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VISITA A TRES POBLACIONES ITALIANAS DAMNIFICADAS POR
EL TERREMOTO
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO
II A LOS HABITANTES DE CESI
Sábado 3 de enero de
1998
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Después de la visita a Annifo, me encuentro ahora aquí, en Cesi, para
abrazaros espiritualmente a vosotros y a todas las poblaciones de Las Marcas
afectadas por el terremoto. Saludo al obispo de Camerino y al presidente de la
Conferencia episcopal regional, el arzobispo de Fermo; al párroco y a toda la
comunidad de este pueblo, donde el seísmo destruyó casi todas las casas. Saludo
cordialmente, asimismo, a los habitantes de las demás localidades, en las que se
derrumbaron o quedaron inservibles iglesias y viviendas. Me dirijo
espiritualmente a todas las
familias, a los enfermos, a los ancianos y a los niños. A todos, y especialmente
a los que se encuentren desalentados, quisiera decirles: ¡Ánimo! ¡Ánimo! El
Señor está cerca de vosotros. El Papa está cerca de vosotros.
He estado cerca de
vosotros desde el momento en que me llegó la noticia de este devastador
terremoto. He orado por vosotros y sigo haciéndolo. Hoy, sin embargo, me
encuentro aquí, aunque sea por poco tiempo, para manifestaros mi solidaridad. Al
inicio de un nuevo año, vengo a vosotros en nombre del Dios que escogió habitar
nuestra frágil humanidad, para infundirle una esperanza nueva e invencible, por
estar fundada en la fe.
2. Las pruebas de la vida nos
permiten experimentar nuestra precariedad humana. Nos recuerdan que en la tierra
estamos de paso y que nuestra patria no se halla aquí, sino en Dios. Sin
embargo, en este tiempo navideño la liturgia repite que Dios mismo, el Creador y
Señor de todas las cosas, no está lejos de nosotros, incluso cuando pareciera lo
contrario. Es solidario con nuestros sufrimientos: ha venido a acampar entre
nosotros, ocultándose en nuestra condición humana, porque quiere infundirle
amor, fuente y sentido último de toda existencia.
Dice el salmista: «Dios es
nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no
tememos, aunque tiemble la tierra y los montes se desplomen en el mar» (Sal 45,
2-3). En medio de las tragedias, el creyente mantiene la conciencia de la presencia confortadora del Señor. También vosotros,
queridos hermanos y hermanas, con la fuerza de su ayuda, no sólo podréis llevar
a cabo la reconstrucción material de vuestros pueblos, sino que también tendréis energía espiritual para realizar una auténtica renovación interior y
comunitaria.
3. En los días que han alterado la vida
tranquila y activa de estas tierras, vuestras poblaciones han dado un singular
testimonio de dignidad, que ha despertado admiración universal. Los daños
materiales no han disminuido vuestro afecto por estas regiones. Al contrario, la
decisión que ha tomado la mayoría de los que han sufrido los efectos del
terremoto, de seguir viviendo en sus propias localidades, demuestra que la
prueba experimentada ha fortalecido su sentido de identidad y pertenencia.
Al
respecto, el nacimiento en estos meses de numerosos niños, que han
alegrado a muchas comunidades afectadas por el seísmo, seguramente ha
constituido un motivo de estímulo. Quisiera saludar desde aquí a todos los
niños, que representan la promesa de futuro y de vida para estas tierras. Ya he
podido hablar con algunos, y ahora, desde esta pequeña localidad de la región de
los Apeninos, quisiera dirigirme espiritualmente a todos los niños de Las Marcas
y de Umbría. En el clima festivo de la Navidad les envío mi saludo y mi abrazo
afectuoso. Queridos niños, que el Señor os bendiga, os ayude a crecer buenos y animosos, y os
conceda a vosotros
y a vuestros seres queridos mucha serenidad y mucha alegría. Tal vez después de
algunos años, a estos niños, que nacieron durante el terremoto, sus padres les
dirán: «Tú naciste en el momento del terremoto, y no sabías nada». Eso pasa en
la vida. Yo nací en el momento de la guerra entre Polonia y la Rusia comunista,
y yo tampoco sabía nada. Pero he sentido siempre gran admiración y gran gratitud
hacia los que durante aquella guerra tuvieron confianza y luego vencieron. Era
muy importante. Corría el año 1920.
4. Al lado de los niños
están los padres: a estas familias manifiesto mi admiración por la fuerza de
espíritu y por la entereza con que han reaccionado ante la dura prueba de un
seísmo intenso y prolongado. Muchas de ellas viven en situaciones de emergencia,
y se hallan en viviendas provisionales. Ojalá que no les falte nunca la ayuda de
todos nosotros. A este respecto, no puedo por menos de subrayar la sorprendente
respuesta de generosidad que el terremoto ha despertado también más allá de los
confines de las regiones afectadas. En efecto, en estos meses, amadísimos
hermanos y hermanas, habéis podido contar con una amplia red de solidaridad, que os ha permitido sentiros menos solos.
A pesar de las condiciones tan
difíciles en que han actuado a causa de la estación del año y de que no siempre
han funcionado bien las comunicaciones, la colaboración de todos ha permitido ya
poner en marcha nuevamente en cada localidad los servicios indispensables.
Particularmente significativa ha sido, asimismo, la presencia de numerosos
voluntarios que, procedentes de todas las partes de Italia, han compartido con
las víctimas del terremoto las incomodidades y las preocupaciones, los dramas y
las esperanzas. También ha sido singular la solidaridad de mucha gente, que de
diversas maneras les ha enviado ayudas materiales, así como innumerables
testimonios de cercanía espiritual y afecto. Entre los diferentes organismos
dedicados a esta labor, aliento en particular el trabajo de la Cáritas, que
coordina los servicios de solidaridad en nombre de la comunidad eclesial.
Deseo
expresar mi aprecio por lo que se ha hecho y animo a las autoridades competentes
a proseguir por el camino emprendido, para poner en marcha con oportunidad las
necesarias iniciativas de financiación y coordinación de los trabajos de
reconstrucción. Junto con mi felicitación por el año nuevo, formulo votos para
que, cuanto antes, se pueda volver al anterior ritmo de vida: las casas, las
iglesias y los edificios públicos, reconstruidos con criterios antisísmicos,
serán el signo de la vuelta a la normalidad, y sobre todo de una identidad
espiritual que permanece y se proyecta hacia el futuro.
Amadísimos hermanos y
hermanas, os invito a proseguir en este esfuerzo de generosa fraternidad, y,
mientras invoco la constante protección de la Virgen María, con gran afecto
imparto a todos mi bendición.
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