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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
 DURANTE LA BENDICIÓN DE LA BIBLIOTECA
UNIVERSITARIA DE VARSOVIA

Viernes 11 de junio de 1999

Ilustres señores:

Quiero saludar cordialmente a todos los que se han reunido en este nuevo edificio de la Biblioteca de la universidad de Varsovia, durante tanto tiempo esperado, para tomar parte en la ceremonia de su bendición. Saludo en particular al señor cardenal primado, al rector magnífico, así como al Senado y a los profesores de la Universidad y al rector elegido. Me alegra la presencia de los rectores y los profesores de otras instituciones académicas de Varsovia. Saludo al señor ministro de Educación, a los representantes de la Academia polaca de ciencias, y a los representantes del mundo de la cultura.

La Biblioteca es una institución que, con su existencia misma, testimonia el desarrollo de la cultura. En efecto, está constituida por un tesoro de obras escritas, en las que el hombre manifiesta su creatividad, su inteligencia, su conocimiento del mundo y de los hombres, así como su capacidad de autodominio, de sacrificio personal, de solidaridad y de trabajo en favor del desarrollo del bien común (cf. Centesimus annus, 51). Se trata de una colección de libros, organizada sistemáticamente, en la que a los antiguos manuscritos e incunables se han añadido libros nuevos y periódicos. En conjunto constituye un signo elocuente de la unidad de las generaciones que se han sucedido, formando, a través de la variedad de tiempos y cuestiones, un patrimonio común de cultura y ciencia.

Así, la biblioteca es un templo particular de la creatividad del espíritu humano, en el que se refleja el Espíritu divino, que acompañaba la obra de la creación del mundo y del hombre. Si buscamos una motivación para la presencia del Papa en este edificio y para la ceremonia misma de la bendición, es necesario volver precisamente a aquel momento en el que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, y lo invitó a cooperar en la obra de la creación del bien y de la belleza. Todo esto pone de relieve el hecho de que el hombre responde a esa invitación. En cierto sentido, nos remite a Aquel que es la primera Causa de la existencia.

Por tanto, si hoy nos encontramos en este lugar, que recoge los frutos del trabajo creativo del hombre, es oportuna nuestra referencia a Dios, llena de gratitud; es oportuno nuestro deseo de que él bendiga este edificio, de que el soplo de su Espíritu esté aquí presente y se convierta en fuente de inspiración para las futuras generaciones de hombres de cultura y de ciencia.

La invitación que habéis hecho al Papa para bendecir este magnífico edificio es un signo elocuente de que el ambiente académico de la capital tiene una actitud positiva con respecto al patrimonio que el cristianismo ha legado, a lo largo de los siglos, a la cultura y a la ciencia de nuestra patria. Es signo de que aprecia su valor meta-temporal y de que no sólo desea seguir acudiendo a él, sino también multiplicarlo, aportando así al tesoro de la cultura frutos de estudios contemporáneos e investigaciones. Es signo, en particular, de una creciente conciencia de que la Iglesia y los ambientes científicos son aliados naturales al servicio del hombre.

Por último, quiero expresar la esperanza de que esta construcción se transforme, de acuerdo con las expectativas de los habitantes de la capital, en el inicio del nuevo barrio universitario de Powisle, que cambie el rostro de Varsovia. Ojalá que este esfuerzo común de las autoridades estatales, municipales y académicas dé ulteriores frutos, tan excelentes como este edificio que voy a bendecir. Espero que los que utilicen el tesoro que contiene esta Biblioteca encuentren en ella la meta y el coronamiento de su noble anhelo de buscar la verdad.

Que Dios os bendiga a todos.

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