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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LAS HIJAS DE SAN
JOSÉ DE CABURLOTTO
Queridas hermanas del instituto Hijas de San
José de Caburlotto:
1. Os saludo con afecto, con ocasión del XXIII
capítulo general de vuestra congregación. La asamblea capitular tiene lugar en
vísperas del año 2000, en el que se conmemorarán los 150 años de fundación
de vuestra familia religiosa. En esta circunstancia, quisiera expresaros mi
gratitud y mi aprecio por el servicio apostólico que prestáis en la Iglesia.
Al mismo tiempo, quisiera aprovechar esta ocasión para reflexionar con vosotras
en vuestra misión, dentro del marco de las experiencias acumuladas a lo largo
de los años.
Un recuerdo agradecido va, ante todo, a vuestro
venerable fundador, monseñor Luigi Caburlotto, cuyas virtudes heroicas
reconocí con el decreto del 2 de julio de 1994. En tiempos difíciles sintió
la llamada evangélica a convertirse en educador y en padre de niños y jóvenes
afligidos por la pobreza y el abandono. La experiencia le había enseñado cuán
importantes son la educación y la instrucción escolar, también con vistas a
la evangelización. Por eso, se dedicó con incansable celo a la fundación de
escuelas populares e institutos de formación, sin descuidar la colaboración
con las instituciones públicas.
2. Fieles al mandato de vuestro fundador, para el
próximo capítulo habéis elegido como tema de reflexión: «Carisma
fundacional y Regla de vida». Así, pretendéis examinar el patrimonio
espiritual, pedagógico y misionero heredado de un pasado más que secular, a la
luz del magisterio de la Iglesia. Las condiciones sociales de los países donde
trabajáis, la crisis de vocaciones, los problemas relacionados con las
legislaciones escolares y la educación de los menores de edad os obligan a
realizar un profundo análisis de la formación, la mentalidad, el lenguaje y
las opciones apostólicas.
Repasando el camino recorrido, sentís necesidad de
dar gracias a Dios por el bien que ha realizado vuestro instituto y por los
frutos apostólicos que han enriquecido las diversas fases de su historia. A la
vez, la certeza de los desafíos del presente os impulsa a meditar y estudiar
sistemáticamente las Constituciones, el Directorio espiritual y el Directorio
normativo, para recuperar con toda su fuerza la espiritualidad típica de
vuestro instituto. Al respecto, será muy útil la lectura de los escritos de
vuestro venerable fundador, patrimonio que pertenece a todas las hermanas y
constituye una guía segura para el futuro.
3. Con la asamblea capitular,
vais a dar un nuevo paso, sumamente importante: una nueva redacción de
vuestra Regla de vida, de acuerdo con las orientaciones del Magisterio, que
reconoce el carisma de los fundadores. Vuestro fundador os ha transmitido su
particular experiencia del Espíritu para que la desarrolléis constantemente,
mediante una dócil adhesión a las directrices de la Iglesia y un atento
análisis de los signos de los tiempos. En efecto, esta valiosa herencia se
configura como un modo peculiar de vivir los consejos evangélicos, un
estilo concreto de vida espiritual, una forma particular de apostolado, una
experiencia comunitaria característica y una inserción específica en el
mundo.
Vuestra familia religiosa, que ha madurado una conciencia
cada vez mayor de su propia identidad apostólica, quiere formular de nuevo
ahora el radicalismo de sus orígenes. Desde esta perspectiva, en vuestro
capítulo general os proponéis proceder a una nueva redacción de vuestra
Regla de vida, que muestre con mayor claridad la fisonomía apostólica de las
Hijas de San José de Caburlotto para el tercer milenio.
Deseo de corazón que este esfuerzo produzca una
presentación cada vez más orgánica de vuestro carisma específico en sus
componentes espirituales, comunitarios y apostólicos. En particular, no ha de
faltar una referencia explícita al misterio de la Encarnación contemplado en
Nazaret, del que deriva la típica «devoción del corazón», que resume
vuestro estilo específico de oración.
4. Aprovechando este encuentro, deseo dirigiros a todas
vosotras, Hijas de San José de Caburlotto, unas palabras de cordial aliento.
Vivid y proponed vuestra consagración religiosa como bien para la persona
humana, testimoniando en todo momento una fidelidad radical al carisma
educativo. Ojalá que sea profunda la apertura misionera en cada una de
vosotras, para apoyar a vuestras hermanas comprometidas en las fronteras de la
misión ad gentes. Orad incesantemente para que el Señor envíe muchas y
santas vocaciones a vuestro instituto. Que la oración se alimente del
ofrecimiento de las pruebas diarias. Pienso, de manera especial, en vuestras
hermanas ancianas y enfermas, que con sus sufrimientos constituyen un valioso
apoyo espiritual para la congregación.
Ojalá que entre vosotras, hermanas de diversos orígenes y
edades, reine el amor constante, que brota del corazón de Cristo. Sed signo
elocuente de esta caridad divina con vuestra vida y vuestras actividades
diarias. Que vuestra mirada no se aparte jamás de Cristo, quien, en el
misterio pascual, nos revela la misericordia del Padre celestial. Él os
repite a cada una de vosotras: «No temas, que yo te he rescatado y te he
llamado por tu nombre. Tú eres mía» (Is 43, 1). Así pues, habiendo
experimentado su amor ilimitado, estad dispuestas y deseosas de compartir con
los demás esta misma riqueza espiritual. El amor de Cristo, que impulsó a
vuestro fundador hace 150 años, y os ha sostenido a vosotras y a vuestras
hermanas hasta ahora, sea siempre el centro de vuestra existencia.
María, la Madre celestial de Dios y de la Iglesia, os
proteja y haga fructificar los trabajos de vuestro capítulo. Por mi parte, os
aseguro un recuerdo constante en la oración, a la vez que de buen grado
bendigo a la madre general, a las capitulares y a todas las religiosas de
vuestro instituto.
Vaticano, 30 de junio de 1999
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