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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 A LOS FORMADORES Y ALUMNOS
DEL COLEGIO BALLERINI DE MILÁN


Sábado 2 de mayo de 1998

 

Amadísimos formadores y alumnos del colegio Ballerini:

1. Me alegra acogeros en la singular circunstancia del centenario de vuestro colegio y daros a todos mi cordial bienvenida. Saludo, ante todo, al rector, monseñor Luigi Schiatti, y a los diversos colaboradores y educadores, que se dedican con generosidad a la animación cristiana de esta benemérita institución.

Os saludo con afecto también a vosotros, queridos jóvenes y muchachos, que en gran número habéis venido hoy aquí, junto con vuestros familiares. A cada uno va mi más profundo agradecimiento por esta visita, que se inserta en la peregrinación que estáis haciendo a los lugares de Roma sagrados para nuestra fe. Espero que volváis a casa enriquecidos con frutos espirituales y santos propósitos para vuestra vida personal y para la del colegio.

2. Conmemoráis los cien años de actividad de vuestro instituto. Al echar una mirada al siglo transcurrido, nos sentimos casi perdidos frente a las complejas vicisitudes que lo caracterizaron. Pues bien, aun en medio de esas vicisitudes, el colegio Ballerini, con sorprendente continuidad, ha mantenido con firmeza y constancia su fisonomía de centro serio y exigente de formación humana y cristiana, siguiendo la orientación marcada por el fundador, don Angelo Longoni, figura eminente del clero milanés en los años del final del siglo XIX y del inicio del XX.

A lo largo de este tiempo, el Colegio ha seguido siendo un centro de auténtica promoción cultural y religiosa, no sólo para la ciudad de Seregno, sino también para todo el territorio limítrofe. En efecto, son muchos los alumnos ilustres por méritos culturales, sociales y eclesiales, que se formaron en él, siguiendo «la pedagogía del corazón y de la fe», como soléis definirla.

Mientras damos gracias al Señor por el bien realizado, no podemos menos de notar que las vicisitudes que atravesó vuestro colegio nos hacen reflexionar sobre cómo, en realidad, con el paso de los años, el bien sembrado, aun en medio de dificultades y fatigas, da su fruto. Y esto se convierte en una invitación a comprometerse cada vez más en la construcción de una sociedad civil bien estructurada, promoviendo los valores evangélicos con valentía, tenacidad y confianza. Queridos educadores y alumnos, os deseo hoy a todos que, conscientes de la importancia de una formación inspirada en un auténtico humanismo cristiano, perseveréis en vuestras respectivas tareas, manteniendo siempre vivo el celo apostólico que distinguió a vuestro inolvidable fundador y a sus colaboradores.

3. Quisiera dirigiros una palabra en particular a vosotros, amadísimos muchachos y jóvenes, que sois la parte preponderante del Colegio y constituís su esperanza para el futuro. Tened siempre ante vuestra mirada el rostro luminoso de Cristo, que os llama a ser auténticamente libres y protagonistas de vuestra existencia. Su pasión, muerte y resurrección son una elocuente llamada a afrontar con madurez consciente los obstáculos y los desafíos de la vida, con la seguridad de que el Señor resucitado, como nos recordó la liturgia durante la Vigilia pascual, es «rey eterno que ha vencido las tinieblas del mundo». Sólo él es el camino, la verdad y la vida.

El ser humano, aun con las admirables capacidades que caracterizan su inteligencia, sólo logra balbucear cuando se trata de definir el sentido último de la existencia y el fin auténtico de la vida y la muerte. La investigación científica y filosófica, si se realiza de modo honrado y abierto a la verdad, lleva casi naturalmente a abrir el corazón al misterio de Dios trascendente, descubriendo así finalmente respuestas apropiadas. Cristo sale al encuentro de nuestra sed de infinito con su palabra de salvación. Se encarnó para iluminar nuestra existencia.

Queridos padres y queridos educadores, ayudad con el ejemplo a vuestros hijos y alumnos a recorrer el camino que conduce a Cristo, luz del mundo. Y vosotros, queridos jóvenes y muchachos, de todas las edades y de todas las clases, agradeced el hecho de vivir en un ambiente donde es más fácil conocer y amar a Jesús y donde os preparáis para ser mensajeros de su Evangelio en todos los lugares a donde os lleven las circunstancias de la vida. Jesús camina con vosotros: os deseo de corazón que sintáis siempre la alegría y el consuelo de su presencia luminosa y fortalecedora.

4. Queridos hermanos, acabamos de empezar el mes de mayo, dedicado tradicionalmente a la Virgen. Se trata también del período conclusivo de la actividad de la escuela. Os encomiendo a cada uno a María santísima. Monseñor Paolo Angelo Ballerini profesó una tierna devoción a la santísima Virgen, aprendiendo de ella a cultivar un constante anhelo espiritual y un intenso empeño de estudio, que lo llevó a conjugar singularmente la bondad con el saber. Queridos hermanos, que así sea también para vosotros. Como él, mirad a María; invocadla con confianza filial; imitadla con docilidad fiel. Que la Madre de Dios reine siempre en vuestra vida y en vuestro colegio.

Con estos deseos, os imparto complacido la propiciadora bendición apostólica, que extiendo a todos vuestros seres queridos.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

       

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