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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LA 59 ASAMBLEA SEMESTRAL
DE LA ROACO


Martes 16 de junio de 1998

 

Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio;
queridos miembros y amigos de la ROACO:

1. Os doy a todos mi cordial bienvenida, con ocasión de vuestra visita durante la segunda asamblea anual de la ROACO. Saludo, ante todo, al señor cardenal Achille Silvestrini, y le agradezco las cordiales palabras con las que ha querido expresar vuestros sentimientos, aludiendo al mismo tiempo a las múltiples actividades que estáis realizando.

Saludo, asimismo, al secretario de la Congregación para las Iglesias orientales, arzobispo Miroslav Stefan Marusyn, a quien renuevo mi cordial felicitación por sus bodas de oro sacerdotales. Mi saludo se extiende también al subsecretario, monseñor Claudio Gugerotti, a todos los oficiales y al personal del Dicasterio, así como a los miembros y amigos de la ROACO.

Al dirigir mi mirada a los territorios a los que se orienta vuestra solicitud, no puedo menos de reafirmar el deseo de una solución justa y pacífica de las tensiones que surgieron durante las semanas pasadas entre Etiopía y Eritrea. Que el Señor ilumine a los responsables de las dos naciones hermanas y a todos los que promueven generosamente un acuerdo negociado sobre sus respectivas exigencias.

2. Hemos celebrado recientemente, con gran alegría de toda la Iglesia, la proclamación de dos nuevos beatos vinculados a las Iglesias orientales, que testimoniaron con amor y valentía su plena fidelidad a Cristo y a la Iglesia católica.

Se trata, ante todo, del mártir Vicente Eugenio Bossilkov, obispo y religioso pasionista, beatificado el pasado 15 de marzo. Mensajero intrépido de la cruz de Cristo, fue una de las muchas víctimas que el régimen comunista ateo sacrificó, en Bulgaria y en otros países, con el propósito de aniquilar la Iglesia. Hoy se propone a nosotros y a los hijos de las Iglesias de Oriente como figura ejemplar y luminosa, no sólo por su vasta cultura, sino sobre todo por su constante anhelo ecuménico y su heroica entrega en defensa de su grey por fidelidad a la Sede de Pedro.

En el monje Nimatullah Kassab Al- Hardini, de la orden maronita libanesa, elevado al honor de los altares el pasado 10 de mayo, quise recordar a todos el valor de la vida monástica. Como dije en esa feliz circunstancia, el nuevo beato es un signo de esperanza para todos los cristianos del Líbano, pero también es una invitación para que esa nación, que tuve la alegría de visitar hace precisamente un año, pueda seguir siendo rica en testigos y en santos, presentándose, gracias a la generosa inculturación de la fe, como tierra en la que florecen la justicia, la paz y la convivencia. El beato Hardini es un testigo ilustre del monaquismo, entendido como una vida bautismal ejemplar. Espero que sea para los jóvenes de las Iglesias católicas orientales un aliento a recuperar su identidad, a vivir plenamente la riqueza de sus tradiciones y a hallar, con sabiduría, en la divina liturgia y en la contemplación la fuerza del misterio que salva.

3. En la Orientale lumen escribí: «Cuando Dios llama de modo total, como en la vida monástica, la persona puede alcanzar el punto más alto de cuanto la sensibilidad, la cultura y la espiritualidad son capaces de expresar. (...) Para las Iglesias orientales el monaquismo constituyó una experiencia esencial y que aún hoy sigue floreciendo en ellas, en cuanto cesa la persecución y los corazones pueden elevarse con libertad hacia el cielo» (n. 9).

Espero que este ejemplo constituya una referencia valiosa para todos los seminaristas, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas que también en Roma están preparándose, en el discernimiento vocacional, para sus tareas eclesiales, y por quienes la Congregación para las Iglesias orientales muestra tan gran solicitud.

Forma parte de este compromiso del dicasterio la institución del colegio San Benito, en el que sacerdotes de ritos diferentes, pero de lengua árabe, encuentran un lugar adecuado para los estudios, la oración y la oportuna confrontación con nuevas experiencias pastorales. La reestructuración del anterior Pontificio seminario menor ucranio de vía Boccea, junto con la creación del Pontificio instituto ucranio Santa María del Patrocinio, permitirá volver a acoger próximamente a los candidatos al sacerdocio que están completando sus estudios en las disciplinas eclesiásticas. También los centros que están surgiendo para la formación teológica y la preparación pastoral de las religiosas orientales, a quienes se envía a Roma con esta finalidad, contribuirán a responder a una urgencia ya ineludible.

Queridos amigos de la ROACO, os exhorto a compartir cada vez más, con vuestra participación, esta actividad fundamental de formación, dedicada a quienes van a ser los guías de las comunidades católicas de Oriente.

4. Ya se acerca el gran jubileo del año 2000, y el año próximo, 1999, estará dedicado a la reflexión sobre el Padre celestial. Así, concluirá esta preparación inmediata del acontecimiento jubilar, que nos invita a encontrarnos con renovada fidelidad y profunda conversión a orillas del «río» de la Revelación, del cristianismo y de la Iglesia, que corre a lo largo de la historia de la humanidad, comenzando por lo que sucedió en Nazaret y luego en Belén, hace dos mil años. Se trata verdaderamente del «río» que, con sus acequias, según la expresión del Salmo, «recrea la ciudad de Dios» (Sal 46, 5).

La actitud de los cristianos con respecto a Tierra santa se ha desarrollado de modo análogo al de la historia de la oración litúrgica de la Iglesia: así como el año litúrgico ha distribuido lentamente en días diversos cuanto ya estaba contenido en el domingo, Pascua de la semana, así también los lugares donde vivió y actuó nuestro Salvador se convirtieron en etapas de un itinerario espiritual único, que ayuda a recorrer los pasos de Dios hecho hombre y víctima de amor por la salvación del mundo.

La ayuda y el apoyo a Tierra santa no se prestan sólo en función del recuerdo de los lugares y de los tiempos en que vivió el Señor Jesús: quieren, sobre todo, alimentar en los fieles una actitud espiritual que, para quien la vive con intensidad interior, se traduce en un camino de fe hacia la cumbre de toda experiencia cristiana, que el Apóstol de los gentiles expresa con estas palabras: «Mihi vivere Christus est».

5. Sé que, mediante las competencias de cada organismo, la Congregación para las Iglesias orientales, junto con la Custodia de Tierra santa, realiza una actividad de síntesis y coordinación de la caridad de todos. A vosotros se os ha confiado la tarea de estar presentes, en nombre de la cristiandad, para sostener la vida eclesial y salir al paso de las necesidades socioculturales de esos lugares, tan queridos por cuantos creen en el Verbo de Dios encarnado. Os renuevo a vosotros y, por medio de vosotros, a toda la Iglesia esparcida por el mundo, la invitación a seguir manteniendo el compromiso al servicio de la tierra de nuestro Salvador.

Que os acompañe en vuestro trabajo la constante asistencia divina y la protección materna de la Virgen de Nazaret. También yo estoy cercano a vosotros, y de corazón os imparto mi bendición, que de buen grado extiendo a las Obras que representáis aquí y a todos los destinatarios de vuestra actividad.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana 

 

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