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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CONGRESO NACIONAL DE RECTORES
Y AGENTES PASTORALES DE LOS SANTUARIOS DE ITALIA 


Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Me alegra enviaros mi cordial saludo con ocasión de la XXXV Asamblea de rectores y agentes pastorales de los santuarios, organizada por la Unión nacional de santuarios. Saludo en particular al arzobispo prelado de Loreto, monseñor Angelo Comastri, que con viva solicitud sigue y coordina vuestras actividades.

La amplia red de santuarios esparcidos en diversos países y continentes ocupa un lugar muy importante en el ámbito del singular organismo espiritual y a la vez histórico que es la Iglesia. Yo mismo, durante mis viajes apostólicos, he tenido muchas veces la alegría de ir en peregrinación a esos lugares sagrados, donde la presencia de Dios se siente con mayor intensidad

He podido visitarlos sobre todo en Italia, debido a mi ministerio, y he comprobado que constituyen un testimonio elocuente de la historia religiosa de la nación. Por eso, os damos las gracias a todos los que conserváis, valoráis y promovéis ese patrimonio espiritual del mejor modo posible.

2. Con este mensaje, siguiendo el ejemplo de mis predecesores, deseo ante todo recordar el gran valor que revisten los santuarios para el pueblo de Dios. Por una parte, ofrecen a los fieles y peregrinos momentos valiosos de profundización, de verificación y de indispensable fortalecimiento interior; y, por otra, para los que los frecuentan menos, para los que tienen dificultades y para los que buscan, constituyen una ocasión providencial de encuentro con Dios y una fuerte llamada a las fuentes de la fe. Por tanto, quienes los visitan deben encontrar ambientes acogedores y personas dispuestas a brindarles una adecuada asistencia espiritual y una ordenada catequesis litúrgica, a fin de que el mensaje transmitido por el santuario no se quede sólo en el ámbito de la emoción, aunque sea importante, sino que para todos llegue a ser experiencia de Dios, encuentro fraterno y ocasión de crecimiento en la fe.

3. Podemos constatar con gran satisfacción que durante los últimos años se ha incrementado el flujo de peregrinos y turistas hacia los lugares santos, pequeños y grandes, favorecido por las mayores oportunidades que brindan los medios de transporte y comunicación. No parece que la evolución de la sociedad y el influjo de una difundida mentalidad consumista haya frenado este fenómeno, sino más bien, en ciertos aspectos, lo ha incrementado. En efecto, las personas tienen cada vez más necesidad de silencio, de serenidad y de alejarse del frenesí diario y de los intereses materiales; buscan la paz y la armonía consigo mismas, con la naturaleza y, más profundamente, con Dios, último fundamento de la existencia. A veces, el peligro, inherente a este tipo de tendencias, en las que influyen factores culturales y sociales, es la superficialidad. Sin embargo, en nada disminuye el lado positivo, al menos potencialmente, de este fenómeno, que se presenta como un aspecto del gran desafío de la evangelización en la sociedad contemporánea.

4. En el actual marco socio-religioso, los santuarios han de ser cada vez más lugares de lo esencial, a donde se va para obtener la gracia antes que "las gracias". Cuanto más se difunde la cultura secularizada, tanto más adquieren estos ambientes un intrínseco valor evangelizador, en el sentido originario de fuerte llamada a la conversión (cf. Carta con ocasión del VII centenario del santuario mariano de la Santa Casa de Loreto, 15 de agosto de 1993, n. 7:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 24 de septiembre de 1993, p. 7).

Lejos del trajín de las ocupaciones diarias, el hombre reencuentra ante todo la posibilidad de pensar, reflexionar y dejar que surjan en su interior los interrogantes que, aunque puedan inquietarlo, son benéficos para su alma. En este terreno favorable, el santuario está llamado a sembrar la buena semilla de la palabra de Dios, de la que sólo puede brotar el conocimiento de la verdad y la renovación de la vida. En resumidas cuentas, en el santuario todo debe tender a que la búsqueda recíproca de Dios y del hombre se convierta en un encuentro.

5. Los responsables y animadores de los santuarios de Italia, estimulados por ese marco espiritual y social, queréis intensificar vuestro compromiso apostólico, sosteniéndolo oportunamente con el intercambio de experiencias y la coordinación de objetivos e iniciativas pastorales. Esto es de por sí útil y provechoso, no sólo desde el punto de vista de la organización, sino sobre todo porque favorece el estilo de comunión, signo distintivo de la Iglesia, icono de la Trinidad.

Amadísimos hermanos y hermanas, de este modo os apoyáis unos a otros para que los santuarios puedan promover el anuncio de la Palabra, así como las celebraciones litúrgicas, los retiros espirituales y los encuentros de estudio sobre temas religiosos y de profundización de la fe. Me alegra la atención particular que prestáis al servicio del sacramento de la reconciliación, promoviendo también la preparación de los ministros:  esto es muy oportuno, especialmente con ocasión del gran jubileo del año 2000. Ojalá que los peregrinos, en este "año de gracia del Señor", obtengan abundantemente en los santuarios la fuerza regeneradora de la misericordia divina.
Acompaño este deseo con la oración, encomendándolo a la especial asistencia de la santísima Virgen María, santuario de la nueva Alianza. A los que participáis en la asamblea, así como a los responsables de los santuarios y a sus colaboradores, imparto de corazón una especial bendición apostólica.

Vaticano, 23 de noviembre de 1999
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