construir familias en las que se vivan los auténticos valores del amor, el
respeto a la vida, la apertura a los demás y la solidaridad. ¿Cómo no ver en
estas aspiraciones la contestación implícita de los comportamientos permisivos
que la sociedad actual trata de avalar?
Queridas familias cristianas, mirad la necesidad de amor, de
entrega y de apertura a la vida presente en el corazón de vuestros hijos,
desorientados por modelos de uniones fracasadas. Los hijos aprenden a amar a su
esposo o a su esposa mirando el ejemplo de sus padres. No os contentéis con
vivir en la intimidad el evangelio de la familia; anunciadlo y testimoniadlo a
cuantos encontréis en vuestro camino y en todos los ámbitos de la vida pública y
social.
En esta tarea de testimonio, ardua pero connatural, no estáis
solos. El Espíritu Santo está con vosotros; habita en vosotros en virtud de los
sacramentos del bautismo, la confirmación y el matrimonio. ¡Él os sostendrá en
el cumplimiento de vuestra misión!
3. Nuestra ciudad de Roma, como toda Italia, tiene gran
necesidad de una nueva política orgánica en favor de la familia, para poder
afrontar con esperanza de éxito los gravísimos retos que tenemos delante,
comenzando por el del descenso de la natalidad.
Es ilusorio pensar en construir el bienestar con una mentalidad
egoísta que, de diversos modos, niega espacio y acogida a las nuevas
generaciones. Así como es irracional el intento de equiparar otros modelos de
convivencia a la familia fundada en el matrimonio. Todo esto lleva
inevitablemente a la decadencia de una civilización, tanto desde el punto de
vista moral y espiritual como del social y económico.
Por eso, os pido a vosotras, familias de Roma, como a todas las
familias de Italia, que unáis vuestros esfuerzos, también a través de la acción
del Foro de las familias, para que triunfe la subjetividad social de la
familia y así se logren los cambios culturales y legislativos que pueden hacer
justicia a las familias y asegurar el verdadero bien de la sociedad. En este
compromiso la Iglesia está con vosotras y nos os dejará solas.
4. Amadísimas familias de Roma, contemplando el modelo de la
Sagrada Familia de Nazaret, rezaremos juntos la oración del rosario.
Encomendemos a la intercesión de María y de su esposo san José a todas las
familias de nuestra ciudad y, sobre todo, a las que viven en situaciones
difíciles. Encomendémosles a los jóvenes que se preparan para el matrimonio a
través del período de gracia que es el noviazgo. Encomendémosles también a
cuantos tienen la responsabilidad de promover políticas familiares más justas y
constructivas. El Señor bendiga a todas las familias y las convierta en lugar
privilegiado de encuentro con él, para un anuncio auténtico de su amor.
María, Reina de la familia, os proteja a todos con su corazón
materno y os obtenga de Dios abundantes consuelos.