 |
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS PARTICIPANTES EN UNA PEREGRINACIÓN DE LA REPÚBLICA CHECA
Sábado
18 de diciembre de 1999
Señor presidente; señor cardenal; venerados hermanos en el
episcopado; amadísimos hermanos y hermanas de la República Checa:
1. Con gran alegría os saludo a todos vosotros, que habéis venido para
entregarme el abeto proveniente de la querida nación checa. Este regalo de
Navidad testimonia el sentido de respeto y deferencia que el amado pueblo
checo tiene por la Sede apostólica y, al mismo tiempo, es símbolo de cordial
participación en la alegría de las fiestas navideñas que se celebran aquí,
en el Vaticano, con la particular solemnidad que requiere el inicio del gran
jubileo.
Ayer me reuní ya con numerosos representantes de la República Checa, con
ocasión de la audiencia concedida a los participantes en el Simposio
internacional sobre Jan Hus, importante momento de reflexión sobre una página
dolorosa de la historia religiosa y civil de esta nación. Y ahora tengo la
alegría de dirigir mi cordial saludo al presidente de la República Checa, señor
Václav Havel, y a su gentil esposa. Le agradezco, señor presidente, las
nobles palabras con las que ha querido subrayar el significado de la
iniciativa tomada por el Gobierno de regalar al Papa el hermoso árbol de
Navidad que se yergue majestuosamente junto al belén de la plaza de San
Pedro. Saludo, asimismo, al señor cardenal Miloslav Vlk y le agradezco las
palabras de afecto fraterno que me ha dirigido. Por último, extiendo mi
cordial saludo al obispo monseñor Frantisek Lobkowicz, a todos los prelados
de la Conferencia episcopal checa, a los fieles de la diócesis de
Ostrava-Opava, principales artífices de la realización de esta iniciativa, y
a los fieles de la comunidad checa de Roma.
A todos vosotros, a vuestros colaboradores que han permanecido en sus hogares,
a los patrocinadores y a cuantos se han ofrecido para transportar el árbol,
expreso mi más profundo agradecimiento por la contribución dada por cada
uno. Dirijo un saludo especial a la banda "Vallasský-vojvoda", que
acompaña el feliz encuentro para la iluminación del árbol. Gracias a
vosotros la fiesta de la Natividad del Señor, aquí en la plaza de San Pedro,
será seguramente más solemne.
2. Este abeto, que ya desde hace algunos días se eleva al cielo adornado
con luces sugestivas, proviene de la montaña de Beskydy, región de Ostrava y
Opava, cerca de Morávka. Además de este árbol, habéis querido ofrecer
otros abetos pequeños, que se colocarán en varios lugares del palacio apostólico
y de la Curia, todos adornados con artesanías de esa misma región. Habéis añadido
tres estatuas vestidas con los trajes tradicionales de Valassko, que se
encuentran situadas junto a las que se usan generalmente en el belén de la
plaza de San Pedro.
El árbol de Navidad, así como el belén, crea el clima típico de la Navidad
y puede ayudarnos a comprender mejor el mensaje de salvación que Cristo
vino a traer con su encarnación. Desde la cueva de Belén hasta la cruz del Gólgota,
él dio testimonio, con toda su vida, del amor de Dios a los hombres. Según
el evangelista san Juan, él es "la luz verdadera, que ilumina a todo
hombre" (Jn 1, 9).
Como símbolo de esta luz, brillan las luces en el árbol de Navidad, para
ahondar en nosotros la conciencia del gran misterio: en Cristo
está presente la luz capaz de cambiar el corazón del
hombre.
3. Amadísimos hermanos y hermanas, al mismo tiempo que os agradezco de
corazón esta visita, os expreso a todos vosotros y a vuestros seres queridos
mis mejores deseos de una feliz Navidad y un próspero Año nuevo en medio del
afecto de vuestras familias.
Ojalá que las inminentes fiestas navideñas susciten y refuercen en todos la
fe en la presencia y en el amor de Dios.
Con estos sentimientos, os imparto complacido a vosotros, a vuestros
familiares y a toda vuestra nación una especial bendición apostólica.
|