A los responsables de la
Conferencia internacional católica
del escultismo
1. Con ocasión del 50 aniversario de la fundación de la
Conferencia internacional católica del escultismo, me uno de buen grado a la
acción de gracias de los hombres y mujeres que, desde los comienzos, han
participado en el movimiento scout católico y han recibido en él una exigente
formación espiritual y humana, que les ayuda en su vida diaria.
El encuentro entre el método scout y las intuiciones del padre
Sévin, s.j., ha permitido elaborar una pedagogía basada en los valores
evangélicos, según la cual se impulsa a cada joven a cultivar y desarrollar su
personalidad, haciendo fructificar los talentos que ha recibido. La ley scout,
al llevar a los jóvenes por el camino de las virtudes, los invita a la rectitud
moral y al espíritu de ascesis, y así los orienta hacia Dios y los llama a
servir a sus hermanos. Buscando hacer el bien, se convierten en hombres y
mujeres capaces de asumir responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad. En
el seno de una patrulla, en los campamentos y en otras circunstancias, los
scouts descubren al Señor a través de las maravillas de la creación, que están
llamados a respetar. Hacen también una valiosa experiencia de vida eclesial,
encontrando a Cristo en la oración personal, con la que pueden familiarizarse, y
en la celebración eucarística. Además, la unidad scout brinda a los jóvenes la
ocasión de aprender a vivir en sociedad, respetando a los demás.
2. La fraternidad scout internacional crea vínculos entre
personas de culturas, lenguas o confesiones diferentes, y constituye una
posibilidad de diálogo entre ellas. Con este espíritu, saludo a los equipos de
formadores y a las unidades scouts que se encargan de proponer a los jóvenes de
las ciudades y de los barrios, frecuentemente desempleados, el ideal y la
pedagogía de su movimiento. Esa actividad implica una verdadera dimensión
fraterna, que contribuye a la evangelización de personas que a menudo están muy
alejadas de Cristo y de la Iglesia, y al desarrollo de la paz y de la
colaboración entre los hombres y los pueblos. Me parece positiva la actitud de
los responsables y de los jóvenes del movimiento que favorecen encuentros con
miembros de otras comunidades eclesiales, con espíritu ecuménico, educando así
en el diálogo y en el respeto a los demás. Sin negar los principios específicos
del escultismo católico, esta apertura a los jóvenes de otras culturas y de
otras confesiones religiosas permitirá que Cristo sea más conocido y amado.
No olvido que el escultismo es también un lugar de maduración
de vocaciones para los jóvenes que desean comprometerse en el sacerdocio o en la
vida religiosa, así como en el matrimonio según los principios de la Iglesia.
En este marco educativo, encuentran en sus jefes y en sus compañeros un apoyo
fraterno y una ayuda valiosa para el discernimiento, a fin de responder
plenamente a la llamada del Señor.
3. En el umbral del año 2000, deseo vivamente que el movimiento
scout siga interrogándose sobre su modo de vivir más radicalmente los
compromisos evangélicos y dando un testimonio de colaboración armoniosa y de
comunión. En este sentido, será importante reconocer cada vez más las
sensibilidades propias de ciertas unidades en el seno mismo de las federaciones,
con voluntad de diálogo y de comprensión. También sería particularmente
significativo que la unidad del movimiento scout, a veces rota en el pasado, se
alcance durante el gran jubileo; así, a los ojos del mundo, se daría un
testimonio del amor fraterno y de la reconciliación que permiten reconocer a los
discípulos del Señor (cf. 1 Jn 4, 7-9).
4. Invocando sobre todos los scouts la asistencia del Espíritu
Santo y la intercesión de Nuestra Señora, animo vivamente al movimiento a
proseguir y a intensificar el servicio que presta a la juventud del mundo,
proponiéndole un ideal y dándole a Cristo como modelo de vida humana
perfectamente realizada y como camino hacia la felicidad, ya que él es «el
camino, la verdad y la vida » (Jn 14, 6). A todos los miembros de la
Conferencia internacional católica del escultismo, les imparto de corazón la
bendición apostólica.
Vaticano, 13 de septiembre de 1998