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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LAS CAPITULARES DE LAS HERMANITAS
MISIONERAS DE LA CARIDAD


Sábado 15 de mayo de 1999

 

Queridas Hermanitas Misioneras de la Caridad:

Al concluir vuestro IX capítulo general, habéis querido encontraros con el Sucesor de Pedro para reafirmar la adhesión fiel a la Iglesia de cada una de vosotras y de toda vuestra familia religiosa, según el espíritu de vuestro fundador, el beato Luis Orione.

Gracias por vuestra visita y por el significado que quiere expresar. Felicito a la madre María Ortensia Turati, confirmada para el próximo sexenio al frente de vuestro instituto. Le deseo a usted, así como al renovado consejo general, un fecundo servicio apostólico, guiando la congregación hacia iniciativas de caridad cada vez más vastas y eficaces.

Durante la asamblea capitular, que termina precisamente hoy, habéis reflexionado sobre el tema: «Arraigadas en Cristo, hacia una nueva unidad de vida, para un instituto más misionero». Sé que estos días de intensa oración, reflexión atenta y diálogo fraterno os han permitido mirar adelante, más allá del umbral del tercer milenio, para poner de relieve las expectativas y las urgencias que requieren respuestas generosas y proféticas, a imitación de la caridad de don Orione.

Para que vuestra Obra, que ya cuenta con casas en muchas naciones del mundo, pueda avanzar según su carisma propio, es preciso ante todo que permanezcáis «arraigadas» firmemente en Cristo. Contemplad a don Orione y su ejemplo de incesante unión con Jesús, adorado en la Eucaristía, amado en el misterio de su cruz y servido con infatigable entrega en los pobres más pobres. Sed fieles a Cristo siguiendo las huellas de don Orione. Que Cristo sea el centro de vuestro corazón y de todos vuestros proyectos de bien. Así, seréis misioneras de su evangelio de caridad dondequiera que trabajéis, y difundiréis en vuestro entorno el bálsamo saludable de la misericordia divina.

Vuestro carisma os llama a ser Misioneras de la Caridad, es decir, apóstoles de Dios, que es amor. Para realizar vuestra ardua misión, dejaos guiar por el Espíritu Santo hacia una unidad cada vez más profunda con Dios y entre vosotras: es una condición indispensable para realizar un apostolado siempre valiente y fiel. Que la oración incesante y la contemplación os iluminen y fortalezcan para que seáis auténticas «Hermanitas Misioneras de la Caridad». Pobres, pequeñas y humildes, como quería don Orione, para que podáis compartir efectivamente la condición de los marginados de la sociedad; pero preparadas y bien formadas, para responder de modo adecuado a los desafíos espirituales y sociales de nuestro tiempo.

La cooperación constante con los Hijos de la Divina Providencia, en nombre del fundador común, la apertura a los laicos, que con razón queréis intensificar para ensanchar vuestro radio de acción, una formación atenta a las nuevas exigencias de nuestra época, y una inserción permanente y orgánica en las Iglesias particulares harán que vuestro instituto sea realmente «más misionero», mediante intervenciones de amor preferencial a los pobres, con el deseo de llevarlos al encuentro con Cristo.

Queridas hermanas, os aseguro mi oración por vosotras al Señor, y encomiendo a la Virgen, Madre del buen consejo, todas las decisiones y mociones que surjan de vuestro capítulo general. Que ella guíe vuestros pasos y sostenga vuestros esfuerzos. Que don Orione vele desde el cielo por vosotras y por todas las instituciones de vuestra benemérita congregación.

Con estos sentimientos, os bendigo de corazón a vosotras, a vuestras hermanas, especialmente a las enfermas y a las que sufren, a las aspirantes y a las novicias, a vuestras familias y a cuantos son objeto de vuestro cuidado.

 

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