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DISCURSO DEL
SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS PEREGRINOS QUE ACUDIERON A ROMA PARA LA
MISA DE CANONIZACIÓN DE CIRILO BERTRÁN Y OCHO COMPAÑEROS, INOCENCIO DE
LA INMACULADA, BENITO MENNI, TOMÁS DE CORI
lunes
22 de noviembre
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; amadísimos
religiosos y religiosas; hermanos y hermanas:
1. Nos hemos reunido hoy para renovar nuestro himno de alabanza y de acción
de gracias a Dios, al día siguiente de la solemne liturgia durante la cual,
en la basílica vaticana, tuve la alegría de proclamar a doce nuevos santos,
invictos testigos de Cristo, Rey del universo. Al mismo tiempo, queremos
reflexionar juntos, una vez más, en su luminoso ejemplo de amor incondicional
a Dios y de entrega generosa al bien espiritual y material de sus hermanos.
2. Saludo con gran afecto a los peregrinos de lengua española venidos a
Roma. En esta ocasión, de modo particular saludo a los Hermanos de las
Escuelas Cristianas, acompañados de sus alumnos y ex alumnos, a los padres
pasionistas, así como a los miembros de la gran familia hospitalaria. Estos
santos, hijos predilectos de la Iglesia y testigos fieles del Señor
resucitado, nos ofrecen el testimonio de una rica espiritualidad, fraguada en
la fidelidad cotidiana y en la entrega incondicional a su vocación al
servicio del prójimo.
3. Los hermanos mártires de las Escuelas Cristianas canonizados ayer,
seguidores del carisma de san Juan Bautista de La Salle, se entregaron
plenamente a la educación integral de los niños y jóvenes. Ellos pertenecen
a la larga serie de educadores cristianos que han dedicado su vida y sus energías
a la enseñanza en la escuela católica, comprometidos en este irrenunciable
servicio que la Iglesia presta a la sociedad. Ésta, en nuestros días a veces
se presenta individualista y con tentaciones de secularismo. Frente a ello,
los santos mártires de Turón, procedentes de diversos puntos de la geografía
española, y uno de ellos de Argentina, son la prueba elocuente de que la
fidelidad a Cristo vale más que la propia vida.
Que su ejemplo, junto con el del padre Inocencio de la Inmaculada, mueva a los
jóvenes a abrazar el estilo de vida que nos propone el Evangelio, vivido con
valentía y entusiasmo. Que la labor educativa de estos santos mártires sea
también modelo para los educadores cristianos a las puertas del nuevo milenio
ya inminente.
Con respecto a la formación de las jóvenes generaciones, quisiera recordar
el deber primordial de los padres como primeros y principales responsables de
la educación de los hijos, lo cual supone que han de contar con absoluta
libertad para elegir el centro docente para sus hijos. Las autoridades públicas,
por su parte, han de procurar que, desde el respeto al pluralismo y la
libertad religiosa, se ofrezca a las familias las condiciones necesarias para
que, en todas las escuelas, sean públicas o privadas, se imparta una educación
conforme a los propios principios morales y religiosos. Y esto es más
necesario aún en un país, como España, donde la mayoría de padres pide la
educación religiosa para sus hijos.
4. San Benito Menni, miembro ilustre de la orden hospitalaria de San Juan
de Dios y fundador de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús,
vivió su vocación como apóstol en el campo de la sanidad, sin ahorrarse
esfuerzos y sufrimientos, con audacia y una entrega sin límites al cuidado de
los enfermos, especialmente de los niños y de los trastornados mentales.
La labor que realizan sus hermanos de religión y las religiosas del instituto
que fundó tiene plena actualidad, donde con frecuencia se margina a los débiles
y a los que sufren. Que la gran familia hospitalaria, en fidelidad al carisma
del nuevo santo, imite el inmenso amor que él sentía hacia los más
desfavorecidos, dedicando enteramente la vida a su servicio.
San Benito Menni descubrió su vocación precisamente cuando llevaba a cabo
tareas de voluntariado en Milán. Muchos de los peregrinos que habéis venido
para su canonización sois voluntarios en diversos centros hospitalarios y en
otros centros asistenciales. Ese servicio enriquece vuestra vida y hace crecer
la capacidad de donación y acogida solidaria del prójimo, especialmente de
los que sufren. Os animo a proseguir en esa labor, iluminados por los ejemplos
del padre Menni, imitándole y siguiéndole en el camino de misericordia que
él practicó.
5. Me dirijo a vosotros, queridos religiosos de la orden franciscana de
Frailes Menores, y a cuantos se alegran con vosotros por la canonización de
santo Tomás de Cori. "Vengo al Retiro para ser santo": con
estas palabras el nuevo santo se presentó en el lugar solitario de Bellegra,
donde durante muchos años realizó progresivamente ese difícil programa de
vida evangélica.
Había comprendido muy bien que toda reforma auténtica comienza por uno mismo
y, precisamente por esta razón, su humilde persona se sitúa entre los
grandes reformadores de la orden de los Frailes Menores.
De la intensidad de su relación íntima con Dios, sobre todo de su profunda
devoción a la Eucaristía, florecía la fecundidad de su acción pastoral,
tan profunda, que le mereció el apelativo de "apóstol del
sublacense". Verdadero hijo del Poverello de Asís, también de él
se podría afirmar lo que se decía de san Francisco: "no era un
hombre que rezaba; más bien, él mismo se transformaba totalmente en oración
viva" (Tomás de Celano, Vida segunda, 95: Fuentes
franciscanas, 682).
6. Amadísimos hermanos y hermanas, junto con toda la Iglesia, alabemos
al Señor por las maravillas que realizó a través de estos nuevos santos.
Al volver a vuestros hogares y a vuestras ocupaciones diarias, llevad el
hermoso recuerdo de esta peregrinación a Roma y proseguid con valentía
vuestro compromiso de testimonio cristiano, para que os preparéis a vivir con
intensidad y fervor el Año santo, ya cercano.
Con estos deseos, os encomiendo a todos a la protección celestial de la
Virgen y de los nuevos santos, y de corazón os bendigo a vosotros, a vuestras
familias y a vuestras comunidades.
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