VIAJE A MÉXICO Y SAN LUIS
MENSAJE DEL ROMANO PONTÍFICE A LOS NIÑOS
DEL HOSPITAL INFANTIL «CARDENAL GLENNON»
Queridos niños, me alegra poder encontrarme personalmente con algunos de
vosotros y abrazaros uno a uno en el Kiel Center, durante mi visita a San Luis.
Aunque no he podido reunirme con todos vosotros hoy, os llevo a todos en mi
corazón. Deseo que los niños y las niñas que reciben atención médica en el
Hospital infantil Cardenal Glennon, y todos los niños enfermos, dondequiera que
se encuentren, sepan que el Papa ora por cada uno de ellos.
Sabéis cuánto amaba Jesús a los niños y cuánta alegría sentía al estar
con ellos. También vosotros sois muy especiales para él. Algunos de vosotros y
de vuestros amigos habéis sufrido mucho, y sentís el peso de lo que os ha
sucedido. Deseo animaros a ser pacientes y estar cerca de Jesús, que sufrió y
murió en la cruz por amor a vosotros y a mí.
A vuestro alrededor hay otras personas que os aman mucho. Entre ellas, las
religiosas Franciscanas de María, que durante muchos años han dirigido
fielmente este hospital. También están los que os cuidan actualmente y los que
trabajan con empeño para sostener el Hospital infantil Cardenal Glennon. Y, por
supuesto, están vuestras familias y vuestros amigos, que os aman mucho y
quieren que seáis fuertes y valientes. Me da mucha alegría bendecirlos a
todos.
Hoy pienso también en muchas otras personas enfermas de la archidiócesis de
San Luis y de otros lugares. Envío mi saludo a todos los enfermos, a los que
sufren y a los ancianos, y les aseguro que ocupan un lugar especial en mis
oraciones diarias. Desempeñan un papel particularmente fecundo en el corazón
espiritual de la Iglesia.
Invito a todos los enfermos a confiar en Jesús, que dijo: «Yo soy la
resurrección y la vida» (cf. Jn 11, 25). En unión con él, también
nuestras pruebas y nuestros sufrimientos contribuyen a la redención del mundo.
Que María, su Madre, os acompañe y colme de felicidad vuestro corazón. Con mi
bendición apostólica.
San Luis, 26 de enero de 1999
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