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VISITA A TRES POBLACIONES ITALIANAS DAMNIFICADAS POR
EL TERREMOTO
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II A LOS HABITANTES DE ASÍS
Sábado 3 de enero de
1998
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Después de haber visitado las pequeñas localidades de Annifo y Cesi, desde
las cuales he abrazado espiritualmente a todos los pueblos afectados por la
tragedia del terremoto, me encuentro ahora en Asís, en vuestra ciudad, que lleva
visibles los signos de una prueba tan dura. He venido a vosotros para
testimoniar concretamente a cada uno mi cercanía y la de toda la comunidad
eclesial. Ya desde Bolonia, donde me encontraba para el Congreso eucarístico, al
día siguiente de las primeras sacudidas, expresé mi solidaridad a los afectados
por el seísmo. Desde entonces no he cesado de seguir diariamente su situación
con sentimientos de aprensión y comunión; y agradezco al Señor la oportunidad
que me concede hoy de estar entre vosotros para confirmaros mi afecto.
Dirijo un cordial saludo ante todo al pastor de esta amada diócesis, el querido
monseñor Sergio Goretti, a quien agradezco las cordiales palabras que me ha
dirigido, y a todos los obispos de las zonas afectadas por el terremoto, en
particular al arzobispo de Espoleto y al obispo de Fabriano, a cuyas diócesis no
he podido acudir, pero a los que he invitado a venir aquí, junto con algunos
párrocos, en representación de sus comunidades. Saludo, asimismo, a la comunidad
de los Frailes Menores conventuales, que con tanto amor atienden esta basílica
patriarcal. Mi saludo va, igualmente, al señor presidente del Gobierno, al
secretario del Gobierno y al subsecretario para la coordinación de la Protección
civil, a los presidentes de las regiones de Umbría y Las Marcas, al alcalde de
Asís, y a los demás numerosos alcaldes de los municipios afectados por el
terremoto, así como a todas las autoridades civiles, militares y religiosas
presentes.
Sé muy bien que el terremoto ha dañado el valioso patrimonio humano y artístico,
que caracteriza vuestra tierra, queridos hermanos y hermanas. Pero sé también
que tenéis la firme decisión de no ceder al desaliento ante las dificultades,
por más numerosas y grandes que sean. El Papa se encuentra aquí, hoy, para
deciros que está con vosotros y desea alentaros en vuestros propósitos de un
esfuerzo renovado en la ardua labor de reconstrucción.
2. Desde la altura de esta colina, llena de recuerdos franciscanos, la mirada se
extiende por el valle, sube por las laderas de los montes y llega a estrechar en
un abrazo espiritual todas las localidades —las pequeñas comunidades de
montaña y los grandes centros, como por ejemplo Nocera Umbra y Gualdo Tadino—,
afectadas por el terremoto. Las incomodidades son, por lo general, las mismas, y
también son parecidos los daños a las casas y a los monumentos, ricos en arte y
cultura. Al sufrimiento de los que han perdido a sus seres queridos se añade el
de los que han visto desaparecer en unos instantes los frutos de sus sacrificios
de toda la vida, y ahora sienten la tentación de caer en el desaliento. Y aquí
resultan muy actuales las palabras: «Francisco, ve y reconstruye mi casa».
Es preciso reconocer, sin embargo, que en los días de los frecuentes movimientos
sísmicos ha despertado gran admiración en todos el testimonio de dignidad y amor
a la propia tierra que han dado los habitantes de Umbría y Las Marcas.
Amadísimos hermanos y hermanas, mantened vuestra entereza. Que no
disminuyan la fuerza espiritual, las cualidades de laboriosidad y el tradicional
espíritu de iniciativa que os caracterizan. Os deseo que esas cualidades, más
bien, se consoliden en esta prueba, para que se manifiesten mediante una
colaboración eficaz y concreta, que tenga como resultado una rápida recuperación.
En este marco, quiero expresar mi sincero aprecio por la generosa contribución
que dan los voluntarios y cuantos colaboran, de diversas maneras, en los
trabajos de asistencia y reconstrucción. A todos los aliento a intensificar sus
esfuerzos para proseguir la labor iniciada. La fe nos dice que todo lo que
hacemos en favor de los necesitados y de los que sufren lo hacemos a Cristo (cf.
