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VISITA PASTORAL A LAS ARCHIDIÓCESIS DE VERCELLI Y TURÍN
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS FIELES DE LA
ARCHIDIÓCESIS DE VERCELLI REUNIDOS EN LA BASÍLICA DE SAN ANDRÉS
Sábado 23 de mayo de 1998
Señor ministro; señor alcalde; distinguidas
autoridades; amadísimos hermanos y hermanas de Vercelli:
1. Expreso toda mi alegría por estar hoy en medio de vosotros y
elevo mi acci ón de gracias a Dios, que me brinda la oportunidad de visitar
vuestra ilustre ciudad.
Agradezco al señor alcalde las amables palabras de bienvenida
que me ha dirigido en nombre de todos los ciudadanos. Doy las gracias y saludo
cordialmente al señor ministro, así como a los representantes de las
instituciones civiles y militares, que han querido honrar este encuentro con su
presencia. Mi afectuoso saludo va, asimismo, al venerado pastor de esta
archidiócesis, el querido monseñor Enrico Masseroni; a su predecesor y ahora mi
colaborador en Roma, el querido monseñor Tarcisio Bertone; y a todos vosotros,
aquí reunidos, así como a cuantos no han podido estar presentes físicamente,
pero se hallan unidos a nosotros mediante la radio y la televisi ón. Un saludo
deferente dirijo a los representantes de la antigua comunidad judía y a los de
la comunidad musulmana, que están hoy con nosotros.
2. Mi primer encuentro con los ciudadanos de Vercelli tiene
lugar en este antiguo templo, dedicado al apóstol san Andrés, que está a cargo
de los beneméritos canónigos lateranenses, representados aquí por el abad
general. La basílica, símbolo de la ciudad, es conocida por su espléndida
belleza artística: una verdadera obra de arte de la arquitectura gótico-románica
del siglo XIII. Conocida como el principal monumento ciudadano, la basílica de
San Andrés constituye la síntesis admirable de una larga tradición en la que
se entrelazan las dos dimensiones esenciales de la ciudad: la civil y la
religiosa. Por tanto, a la vez que representa una gloriosa memoria del pasado,
asume el valor de indicación y advertencia para un prometedor impulso hacia
el futuro.
La «memoria» se ha cristalizado a lo largo de los siglos y se ha
concretado en las numerosas expresiones artísticas que hacen de Vercelli una de
las ciudades más ricas en monumentos y obras pictóricas del Piamonte.
Pero la basílica de San Andrés, con su impulso arquitectónico y
sus atrevidas líneas, invita a mirar hacia lo alto. Este es el primer
mensaje que brota de este templo, al igual que de los otros grandes signos de la
fe edificados a lo largo de los siglos en los barrios de vuestra ciudad. Nos
recuerdan que el sentido de la vida y de la experiencia humana no se acaba en
las preocupaciones terrenas, sino que necesita de la luz que viene de lo alto.
En efecto, los valores de la fe que expresan estos monumentos antiguos no son
ajenos a las fatigas e inquietudes de cada día. Indican la dirección correcta y
dan pleno sentido a la historia y a los proyectos personales y comunitarios.
3. Amadísimos habitantes de Vercelli, parece que en vuestra
ciudad, a lo largo de su larga historia, coexisten dos almas, dos
sensibilidades, casi dos culturas: la urbana y la rural. ¿Cómo
olvidar, por ejemplo, que aquí surgió en 1228 la primera universidad del
Piamonte, el «Studium», que contaba con prestigiosos profesores en las
disciplinas jurídicas y médicas? Además, en tiempos recientes, esta provincia
ha sido reconocida como una de las capitales de la producción de arroz. ¿Y qué
decir de los grandes recursos culturales, que han ilustrado el pasado y siguen
caracterizando el presente de vuestra ciudad? La conmemoración de los 1650 años
de ordenación episcopal de san Eusebio, con la celebración del año eusebiano,
fue una ocasión oportuna para reavivar la memoria de las glorias de otro tiempo
y comprometer a los habitantes de Vercelli a mantener vivos en la conciencia de
los jóvenes los valores que han engrandecido a la ciudad en el curso de los
siglos. Se trata de un patrimonio inestimable que hay que transmitir fielmente a
las nuevas generaciones.
Para ese fin, ciertamente, es provechosa la colaboración entre
la comunidad civil y la eclesial, respetando cada una las competencias de la
otra, y ambas concordes en responder a las expectativas de quienes serán
ciudadanos adultos en el nuevo milenio. Los jóvenes necesitan un intenso
compromiso para resolver problemas muy concretos como los estudios y el trabajo.
A la vez, tienen derecho a vivir en una ciudad donde sea tangible el sentido de
la concordia, de la solidaridad y de la acogida. Sólo así Vercelli conservará la
imagen de ciudad pacífica y abierta a las novedades positivas que conlleva el
progreso.
4. Amadísimos hermanos y hermanas que vivís en esta ciudad,
vuestra historia es extraordinariamente rica en cultura y fe. Os corresponde
ahora a vosotros, herederos de un glorioso pasado, esforzaros por transmitir a
las futuras generaciones la antorcha de una tradición tan luminosa. Sabéis bien
cuán urgente es infundir en el actual ambiente cultural, azotado a menudo por el
viento gélido de la indiferencia y del egoísmo, la levadura evangélica de las
bienaventuranzas. Hace falta una acción valiente para formar las conciencias.
Pero la experiencia enseña que nada mejor que la fe logra mantener vivo en los
corazones el sentido de los valores morales. El cristiano convencido sabe
conjugar de modo responsable la competencia y la transparencia en el
cumplimiento de sus propios deberes.
Esto vale, en particular, para los que están llamados a ejercer
funciones públicas. La Iglesia suele elevar al Señor su oración por los
responsables del bien común. En este año dedicado al Espíritu Santo invoca para
ellos, de modo especial, los dones de consejo y fortaleza, tan necesarios para
promover en la sociedad el valor fundamental de la justicia. En efecto, a los
administradores públicos se les pide mucha valentía para privilegiar el bien
común ante cualquier forma de particularismo, y ocuparse de las exigencias de
los más débiles. Esto es lo que la gente espera sobre todo de los cristianos que
trabajan en los diversos ámbitos de la vida civil. Mucho se ha hecho en esta
dirección, pero aún queda mucho por hacer. Amadísimos hermanos y hermanas, os
aliento a proseguir por este camino, valorando las energías positivas presentes
en la comunidad y acogiendo la contribución de todas las personas de buena
voluntad.
5. Ciudad de Vercelli, ¡gracias por tu cordial acogida! Te
encomiendo a ti y a tus habitantes a san Andrés, patrono de esta basílica, y a
san Eusebio, primer obispo de la comunidad diocesana. Te encomiendo a María,
venerada en el santuario principal de la diócesis con el título de «Virgen de
los enfermos».
A ti, Virgen santa, te encomiendo a los niños, a los ancianos y
a todos los habitantes de esta región. Guía a cada uno hacia el gran jubileo del
año 2000 y acrecienta en todos la fe, para que en la tierra de san Eusebio sigan
floreciendo auténticos testigos de Cristo y del Evangelio.
Te encomiendo, María, a las personas solas o que tienen
dificultades, a los enfermos y, de modo especial, a los pacientes del hospital
de San Andrés, unido históricamente a los orígenes de esta basílica homónima.
Virgen santísima, que compartiste la pasión de Cristo en el Calvario, obtén para
los que sufren el consuelo de la esperanza cristiana.
A todos vosotros, queridos habitantes de Vercelli, os abrazo
cordialmente y os imparto mi afectuosa bendición apostólica.
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