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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO EUROPEO
DE JÓVENES EN SANTIAGO DE COMPOSTELA

8 de agosto de 1999

Queridos jóvenes de Europa
Queridos jovens de Europa
Chers jeunes d'Europe
Liebe Jugendliche aus Europa
Cari giovani dell'Europa
Dear young people of Europe
Kochana mlodziezy Europy

¡Un saludo muy afectuoso a todos los jóvenes europeos!

1. Con ocasión del Encuentro Europeo de Jóvenes me dirijo a vosotros, reunidos en Santiago de Compostela junto a la tumba del primer Apóstol que dio su vida como testigo del Señor. Os saludo desde Roma para expresaros mi gran confianza en vosotros y mi alegría por este Encuentro, al que me uno en espíritu como peregrino de la fe. Durante días o semanas, a pie o de modos diversos, habéis recorrido el Camino de Santiago partiendo de diferentes ciudades y naciones de nuestro querido Viejo Continente. Representáis a la juventud de toda Europa: la Europa mediterránea, la central y la nórdica, la Europa anglosajona y la eslava. Sois la juventud europea que, movida por la fe en Jesucristo, se ha puesto en camino en este Año Santo Compostelano, pórtico del Gran Jubileo del 2000.

2. Queridos jóvenes: la Iglesia os mira con esperanza; cuenta con vosotros. Sois las generaciones llamadas a transmitir el don de la fe al nuevo milenio. No defraudéis a Cristo que, lleno de amor, os llama a su seguimiento y os envía, como al apóstol Santiago, hasta los confines de la tierra. Tomad en vuestras manos el bordón del peregrino -que es la Palabra de Dios- y andad los senderos de Europa anunciando con valentía la Buena Noticia de Cristo, el Hombre perfecto, el Hombre nuevo, que revela a los hombres y mujeres de todos los tiempos su grandeza y su dignidad de hijos de Dios. Este es hoy el mejor servicio que podéis prestar a la sociedad: ofrecer el Evangelio de Cristo encarnado en vuestra vida con toda su radical novedad. Una novedad capaz de seducir el corazón de la juventud por su belleza, su bondad y su verdad.

3. Jóvenes de Europa: ¡Dejaos renovar por Cristo! La nueva evangelización -de la debéis ser protagonistas- empieza por uno mismo, por la conversión del corazón a Cristo. Vivid en intimidad con él; descubrid en la oración las riquezas de su persona y de su misterio; volved a él cuando necesitéis la gracia del perdón; buscadle en la Eucaristía, fuente de la vida; y servidlo en los pobres y necesitados que esperan su paso benefactor. No os conforméis con la mediocridad. El Reino de los cielos es de quienes se esfuerzan con violencia por entrar en él (cf. Lc 16, 16; Mt 11, 12). Como dije hace diez años en ese Monte del Gozo: ¡No tengáis miedo a ser santos! Tened el coraje y la humildad de presentaros ante el mundo decididos a ser santos, pues de la santidad brota la libertad plena y verdadera. Esta aspiración os ayudará a descubrir el amor auténtico, no contaminado por el permisivismo egoísta y alienante; os hará crecer en humanidad mediante el estudio y el trabajo; os abrirá a una posible llamada a la donación total en el sacerdocio o la vida consagrada; os convertirá de «esclavos» del poder, el placer, el dinero o la carrera, en jóvenes libres, «señores» de la propia vida, dispuestos siempre a servir al hermano necesitado, a imagen de Cristo siervo, para dar testimonio del Evangelio de la caridad.

4. A la Virgen María, que en el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela aparece representada con el expresivo gesto de aceptar la voluntad divina, encomiendo los frutos espirituales del Año Jubilar Compostelano y de este Encuentro Europeo de Jóvenes. Ella, que según una piadosa tradición fue la válida sostenedora del apóstol Santiago, ahora está llamada a guiar, como estrella del tercer milenio, los pasos evangelizadores de los nuevos apóstoles del Señor en la construcción de una Europa unida y amante de la paz, fiel a sus raíces cristianas y a los valores auténticos que hicieron gloriosa su historia y benéfica su presencia en los demás continentes; una Europa que pueda ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo.

5. Antes de concluir este Mensaje, deseo saludar también a los Señores Obispos, a los queridos sacerdotes, religiosos y religiosas y a cuantos cooperan con ellos en la pastoral juvenil.

Sobre todos vosotros, peregrinos de Compostela, invoco la «gran perdonanza» de Dios Padre, rico en misericordia, y al encomendaros bajo la poderosa protección del Señor Santiago os imparto con gran afecto la Bendición Apostólica: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

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