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MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO DE
LAS
ASOCIACIONES, MOVIMIENTOS Y ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES AL SERVICIO
DE LA FAMILIA Y DE LA VIDA EN EUROPA (ROMA, 12-13 DE JUNIO DE 1998)
Al venerado hermano cardenal
ALFONSO LÓPEZ TRUJILLO presidente del Consejo pontificio para la familia
Se celebra durante estos días el encuentro, organizado por ese
dicasterio, con los responsables de las asociaciones, de los movimientos y de
las organizaciones no gubernamentales, comprometidos al servicio de la familia y
de la vida en el continente europeo. En esta ocasión, deseo enviarle a usted,
señor cardenal, y, por su amable mediación, a los participantes y a los
relatores del congreso, mi cordial saludo, con mi deseo de que estos momentos
providenciales de reflexión y diálogo produzcan los frutos esperados, y den
nuevo impulso a la pastoral familiar en Europa.
A nadie pasa inadvertida la importancia del momento histórico
que estamos atravesando. Además, es bien sabido que, tanto en el «viejo
continente» como en otras partes del mundo, la institución familiar sufre desde
hace tiempo una profunda evolución, no siempre positiva, y por eso exige una
constante y atenta solicitud por parte de los pastores y de toda la comunidad
eclesial. La defensa de la familia y de la vida humana constituye una urgencia
pastoral que hay que subrayar con vigor también en relación con el próximo
milenio, hacia el que nos encaminamos a grandes pasos.
En efecto, entre las verdades oscurecidas en el corazón del
hombre a causa de la creciente secularización y del difundido clima hedonista
están afectadas más seriamente sobre todo las que se refieren a la familia. Tuve
la posibilidad de subrayar, con ocasión del reciente Encuentro mundial de las
familias en Río de Janeiro, que «en torno a la familia y a la vida se libra hoy
la batalla fundamental de la dignidad del hombre» (Discurso al Congreso
teológico pastoral de Río de Janeiro, 3 de octubre de 1997, n. 3:
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 10 de octubre de 1997, p.
4). Toda la comunidad cristiana está llamada a defender y promover estos valores
humanos y evangélicos fundamentales.
En el servicio pastoral a la familia y a la vida, desempeñan un
papel cada vez más importante las asociaciones, los movimientos y las
organizaciones no gubernamentales, en el ámbito más amplio de la participación
de los laicos en el apostolado y en la animación de las realidades terrenas,
impulsados por el concilio ecuménico Vaticano II. Y la Iglesia cuenta con su
contribución y su compromiso constante y valiente. «Quien lucha por defender y
favorecer la institución matrimonial y la familia adquiere méritos muy grandes
para el futuro de Europa» (Asamblea especial del Sínodo de los obispos para
Europa, Declaración final, 10: L'Osservatore Romano, edición en
lengua española, 27 de diciembre de 1991, p. 10).
Se trata de una verdad que hoy quisiera reafirmar con fuerza,
mientras deseo de corazón que vuestro encuentro contribuya seriamente a mantener
viva, en los creyentes y en todos los hombres de buena voluntad, una voluntad
cada vez más decidida de trabajar por la auténtica promoción de la vida humana y
de su hábitat natural, que es la familia fundada en el matrimonio.
Señor cardenal, estos son los pensamientos con los que acompaño
los trabajos del presente congreso, mientras, invocando sobre usted y los
participantes la abundancia de los dones del Espíritu Santo y la protección de
la Virgen María, Madre de la vida, imparto de corazón a todos una especial
bendición apostólica.
Vaticano, 11 de junio de 1998
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