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DISCURSO DEL SANTO PADRE A UN GRUPO
DE MUCHACHOS DE LA ACCIÓN CATÓLICA ITALIANA
21 de diciembre
Amadísimos muchachos y muchachas de la Acción católica italiana:
Me alegra acogeros hoy, como cada año, en este encuentro que nos brinda la
ocasión de intercambiarnos las felicitaciones por la santa Navidad y el Año
nuevo. Os saludo con gran afecto a cada uno de vosotros, así como al presidente
nacional de la Acción católica y al asistente general. A todos y a cada uno os
abrazo con gran cordialidad. Os agradezco las palabras que me habéis dirigido y
los sentimientos que habéis querido manifestarme. Los aprecio de modo
particular, porque van acompañados por vuestro recuerdo en la
oración. Gracias, queridos muchachos, por todo esto.
Ya casi hemos llegado a la santa Navidad, fiesta muy entrañable para las
familias cristianas. Mi pensamiento va naturalmente a vuestras familias y a
todas las familias del mundo. Al volver a vuestra casa, llevad a vuestros seres
queridos el saludo del Papa y sus mejores deseos de serenidad y de paz. Pensad,
al mismo tiempo, en cuantos no podrán vivir con serena alegría estos días de
fiesta.
La Navidad es un día singular que nos invita a la solidaridad y al amor; nos
invita a abrir nuestro corazón a los hermanos, especialmente a los necesitados.
El Niño Jesús, al nacer en Belén, trajo al mundo el don valioso del amor,
para que, como luz resplandeciente, ahuyente del corazón del hombre las
tinieblas del egoísmo y de la tristeza y colme su corazón de auténtica alegría.
A cada uno de vosotros y a los diversos grupos de la Acción católica que
representáis os deseo que redescubráis el amor divino, que envuelve y da
sentido pleno a la existencia humana. La Virgen, que en Belén dio al mundo a
nuestro Redentor, os ayude a acogerlo en vuestro corazón.
Queridos muchachos y muchachas, a la alegría de la Navidad de este año se une
también la del Año jubilar, que comenzará precisamente en Nochebuena, con la
solemne apertura de la Puerta santa en la basílica vaticana. Preparaos para
vivir intensamente este extraordinario tiempo de gracia; sed apóstoles de
vuestros coetáneos, ayudándoles a captar el auténtico espíritu del Año
santo y a vivirlo a fondo.
Os agradezco una vez más esta grata visita y os bendigo de corazón a vosotros,
a vuestros amigos, a vuestras familias y a cuantos os acompañan en vuestro
camino de crecimiento humano y espiritual. ¡Feliz Navidad!
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