MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LA
FEDERACIÓN BÍBLICA CATÓLICA
A mons. Wilhelm EGGER Presidente de la
Federación bíblica católica
En el amor del Señor Jesús, saludo a los miembros
del comité ejecutivo y del consejo de administración, y a los coordinadores
subregionales de la Federación bíblica católica, reunidos en Roma para
celebrar el trigésimo aniversario de la Federación. Ésta es una oportunidad
para dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho la Federación a fin de poner
en práctica las directrices del concilio Vaticano II para que «los fieles
tengan fácil acceso a la sagrada Escritura» (Dei Verbum, 22).
En efecto, uno de los numerosos frutos del Concilio ha
sido el crecimiento del conocimiento y del amor a la Biblia entre los fieles
católicos, despertando un profundo sentido de la presencia divina en su vida.
Espero vivamente que vosotros y vuestros colegas sigáis haciendo todo lo
posible para asegurar que las inagotables riquezas de la palabra de Dios sean
cada vez más accesibles a los fieles de Cristo, a fin de que se preparen mejor
para afrontar los desafíos que su fe implica.
El Papa Pablo VI, al recibir hace treinta años a los
miembros fundadores de la Federación, les explicó que los obispos tienen como
primera responsabilidad ayudar a los fieles a alcanzar una buena inteligencia de
las Escrituras. Subrayó lo útil y necesario que era que instituciones como la
vuestra contribuyan a ayudarles en esta tarea. Lo que mi venerado predecesor
dijo entonces no es menos verdad ahora.
Sin una buena inteligencia de la Escritura no
existirá la plenitud de la oración cristiana, que comienza con la experiencia
de escuchar la palabra de Dios; ni existirá la fuerte predicación cristiana
que nace de la experiencia de oír la palabra de Dios y que dispone a los fieles
para escuchar lo que el predicador mismo ha escuchado antes; ni existirá
tampoco una teología cristiana que difunda la gran verdad de la palabra de
Dios, en vez de las incertidumbres del pensamiento humano. Al ayudar a los
obispos a enseñar el modo de hacer la verdadera oración bíblica, la
predicación y la teología, la Federación no está al margen de la vida
pastoral de la Iglesia, sino en su mismo centro. Y esto es motivo de gratitud.
Os animo también a seguir fomentando el diálogo
ecuménico, que se entabla entre personas de diferentes confesiones religiosas
que estudian y comparten la Escritura. Ahora es vital que todos los cristianos
investiguen más a fondo la Biblia, fuente común, buscando la unidad que el
Señor desea indudablemente y que, con tanta urgencia, el mundo necesita para
poder creer.
Encomendándoos a María, Madre del Verbo encarnado, e
invocando sobre la Federación una nueva efusión de los dones del Espíritu
Santo, que se expresa a través del texto sagrado, os imparto cordialmente mi
bendición apostólica.
Vaticano, 1 de mayo de 1999
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