Iglesia de
San Pedro y San Pablo, Tbilisi
Martes 9 de noviembre
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
1. Con gran afecto os saludo, miembros de la comunidad católica de
Georgia y del Cáucaso. En particular, saludo a monseñor Giuseppe
Pasotto, administrador apostólico, y a vosotros, sus "colaboradores por
el reino de Dios" (cf. Col 4, 11) en esta amada tierra.
Nuestro encuentro tiene lugar en la venerable iglesia de San Pedro y San
Pablo. Este edificio, la única iglesia católica que permaneció abierta en
Tbilisi durante el período de la persecución, es un símbolo elocuente de la
fidelidad perseverante a Cristo y de la comunión ininterrumpida con la Sede
de Pedro. Demos gracias a Dios todopoderoso por la fe y la valentía que
sostuvieron a la comunidad católica en esos tiempos difíciles y que
prepararon el camino para su florecimiento actual. Que los apóstoles san
Pedro y san Pablo, que estuvieron unidos en la proclamación del Evangelio y
en el martirio, velen por esta porción de la grey del Señor y os fortalezcan
ahora que debéis afrontar los desafíos de un nuevo capítulo de la historia
de Georgia.
2. Dirijo un saludo particular a vosotros, mis hermanos en el sacerdocio,
servidores fieles del Señor. De la misma forma que el grano de trigo cae en
tierra y muere sólo para dar mucho fruto (cf. Jn 12, 24), así también
vuestro ministerio sacerdotal, desempeñado con modestia y humildad, enriquece
de forma escondida la tierra que, por la gracia de Dios, está dando ahora
nuevos y abundantes frutos espirituales. Por la sagrada ordenación, habéis
sido configurados sacramentalmente a Cristo, cabeza y pastor de la Iglesia. Os
exhorto a tener "entre vosotros los mismos sentimientos que
Cristo" (Flp 2, 5) y a crecer diariamente en la caridad
pastoral, que brota de su sagrado Corazón y se dilata para abrazar a toda
la humanidad. Ojalá que, bajo vuestra guía, la comunidad católica en
Georgia, con la riqueza de sus tradiciones latina, armenia y caldea, sea para
la nación signo de unidad y paz, que son dones del Señor para quienes confían
en sus promesas.
También vosotros, queridos religiosos y religiosas, ocupáis un lugar
especial en el corazón del Papa. Consagrados al Señor, vuestro compromiso
por alcanzar la caridad perfecta os lleva a prestar un generoso servicio a las
personas necesitadas y a quienes, a menudo sin saberlo, buscan el reino de
Dios en medio de las falsas promesas de un mundo confundido sobre los valores
verdaderos. Vuestras obras educativas y caritativas manifiestan la
presencia del Señor y la fuerza salvífica de su gracia. Agradezco en
especial el testimonio de caridad que da todo el personal de la clínica Redemptor
hominis, y la labor excepcional que realiza la Cáritas de Georgia.
3. Aliento y apoyo a los fieles laicos de esta bendita tierra de Georgia.
En vuestras familias, parroquias y asociaciones celebrad vuestra fe en Cristo,
y sed levadura evangélica en la sociedad de la que formáis parte. También
vosotros habéis sido consagrados mediante el bautismo. También vosotros habéis
sido enviados, como miembros del pueblo sacerdotal, real y profético de Dios,
a testimoniar el Evangelio. Que la luz de Cristo disipe todas las sombras y
tinieblas que podáis encontrar en vuestro corazón y en el mundo que os
rodea. No tengáis miedo de abriros a Cristo y a la fuerza purificadora de
su amor.
4. Queridos amigos, que en el umbral del tercer milenio cristiano la
Iglesia en Georgia, ya sin las restricciones del pasado, mire al futuro con
inmensa esperanza y trabaje por una nueva primavera del Evangelio. Que cada
uno de vosotros sea testigo de la paz de Cristo, esforzándose siempre por
promover la comprensión y el diálogo, especialmente con nuestros hermanos y
hermanas ortodoxos. Encomendando la comunidad católica del Cáucaso a la
intercesión amorosa de María, Madre de la Iglesia, invoco sobre vosotros y
vuestras familias abundantes bendiciones divinas.