DISCURSO DEL PAPA
JUAN PABLO II
A VARIOS GRUPOS DE PEREGRINOS
Plaza de San
Pedro
Sábado 24 de octubre de 1998
Venerados hermanos en el episcopado y en el
sacerdocio;
amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra acogeros y encontrarme
con vosotros en esta plaza, en la que vuestras diferentes procedencias y
experiencias eclesiales están llamadas a confluir, para un singular momento de
Iglesia, en presencia del Sucesor de Pedro.
Dirijo a cada uno mi saludo cordial:
a vosotros, socios y amigos de la asociación «Nuestra Familia»; a vosotros,
dirigentes y ancianos de la Asociación nacional de centros sociales; a vosotros,
peregrinos de la archidiócesis de Rávena-Cervia; a vosotros, miembros de los
Consultorios familiares de inspiración cristiana; y, por último, a vosotros, que
sois los más numerosos, alumnos, profesores y padres de las escuelas católicas
de Roma y de otras partes de Italia.
Al veros reunidos no puedo menos de pensar
en la riqueza y variedad de los dones del Espíritu Santo, suscitados y
distribuidos continuamente en la Iglesia para que ella, como organismo
espiritual que prolonga la acción salvífica de Cristo, se difunda en todos los
ámbitos de la sociedad y llegue a los hombres y mujeres de las diversas edades y
condiciones de vida. A los peregrinos de Rávena
2. Amadísimos hermanos y
hermanas de Rávena, ¡sed bienvenidos! Vuestro arzobispo, monseñor Luigi Amaducci,
al que abrazo fraternalmente, os ha guiado a Roma con ocasión del noveno
centenario del hallazgo de la venerada imagen de la «Virgen griega», tan querida
por vuestra comunidad y que, con devoción, voy a coronar. Os expreso mi gran
satisfacción por esta iniciativa, que brinda la ocasión propicia para celebrar
también el milenio de mi predecesor Silvestre II, el Papa del año 1000, que fue
arzobispo de Rávena. Esto nos lleva a pensar en el importante papel que Rávena
ha desempeñado en la historia de la Iglesia, y que oportunamente habéis
conmemorado con las celebraciones del 1450 aniversario de san Vital. Ojalá que
vuestra fe resplandezca como los mosaicos de vuestras estupendas basílicas.
Saludo, asimismo, al cardenal Ersilio Tonini, que fue vuestro arzobispo y que se
ha unido a vuestra peregrinación a Roma.
3. Amadísimas Pequeñas Apóstoles de la Caridad; amadísimos hermanos y hermanas
de la asociación «Nuestra Familia », este año se celebra el centenario del
nacimiento del siervo de Dios don Luigi Monza, vuestro fundador, sacerdote
lombardo animado de gran espíritu apostólico. Habéis querido recordarlo
oportunamente con el congreso del pasado mes de marzo, que abordó los temas de
la paternidad, la secularidad y la sociabilidad. Doy gracias al Señor por todo
lo realizado a través de la obra de don Monza y de sus hijos espirituales en
Italia y en otras naciones del mundo, al servicio de las personas minusválidas.
«Nuestra Familia» cuenta hoy con numerosos centros de rehabilitación que
demuestran, mejor que las palabras, que el Evangelio puede suscitar la
fraternidad también en la sociedad contemporánea, caracterizada en muchos
sectores por un nuevo paganismo. Os animo a proseguir con empeño, como Instituto
y como Asociación, en el espíritu de vuestro venerado padre espiritual.
4. Me dirijo ahora a vosotros, amadísimos ancianos, que habéis venido en gran número gracias a la organización de la
Asociación italiana de centros sociales, también con vistas al Año internacional
del anciano, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas para 1999.
Constituís una fuerza viva de la Iglesia y dais una contribución indispensable a
la sociedad, en la que la «tercera edad» representa un sector de la población
en aumento. Las Casas y las demás obras de promoción social de los ancianos
desempeñan un papel cada vez más importante, para que podáis ser activos,
partícipes y útiles a los demás. Ojalá que, con la necesaria solidaridad entre
las diversas generaciones, la comunidad cristiana sirva de ejemplo y aliciente
para toda la sociedad.
5. La presencia hoy entre nosotros de tantos ancianos y tantos jóvenes nos lleva
a pensar en la familia y en su importancia, no sólo social, sino también y sobre
todo educativa. Por eso, me alegra particularmente acogeros a vosotros,
representantes de los Consultorios familiares de inspiración cristiana,
presentes en todas las regiones de Italia. Aliento de corazón vuestro valioso
servicio. El congreso que estáis celebrando durante estos días afronta en
particular el tema de la adopción internacional. Al respecto, espero que todo
niño, especialmente si es víctima de situaciones difíciles, encuentre una
familia en la que pueda crecer en el amor y prepararse para la vida.
6. Queridos amigos que formáis las
comunidades educativas romanas de inspiración católica, mañana se celebra en
Roma la Jornada diocesana de la escuela católica, y por eso hoy habéis querido
reuniros con el Papa, juntamente con el cardenal vicario, Camillo Ruini, y el
vicegerente, monseñor Cesare Nosiglia. A todos os saludo cordialmente. También
se han unido a vosotros estudiantes, profesores y familias de muchas otras
ciudades. Juntos renovemos nuestra petición a las autoridades competentes para
que las escuelas católicas puedan vivir y crecer y se les reconozca la misma
dignidad de la escuela pública. ¿Cómo no entristecerse al ver que institutos
prestigiosos, apreciados por las familias, se ven obligados a cerrar? Espero que
se ponga fin a ese fenómeno, que empobrece gravemente a toda la realidad escolar
italiana.
Por esta razón, queridos administradores, profesores, alumnos y
padres aquí presentes, vuestro compromiso educativo y cultural es más valioso
aún. Ojalá que lo desempeñéis con serenidad y provecho, para que las nuevas
generaciones reciban, junto con conocimientos adecuados, auténticos valores
espirituales y morales.
Amadísimos hermanos y hermanas, gracias nuevamente a todos por
vuestra visita. Os encomiendo a cada uno a la solícita asistencia de la
santísima Virgen y os imparto de corazón, a vosotros y a vuestros seres
queridos, una especial bendición apostólica.