MENSAJE DEL PAPA A LOS RUMANOS ANTES DE
LA VISITA Jueves
6 de mayo de 1999
Amadísimos rumanos:
Con el pensamiento y con el corazón me encuentro ya entre vosotros, en la
espera gozosa de poder cruzar pronto la frontera de vuestro país y visitar una
tierra tan ilustre por sus tradiciones civiles y eclesiales.
Mi espíritu se llena de alegría al pensar en el encuentro con el querido y
venerado hermano Su Beatitud el patriarca Teoctist, y con los obispos del Santo
Sínodo, los sacerdotes, los diáconos, los religiosos y todos los creyentes.
También espero con emoción el momento en que abrazaré a los queridos hijos de
la Iglesia católica: a los amados pastores y a los queridos fieles tanto de la
Iglesia latina como de la greco-católica.
Saludo, desde ahora, al señor presidente y a las autoridades del Estado,
llamadas a cumplir la difícil pero apasionante tarea de introducir al pueblo en
una experiencia consciente y madura del valor fundamental de la libertad.
A todos vosotros, hombres y mujeres, niños y ancianos, enfermos y jóvenes de
Rumanía, os abraza el Papa de Roma.
Voy a visitaros impulsado por el deseo de volveros a proponer, juntamente con
vuestros pastores, el mensaje del Evangelio, que tanta importancia ha tenido y
tiene en la historia, en la civilización y en la fe del pueblo rumano. No voy a
proponeros fáciles ilusiones, ni espejismos de un día, ni utopías que pasan,
ni estériles polémicas sobre el poder terreno, sino a Jesucristo, nuestro
Señor, muerto y resucitado para la salvación del mundo, que es la verdad de
Dios. ¡Hasta pronto!
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