DISCURSO
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A UN GRUPO ECUMÉNICO DE MADAGASCAR
Sábado
19 de junio de 1999
Señor cardenal; querido hermano en el
episcopado; queridos amigos:
Me alegra acogeros esta mañana a vosotros, miembros
del Consejo de las Iglesias cristianas de Madagascar. Habéis querido venir a
Roma para recordar el viaje que realicé a vuestro país hace diez años. Os
agradezco cordialmente este gesto de cortesía con el Sucesor de Pedro. Vuestra
visita me recuerda la acogida calurosa que me dispensó el pueblo malgache y el
encuentro fraterno que congregó en Antananarivo a los representantes de las
diferentes confesiones cristianas.
Sé que desde entonces habéis desarrollado la
colaboración entre vuestras diferentes comunidades, para manifestar de modo
más vivo y verdadero el testimonio de unidad de los discípulos de Cristo, al
servicio de todos sus compatriotas. Así, dais juntos una valiosa contribución
al desarrollo humano y espiritual de toda la nación.
Deseo vivamente que los cristianos de la «gran isla»
sigan profundizando, con renovado ardor, los vínculos de caridad y solidaridad
que los unen. Que Dios os conceda avanzar con valentía por las sendas de un
amor sincero y de una colaboración cada vez más fraterna, para que entre los
cristianos se realice cada vez más plenamente la oración del Señor: «Que
todos sean uno» (Jn 17, 21), a fin de que el mundo crea en Aquel a quien el
Padre envió.
Sobre cada uno de vosotros, sobre vuestras familias y
sobre todo el pueblo malgache, invoco de todo corazón la abundancia de las
bendiciones de Dios.
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