an,
mi sincera gratitud por los amables sentimientos de deferencia y los buenos
deseos que me ha expresado. A mi vez, formulo votos por su elevado mandato al
servicio de sus compatriotas.
Al agradecerle las nobles expresiones de reconocimiento que ha
pronunciado con referencia al proceso de independencia de la República de
Eslovenia, deseo asegurarle que la Santa Sede seguirá brindando su peculiar
apoyo a la querida nación que usted representa, así como a todos los pueblos que
luchan pacíficamente por afirmar sus legítimas aspiraciones a la libertad.
2. Sigue vivo en mí el recuerdo del viaje que tuve la alegría de
realizar a Eslovenia, en mayo de 1996, visitando Liubliana, Postojna y Maribor.
Confío en que esos momentos permanezcan en la memoria histórica del pueblo, como
aliciente para alimentar constantemente sus raíces espirituales, obteniendo de
ellas la linfa necesaria que le permita crecer unido y motivado, en el ámbito de
la gran familia de las naciones.
Especialmente en las fases históricas marcadas por rápidos
cambios y, por decirlo así, por bruscas aceleraciones en los procesos políticos,
económicos y culturales, es más necesario que nunca mantener bien firmes y vivos
los valores que no cambian y que distinguen de modo permanente y universal a la
persona humana y la convivencia civil. Esto es absolutamente indispensable sobre
todo desde el punto de vista educativo, con referencia a las nuevas
generaciones, que no han conocido personalmente el esfuerzo de propugnar ciertos
ideales y corren el riesgo de perder su sentido y sus exigencias. En efecto, una
sociedad es vital en la medida en que es capaz de transmitir los grandes valores
humanos y la pasión por su concreta realización histórica.
3. No cabe duda de que, para ello, la presencia activa y lo más
amplia posible de la comunidad eclesial desempeña un papel muy valioso. Según la
elocuente imagen evangélica de la levadura, favorece el desarrollo de toda la
sociedad hacia la justicia, la libertad, la paz y el respeto a los derechos
humanos. Eslovenia conoce bien todo esto, no por referencias, sino por su
secular experiencia histórica: los anales de la historia eslovena documentan la
aportación positiva de la religión católica a la vida del país y a la calidad de
su crecimiento moral y cultural.
Como su excelencia sabe, la Santa Sede es el órgano central de
la Iglesia católica, que, desde hace siglos, está bien enraizada también en la
República de Eslovenia. La Sede apostólica tiene la misión de promover, en unión
con los obispos locales, las relaciones con las autoridades estatales, y de
regular las que existen entre la Iglesia y el Estado. Desgraciadamente, esto no
fue posible durante el pasado régimen. Con la vuelta de la democracia, la
Iglesia católica ha obtenido nuevas posibilidades para desarrollar su actividad
de evangelización y de promoción humana.
4. Me ha alegrado la información que usted me ha proporcionado
sobre las soluciones que se han encontrado para algunas cuestiones de gran
importancia con vistas a las relaciones mutuas. Espero que, con un diálogo
sincero y leal, los representantes de la Iglesia y del Estado afronten otros
asuntos aún pendientes que son, desde hace años, objeto de discusiones. Una
solución justa para esos problemas no sólo beneficiará a la Iglesia católica,
sino también a toda la sociedad eslovena, a la que la Iglesia quiere servir y a
cuyo bienestar desea contribuir.
Señor embajador, le expreso mis mejores deseos de que el
cumplimiento de la alta misión que se le ha confiado sirva para desarrollar y
profundizar ulteriormente las relaciones mutuas, no sólo en beneficio de los
católicos eslovenos, sino también de todos los ciudadanos de la querida nación
que usted representa.
Le deseo, señor embajador, una feliz estancia en Roma. Puedo
asegurarle que encontrará siempre en mis colaboradores apoyo atento y acogida
cordial. Sobre usted, sobre el pueblo esloveno y sobre cuantos lo gobiernan en
las vísperas del tercer milenio, invoco de corazón la abundancia de las
bendiciones divinas.