Mt 25, 40).
Una vez pasada la fase de emergencia, comienza ahora la de la reconstrucción. El
año que acabamos de iniciar ha de ser el año del renacimiento y de la
recuperación social y económica de estas zonas. Me han complacido las
iniciativas que han puesto en marcha las autoridades locales y regionales, así
como las ayudas económicas concedidas por el Gobierno italiano para resolver
vuestras necesidades más urgentes. Espero que todo se realice en poco tiempo,
para que el panorama de las ciudades y las aldeas, marcado hoy generalmente por
un cúmulo de ruinas y caminos destruidos, gracias a las necesarias labores de
reconstrucción y reforma de las viviendas, de las iglesias y de los monumentos
dañados, vuelva a ser tan sugestivo como antes.
3. He venido aquí, a Asís, para orar ante la tumba del Poverello. Desde
este lugar sagrado para la tradición franciscana y tan duramente herido por el
seísmo; desde esta basílica, hacia la cual miran con admiración hombres y
mujeres del mundo entero, elevo al Señor una ferviente oración por las víctimas
del terremoto, por sus familiares y por todos los que aún viven en situación
precaria. Asimismo, pido a Dios por los operarios y los voluntarios que, con
gran entrega, están trabajando en las labores de asistencia y ayuda a las
personas que han quedado sin hogar. Que el Señor los conforte a todos y les haga
sentir su apoyo.
San Francisco, el seráfico hijo de esta tierra, testimonió con su vida el valor
de la solidaridad y del servicio prestado con amor a los necesitados. Santa
Clara, humilde plantita surgida en esta ciudad, pasó aquí toda su vida, apoyando
con su oración los trabajos apostólicos de los agentes de paz y de los heraldos
del Evangelio. ¡Cómo no sentirlos presentes entre nosotros en estos meses de
dificultad y prueba! Ciertamente, desde el cielo bendicen y sostienen el
generoso compromiso de generosidad de numerosas personas de toda Italia para con
las poblaciones afectadas por el seísmo. Al mismo tiempo, os invitan a todos
vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a afrontar con espíritu evangélico la
precaria situación que estáis viviendo. No faltaron en la vida de san Francisco
y de santa Clara momentos de sufrimiento y soledad. Basta recordar sus numerosas
enfermedades, privaciones y angustias, que alcanzaron su culmen en el abrazo
místico con el Crucificado, que tuvo lugar en el monte de la Verna, o en la
constante adoración de la Eucaristía.
El mensaje franciscano sobre el valor que la privación y el dolor asumen a la
luz del Evangelio os ayude a reconocer y aceptar también en los acontecimientos
dolorosos de estos meses la voluntad de un Padre que siempre es amoroso, incluso
cuando permite la prueba.
4. Amadísimos hermanos y hermanas, estamos en
el clima de las festividades navideñas y, desde hace algunos días, hemos
comenzado un año nuevo. Me alegra formular a cada uno de vosotros mis mejores
deseos para el año 1998: que sea el año de la esperanza y de la solidaridad.
Dios no quiera que sea un año sísmico. Estoy seguro de que Asís, como las demás
ciudades y aldeas afectadas por el terremoto, recuperarán pronto su gran
atractivo y resplandecerán como antes tras recobrar la belleza de sus
monumentos. Así podrán responder mejor a su vocación natural de ser signo de paz
y de fraternidad para la Iglesia, para Italia y para el mundo entero.
San Francisco y santa Clara de Asís obtengan del Señor fuerza para las personas
probadas, y luz para las mentes y calor para los corazones, a fin de que pronto
se pueda realizar lo que todos esperan. Con este deseo, de corazón os imparto
una especial y afectuosa bendición a vosotros, aquí reunidos, a los que sufren,
a los voluntarios y a los que están colaborando, de diversas maneras, en los
trabajos de reconstrucción, así como a todos los habitantes de Umbría y Las
Marcas.
Feliz año nuevo. Creía que mi primera visita de este año iba a ser a Cuba, pero
en cambio ha sido a Asís. También se podía prever lluvia para hoy, pero, gracias
a Dios, luce el sol, el sol de san Francisco.
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