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  MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA ASAMBLEA PLENARIA
DEL CONSEJO PONTIFICIO JUSTICIA Y PAZ

 

Excelencias;
queridos amigos:
 
1. Ha sido siempre un placer para mí recibir a los miembros del Consejo pontificio Justicia y paz, junto con algunos de sus consultores, con ocasión de su asamblea plenaria. Este año, al coincidir con mi viaje apostólico a la India, no me es posible hacerlo. Sin embargo, vuestro presidente, el arzobispo François Xavier Nguyên Van Thuân, me ha informado del programa de vuestra asamblea, y con este mensaje deseo saludaros e invocar la bendición de Dios sobre vuestro trabajo.

En su ya larga historia, el Consejo pontificio Justicia y paz ha desempeñado un importante papel en la promoción de la doctrina social de la Iglesia. Fundado a petición del concilio Vaticano II, está llamado a proporcionar a todo el pueblo de Dios un conocimiento más pleno del papel que debe desempeñar para impulsar el progreso de la familia humana, especialmente de sus miembros más pobres, mediante la búsqueda de la justicia social entre los pueblos y las naciones (cf. Motu proprio, 6 de enero de 1967). Su finalidad ha sido siempre global, y hoy lo sigue siendo más que nunca. En vísperas del gran jubileo, continuad mostrando vuestra decisión de permanecer fieles a esta misión.

2. Los recientes esfuerzos del Consejo pontificio con vistas a difundir el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia se han orientado a formar líderes, tanto eclesiásticos como laicos, cada vez más conscientes de su obligación de defender la dignidad de cada persona humana, afrontando cuestiones como la eliminación de la miseria y la promoción de un enfoque eficaz de los derechos humanos. Habéis afrontado con éxito estas preocupaciones directamente en diferentes partes del mundo, buscando la ayuda de las Iglesias particulares para organizar seminarios sobre la doctrina social de la Iglesia, en ámbitos muy específicos. Al hacerlo en África, Asia y América Latina, manifestáis plenamente el espíritu del gran jubileo, que quiere ser un tiempo de liberación y restablecimiento de la justicia y la paz entre los pueblos (cf. Lv 25). Lo hacéis con espíritu evangélico, porque la libertad, la justicia y la paz verdaderas son dones de un Dios amoroso que busca la colaboración de quienes ha creado por amor. Apoyo vuestros esfuerzos por poner en práctica la doctrina social de la Iglesia mediante un compromiso cada vez más profundamente sentido entre los fieles.
Con este mismo espíritu, habéis apoyado y promovido en los foros regionales e internacionales los esfuerzos por ayudar a los países más pobres a liberarse del peso de la deuda y del subdesarrollo, y a poner fin a los conflictos internos.

3. El año pasado encomendé al Consejo pontificio la tarea de elaborar un "compendio o síntesis autorizada de la doctrina social de la Iglesia", que debería mostrar la conexión entre esa doctrina y la nueva evangelización (cf. Ecclesia in America, 54). Dicho documento ayudará a los miembros de la Iglesia a comprender mejor la importancia de esa doctrina. El  jubileo brinda una excelente ocasión para su publicación. El concepto mismo de jubileo, que conmemora el nacimiento de Jesús, incluye la proclamación de la buena nueva a los pobres, la  liberación  a  los oprimidos, la devolución de la vista a los ciegos (cf. Mt 11, 4-5; Lc 7, 22), el perdón de las deudas y la restitución de sus tierras (cf. Lv 25, 8-28). El Consejo pontificio ha afrontado con eficacia esas cuestiones durante los años de preparación para este gran acontecimiento.

4. En esta asamblea plenaria consideraréis la actual crisis del medio ambiente a la luz de la doctrina social de la Iglesia. La cuestión del ambiente está íntimamente relacionada con otros importantes problemas sociales, pues abarca todo lo que nos rodea y todo aquello de lo que depende la vida humana. De ahí la relevancia de un correcto enfoque de la cuestión. A este respecto, la reflexión sobre el fundamento bíblico de la solicitud por la creación puede clarificar la obligación de favorecer un ambiente seguro y sano.
El uso de los recursos de la tierra es otro aspecto crucial de la cuestión ambiental. Un estudio de este complejo problema lleva al núcleo mismo de la organización de la sociedad moderna. Al reflexionar en el tema del ambiente a la luz de la sagrada Escritura y de la doctrina social de la Iglesia, no podemos menos de plantearnos la cuestión del estilo de vida fomentado por la sociedad moderna y, en particular, la cuestión del modo desigual como se distribuyen los beneficios del progreso. El Consejo pontificio prestará un valioso servicio a la Iglesia, y a través de la Iglesia a toda la humanidad, promoviendo una comprensión más profunda del deber de trabajar por una mayor justicia y equidad, de modo que la gente pueda compartir los recursos de la creación de Dios.

5. Con ocasión de vuestro encuentro, invoco complacido las bendiciones divinas sobre cada uno de los miembros y consultores del Consejo. Os agradezco a todos la considerable ayuda que brindáis a la Santa Sede gracias a vuestra preparación específica y a vuestra rica y variada experiencia en muchas partes del mundo. Que la gracia y la paz del Jesucristo, nuestro Señor, estén con vosotros y con los miembros de vuestra familia. Con mi bendición apostólica.

Vaticano, 4 de noviembre de 1999

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