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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN EL
"ENCUENTRO DE JÓVENES HACIA EL JUBILEO"
Amadísimos jóvenes:
1. Os envío mi cordial saludo a vosotros, participantes en el Encuentro
de jóvenes hacia el jubileo, que se celebra durante estos días en San
Remo. Saludo al venerado hermano Giacomo Barabino, obispo de Ventimiglia-San
Remo, así como a todos los organizadores de vuestro encuentro. Mi saludo se
dirige también a los miembros de la asociación Mi Dios canta joven, a
los cantautores de Música y vida y de Magníficat, y a la
asociación evangélica de música cristiana Musictus.
El tema de vuestro encuentro es singular: "Jóvenes del 2000,
dejadnos nacer". Con esta manifestación, queréis transmitir a vuestros
coetáneos un mensaje de esperanza, proponiéndoles una valiente visión
cristiana de la realidad. En resumidas cuentas, vosotros, jóvenes, queréis
ser apóstoles del Evangelio entre los jóvenes de nuestro tiempo.
2. Este encuentro, que habéis querido celebrar como preparación para el
gran jubileo, expresa muy bien una característica especial de la juventud de
hoy día: la apertura a la gran diversidad cultural del mundo actual.
Para cumplir esta difícil misión, debéis estar abiertos ante todo a Cristo,
que con amor os interpela y os pide acoger su palabra. Estad seguros de que no
os defraudará. Quien se encuentra con él, no teme aceptar valientemente las
exigencias de su Evangelio. Quien lo ama, descubre que la vida cristiana es
don de Dios, que ama a cada uno personalmente y a cada uno desea confiarle una
misión.
Queridos jóvenes, me imagino que, como todos vuestros coetáneos, también
vosotros buscáis lo que es importante y central en la existencia; buscáis
algo y a alguien con quien contar sin reservas.
Permitidme deciros que comprendo vuestras aspiraciones y las dificultades que
encontráis. Al contrario de las generaciones que os han precedido,
especialmente las que han conocido en su juventud los males producidos por la
guerra mundial y otros conflictos, la mayor parte de vosotros ha podido crecer
en un clima de paz, libertad y seguridad. Pero sabéis por experiencia que el
bienestar material no da automáticamente la felicidad y la serenidad. Tampoco
basta la libertad garantizada por la ley para sentirse libres dentro, en la
intimidad del corazón. La libertad de la esclavitud de las pasiones brota de
la fuerza regeneradora de la gracia.
El ser humano necesita a Cristo. Sólo en el encuentro con él descubre la
verdad plena de sí mismo. Sabéis bien que seguir a Cristo requiere
generosidad y audacia. Pero, precisamente siguiendo sus pasos, el hombre llega
a la realización plena de sí mismo y a la verdadera libertad. A esto aluden
las canciones religiosas presentadas en San Remo en esta alegre circunstancia.
3. Queridos jóvenes amigos, con el apoyo de la gracia del Señor sabed
estar a la altura de vuestra dignidad de resucitados en Cristo. Abríos al
gozo del Señor. Estáis llamados a cantar la fiesta de la vida, de la
libertad y de la reconciliación; estáis destinados a avanzar por los caminos
de la fraternidad y del amor.
María, Madre de Jesús y Madre nuestra, os proteja y asista en todo momento.
Amados jóvenes, éste es el deseo cordial que formulo para cada uno de
vosotros, así como para todos vuestros seres queridos. Lo acompaño con una
especial bendición, que de buen grado os envío como signo de mi cercanía
espiritual y de mi afecto.
Vaticano, 21 de noviembre de 1999
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