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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LAS COMUNIDADES DE LOS SEMINARIOS
MAYOR Y MENOR DE LA DIÓCESIS ITALIANA DE TREVISO


Martes 15 de septiembre de 1998

 

 Venerado hermano;
amadísimos sacerdotes y seminaristas:

1. Me alegra mucho encontrarme con vosotros, que formáis las comunidades de los seminarios mayor y menor de la diócesis de Treviso.

Saludo cordialmente a vuestro obispo, monseñor Paolo Magnani, y le agradezco las amables palabras que me ha dirigido, en las que he sentido vibrar la expresión del profundo vínculo de fe y de afecto que la Iglesia de Treviso alberga hacia el Sucesor de Pedro.

Amadísimos seminaristas, con gran alegría os acojo, junto con vuestros educadores, y os agradezco esta visita, que renueva en mí el sugestivo recuerdo de los días transcurridos en la casa que, desde hace varios años, vuestra diócesis me pone a disposición en Lorenzago de Cadore. En particular, pienso en el encuentro que tuve allí durante el pasado mes de julio con una numerosa representación de vuestra comunidad diocesana. Dentro de la Iglesia particular constituís un grupo importantísimo, por los valores que poseéis y por las esperanzas que sois capaces de cultivar: representáis, en cierto sentido, el futuro de la diócesis.

Amadísimos muchachos, que empezáis a abrir la mente y el corazón a los grandes interrogantes de la vida, y vosotros, queridos jóvenes, que ya afrontáis esos interrogantes a la luz de la investigación científica, filosófica y teológica, a vosotros os expreso mis mejores deseos de un sereno y provecho camino de crecimiento humano y espiritual.

2. La Iglesia, que os ha engendrado en la fe y que os está acompañando en el itinerario vocacional, mira con confianza vuestra experiencia formativa y os propone los mejores caminos, para que ese itinerario llegue a su meta. Conoce estos caminos no sólo en virtud de una sabiduría pedagógica humana, sabiduría que, sin embargo, no rechaza interpelar, sino sobre todo en virtud de la «plenitud de gracia y de verdad» (cf. Jn 1, 14. 17) que todos los días contempla en el misterio de Cristo.

Jesús es el camino (cf. Jn 14, 8). Con él y por él podemos llegar a la verdad plena sobre Dios y sobre nosotros, sobre el mundo y sobre la historia, sobre el bien y sobre el mal; gracias a él podemos obtener vida y libertad.

Así pues, que Jesús sea siempre el punto de referencia de vuestro camino diario. Que la experiencia formativa del seminario tenga ante todo y sobre todo esta finalidad: aprender a «estar con Jesús» (cf. Pastores dabo vobis, 42).

3. Naturalmente, no se trata de la mera permanencia física en un lugar ni del conocimiento sólo teórico e intelectual de una persona: también Judas «estuvo » con Jesús, pero no compartió su amor y su proyecto, no permitió que Cristo lo formara y lo transformara.

Para poder «estar con él», es necesario estar dispuesto a realizar en uno mismo el dinamismo ínsito en el triple momento de la vocación, la conversión y la comunión.

Vocación es concebir toda la vida como una respuesta. En cada momento el Señor, con su palabra, a través de las orientaciones formativas, las indicaciones de los superiores y las mismas circunstancias concretas, llama a cada uno a la perfección y a la santidad (cf. ib., 20), y espera una correspondencia generosa.

Conversión es realizar, con la gracia del Espíritu Santo, una configuración progresiva a Jesucristo (cf. ib., 21), tratando de eliminar en este camino, más aún, en esta «carrera» hacia él, «todo lastre y el pecado que nos asedia» (Hb 12, 1).

Comunión es vivir en Cristo y hacer que Cristo viva en mí, como se expresa eficazmente el apóstol san Pablo (cf. Rm 6, 10; Ga 2, 20), para llegar a ser, como él y en él, instrumentos eficaces del designio de amor de la santísima Trinidad, que quiere hacer de todos los hombres, mediante la Iglesia, una sola familia (cf. Pastores dabo vobis, 12).

4. Este camino, en sus exigencias fundamentales, es propio de cada cristiano y de toda la comunidad eclesial. Se precisa y se articula, dentro del gran organismo de €la Iglesia, vivificado por el Espíritu, en múltiples formas concretas de «llamada y respuesta», entre las cuales, de modo eminente, destaca la orientación al ministerio ordenado y al sacerdocio.

En este camino encontrará su más auténtico desarrollo la personalidad de cada uno de vosotros, con sus exigencias y sus potencialidades: la búsqueda de madurez humana (cf. ib., 43) y la madurez afectiva (cf. ib., 44), el impulso intelectual (cf. ib., 51-56) y el deseo de comprometerse en la construcción de un mundo más humano y más cristiano (cf. ib., 57-59).

Hoy, vivís una etapa particularmente significativa de vuestra existencia: el período del discernimiento vocacional y de la formación orientada a la vida sacerdotal. Es un período en el que tenéis la gracia y la oportunidad de compartir con otros coetáneos vuestros el mismo itinerario de búsqueda desde la perspectiva de los mismos ideales. Un período en el que, casi físicamente, experimentáis esa «comunidad apostólica formada en torno a Jesús, en la escucha de su palabra, en camino hacia la experiencia de la Pascua, a la espera del don del Espíritu para la misión» (ib., 60). Sed dignos de este singular momento de gracia. Acoged con constante atención la propuesta educativa que se os hace diariamente, reproduciendo en vosotros el «icono» de Jesús adolescente, quien, en el diálogo amoroso con el Padre y en la docilidad a María y José, sus educadores humanos, «progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2, 52).

5. En la memoria litúrgica de la Virgen de los Dolores, que celebramos hoy, quiero encomendar a cada uno de vosotros a su maternal solicitud. Que ella os ayude a seguir a Jesús con generosa disponibilidad, a «estar con él» siempre, también y sobre todo en la hora de la cruz, porque precisamente en la entrega total de sí se experimenta el amor de Dios y se reciben la luz y la fuerza del Espíritu Santo.

Con estos sentimientos, queridos hermanos, os imparto de corazón la bendición apostólica, que extiendo complacido a vuestros familiares y a cuantos acompañan vuestro camino vocacional.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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