DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LA FEDERACIÓN DE
ASOCIACIONES DEL CLERO EN ITALIA
Lunes 16 de noviembre de 1998
Amadísimos
hermanos:
1. ¡Bienvenidos! Os dirijo a todos mi cordial saludo, con ocasión de
esta grata visita, expresión del fuerte y sincero vínculo con la Cátedra de
Pedro que ha caracterizado siempre a la Federación de asociaciones del clero en
Italia. Os saludo con afecto a todos y doy las gracias de modo particular a
vuestro presidente, que se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos.
Conozco
las actividades que realizáis en favor de gran parte del clero que vive y
trabaja en Italia. Procuráis salir al encuentro de las esperanzas y
preocupaciones que, en diversos niveles, afectan a la vida espiritual, pastoral,
social, jurídica y económica de los presbíteros y los diáconos. Por tanto,
prestáis un gran servicio en las diócesis y en el entramado de relaciones de
toda la Iglesia en Italia.
Me alegro por ello y me uno a vosotros en la acción
de gracias al Señor, que ama a sus ministros con singular predilección y que
precisamente a ellos les ha señalado que la actitud de servicio recíproco es el
modelo que deben testimoniar y anunciar a todos los cristianos y a todo el
mundo.
2. Al mismo tiempo, quisiera alentaros a perseverar en vuestro
compromiso, intensificando los esfuerzos, coordinando las intervenciones y
superando los posibles obstáculos y el desaliento.
Sed conscientes de que
vuestra acción redunda en beneficio de toda la comunidad eclesial, llamada a
responder hoy a muchos desafíos nuevos.
Por lo que atañe a vuestra misión específica al servicio del clero, quisiera destacar tres aspectos de gran
importancia.
Ante todo, el compromiso del diálogo en un tiempo de
indiferencia, particularmente entre los hermanos en el sacerdocio, con el propio
obispo, con las comunidades, con las personas que se han alejado de la Iglesia,
y con cualquiera que atraviese dificultades.
A ese diálogo provechoso e
indispensable hay que añadir la exigencia de una colaboración constante,
que es búsqueda de un camino común, entre los ministros ordenados y los
laicos, para la realización del reino de Dios en el mundo.
Por último, en ese
camino es cada vez mayor la necesidad de signos concretos, en este tiempo
de inflación de palabras. Es decir, se trata de construir, con la humildad de
los gestos, unas relaciones reales y tangibles de amistad y comunión.
3. Queridos hermanos en el
sacerdocio, que el Señor os apoye e ilumine con la fuerza de su Espíritu, para
que podáis ayudar a la Federación de asociaciones del clero en Italia a
responder a estas exigencias con apertura de mente y de corazón.
Con este fin, invoco también la
asistencia de María, Madre de la Iglesia, y, a la vez que os aseguro mi
constante recuerdo en la oración, os imparto de buen grado la bendición
apostólica a vosotros y a todos los que forman parte de vuestra asociación.
Copyright © Libreria Editrice Vaticana
|