MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS
MIEMBROS DE LA «FUNDACIÓN PAPAL»
A los miembros de la Fundación Papal
Una vez más me alegra dar la bienvenida a los
miembros de la Fundación Papal y expresarles mi gratitud por el apoyo que la
fundación ha dado nuevamente este año al Sucesor de Pedro en su ministerio
apostólico de «solicitud por todas las Iglesias» (2 Co 11, 28).
Nuestro encuentro tiene lugar al inicio del tiempo
pascual, cuando la Iglesia entera, en cierto sentido, vuelve a sus orígenes: al
sepulcro vacío y al cenáculo de Jerusalén, donde el Señor resucitado se
apareció a los Apóstoles y les prometió que derramaría sobre ellos su
Espíritu Santo. Durante este tiempo santo la Iglesia recuerda también la
misión que Cristo encomendó a san Pedro y a los demás Apóstoles,
encargándoles anunciar el Evangelio y dar testimonio de él hasta los confines
de la tierra (cf. Hch 1, 7). Esta gran misión ha sido continuada en
todos los tiempos por los sucesores de los Apóstoles, encabezados por Pedro.
Espero y pido a Dios que la visita que realizáis hoy al Sucesor de Pedro
renueve en cada uno de vosotros un sentido de comunión gozosa con el Señor de
la vida y también una determinación cada vez más firme de
colaborar en la misión universal de su Iglesia.
En los años pasados desde su constitución, la
Fundación Papal ha mostrado una solicitud particular por las necesidades de la
Iglesia en los países que están en vías de desarrollo. Aprecio vivamente este
compromiso de solidaridad real con nuestros hermanos y hermanas del mundo entero
que miran con esperanza el testimonio que la Iglesia da del Evangelio y sus
esfuerzos por promover la justicia, la reconciliación y la cooperación
fraterna entre los miembros de la familia humana. Esperando ese tiempo de gracia
que es el gran jubileo del año 2000, os invito a seguir trabajando y orando
para que la Iglesia, en la vida de sus miembros, se convierta cada vez más
plenamente en signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad
de todo el género humano (cf. Lumen gentium, 1).
Con gran afecto os encomiendo a vosotros y a vuestras
familias a la intercesión amorosa de María, Madre de la Iglesia. A todos los
que colaboran en la labor de la Fundación Papal les imparto de corazón mi
bendición apostólica, como prenda de alegría y paz en nuestro Señor
Jesucristo.
Vaticano, 12 de abril de 1999
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