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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS PEREGRINOS QUE VINIERON
PARA LA BEATIFICACIÓN DE 12 SIERVOS DE DIOS

Lunes 11 de mayo de 1998

 

Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
amadísimos religiosos y religiosas;
hermanos y hermanas:

1. El clima de alegría y fiesta que ha impregnado la solemne liturgia de beatificación, celebrada ayer en la plaza de San Pedro, prosigue hoy y se profundiza en este encuentro, en el que, una vez más, queremos detenernos a reflexionar juntos en los ejemplos de santidad que nos han dejado estos heroicos hermanos nuestros en la fe.

Mi afectuoso saludo va a todos vosotros, que habéis venido a Roma para participar en los solemnes ritos de beatificación. Deseo de corazón que, de esta peregrinación a Roma, cada uno de vosotros obtenga copiosos frutos para sí y para sus respectivas comunidades.

2. Saludo a todos los peregrinos presentes en Roma con ocasión de la beatificación del padre Kassab Al-Hardini, en particular al patriarca maronita, cardenal Sfeir, a los obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, especialmente a los de la orden maronita libanesa; dirijo mis cordiales saludos a las numerosas personalidades de la sociedad civil, que han querido participar en esta fiesta religiosa.

El padre Nimatullah Al-Hardini es una figura ejemplar para los libaneses y un maestro de vida espiritual. Ante todo, para la Iglesia maronita y para todos los que se han consagrado en el sacerdocio o en la vida religiosa: les muestra que el primer testimonio para sus hermanos es el de una intensa vida de oración, radiante y fructuosa, gracias a la acción del Espíritu Santo. También es un modelo para las familias, que tienen la tarea de transmitir la fe a los jóvenes e infundirles el gusto por la oración. La familia del nuevo beato fue un hogar de vocaciones; sus padres supieron comunicar a sus hijos el sentido de Dios, de la entrega, y del amor a Cristo y a su Iglesia.

Invito, pues, a todos los cristianos del Líbano a seguir los pasos de este beato, figura eminente de ese amado pueblo. Queridos hijos del Líbano, permaneced fieles a vuestro compromiso cristiano, para ser testigos del amor, de la paz y de la misericordia del Señor. Que la Madre de Dios, por quien el padre Al-Hardini sentía un gran afecto, interceda por vosotros y os acompañe en vuestra búsqueda espiritual y en la edificación de una sociedad cada vez más fraterna. Os imparto a todos mi bendición apostólica.

3. Saludo con mucho afecto a los peregrinos de lengua española que han venido para participar ayer en la solemne ceremonia de beatificación de las madres Rita Dolores y Francisca Aldea, de la congregación de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús; de la madre María Gabriela de Hinojosa y seis compañeras del primer monasterio de la Visitación de Madrid; de las carmelitas descalzas madre María Sagrario de San Luis Gonzaga, mártir, y madre Maravillas de Jesús. Son esos testigos de la fe, que se unen a los numerosos mártires y bienaventurados de la noble tierra española. Al daros la bienvenida a esta audiencia especial, comparto vuestro gozo por la elevación a los altares de estas nuevas beatas, a las que, por diversas razones, os sentís particularmente unidos.

4. Las madres Rita Dolores Pujalte y Francisca Aldea honran sobremanera a su congregación, las Religiosas de la Caridad del Sagrado Corazón, de la que la madre Rita Dolores fue la segunda superiora general durante veintiocho años, velando por el bien del instituto y la formación de las hermanas. Al final de su vida, ya casi ciega, era ayudada por la madre Francisca, que siendo ecónoma general, la atendía también como enfermera. Su martirio culminó una vida de total entrega a Dios y al prójimo, en conformidad con su consagración religiosa, y hoy son ejemplo eximio para la congregación, para sus pueblos de origen, Aspe (Alicante) y Somolinos (Guadalajara) respectivamente, así como para todas las personas que entren en contacto con ellas. Con palabras de la fundadora, la sierva de Dios Isabel de Larrañaga, os digo: «Dad gracias a Dios por todo, por todo» y que la protección de estas dos nuevas beatas os acompañe en vuestro propósito de fidelidad al Señor.

5. La orden de la Visitación se alegra por la beatificación de las siete salesas del primer monasterio de la Visitación de Madrid. Las visitandinas de todo el mundo, desde el silencio austero y exigente del claustro, están hoy espiritualmente con nosotros para dar gracias a Dios por este gran regalo del Espíritu. Expresión de esa presencia fue ayer la ofrenda de las hostias para la santa misa enviadas por el monasterio de Annecy, en Francia. Con un numeroso grupo de hermanas externas de diversos conventos, han venido también familiares de las nuevas beatas salesas y amigos y bienhechores de la Visitación. A todos os saludo con afecto y, reconociendo el testimonio admirable de fidelidad a Dios y de amor por la vida comunitaria de estas religiosas que desde ayer están en los altares, os aliento a acoger su maravilloso ejemplo, siendo fuertes y coherentes en la vivencia de la fe en los diversos estados de vida. Que para ello os sea de ayuda la intercesión de estas mártires.

6. Numerosos peregrinos de Madrid, de Toledo, amigos del Carmelo y también profesionales del mundo de la farmacia han querido participar en estos actos en los que ha sido declarada beata también la madre María Sagrario de San Luis Gonzaga. La nueva beata carmelita nos ha legado un precioso modelo de seguimiento del Señor basado en la caridad. Caridad para con el prójimo vivida ya en la familia, afianzada después en los años de juventud con el compromiso en favor de los pobres y necesitados en los diversos apostolados y madurada en el abnegado servicio a las hermanas de la comunidad del monasterio de Santa Ana y San José, de Madrid. Todo ello sustentado, presidido e inspirado por el amor de Dios que la llamó a la vida exigente y austera del claustro. Su misma muerte fue un acto heroico realizado para salvar la vida de otros y manifestar el amor incondicional a Dios.

7. Muchos de los que hoy están presentes aquí conocieron también a la madre Maravillas de Jesús, otra preclara hija de la orden del Carmelo en nuestro siglo, que con gran decisión puso a Dios en el centro de su vida y por encima de cualquier otra preocupación. Eso la llevó a consagrarse al Señor por entero en el recogimiento de la vida claustral, con gran espíritu de penitencia y oración. Su vida es modelo de consagración religiosa y ejemplo a seguir por todos los cristianos, llamados a reconocer la primacía de Dios, en el que todas las cosas encuentran su verdadero fundamento y significado. Frente a la tentación de una vida fácil y superficial, la madre Maravillas supo mostrar el profundo atractivo de lo esencial, dando testimonio, una vez más, de que la vida contemplativa, permaneciendo fiel al propio carisma, «tiene también una extraordinaria eficacia apostólica y misionera» (Vita consecrata, 59). 8. Amadísimos hermanos y hermanas, estos nuevos beatos nos animan a proseguir con renovado impulso en el camino de santidad, que es amor a Cristo y a nuestros hermanos.

Al volver a vuestras tierras, llevad con vosotros el recuerdo vivo de los sugestivos momentos que habéis vivido en Roma e imitad en vuestra existencia diaria los ejemplos de estos hermanos y hermanas nuestros elevados al honor de los altares. Os asista la protección materna de la Virgen María, a quien está dedicado de modo especial este mes de mayo. Os acompañe también mi bendición, que os imparto de corazón a vosotros, a vuestras comunidades diocesanas y religiosas, y a vuestros seres queridos.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

       

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