Queridos jóvenes israelíes y palestinos:
Hace unas semanas, una voz de esperanza y satisfacción se escuchó en todo el
mundo, cuando vuestros líderes firmaron un histórico acuerdo. Ahora, en
todas partes, la gente ve este acuerdo con confianza y grandes expectativas,
esperando que se afiance cada vez más y lleve a una paz efectiva y duradera.
Vosotros, jóvenes, y todos aquellos a quienes representáis, debéis ser
los primeros en realizar las esperanzas de vuestros pueblos y del mundo
entero. Las decisiones que tomáis por lo que concierne a vosotros mismos y a
vuestra vocación en la sociedad, serán decisivas para las perspectivas de
paz, tanto hoy como en el futuro.
Queridos jóvenes israelíes y palestinos, judíos, musulmanes y
cristianos, os renuevo hoy la invitación que hice a todos los jóvenes con
ocasión de la Jornada mundial de la paz de 1985, subrayando el papel
que la juventud está llamada a desempeñar en la promoción de la paz. Es
preciso que, en el umbral del nuevo milenio, veáis con más claridad que el
futuro de paz, y por tanto el futuro de la humanidad entera, depende de las
opciones fundamentales que haga vuestra generación. Dentro de pocos años,
vuestra generación será la encargada de forjar el destino de vuestros
pueblos, de vuestras naciones y del mundo. Tenéis el deber moral de ayudar a
construir una nueva sociedad, una nueva civilización, basada cada vez más sólidamente
en el respeto mutuo, la fraternidad y el espíritu de cooperación. Nadie está
solo en este mundo; cada uno es una tesela fundamental del gran mosaico de la
humanidad.
No tengáis miedo del desafío que os espera: vuestra esperanza y
vuestra juventud os sostendrán en esta exigente tarea. Pero sólo seréis
capaces de realizarla si podéis infundir en vuestro corazón esa paz que
proyectáis llevar a vuestros pueblos y al mundo; no una paz fundada únicamente
en acuerdos y tratados, por más nobles y necesarios que sean, sino una paz
nacida de lo más íntimo de cada persona. Esto es esencial para que la paz
sea estable y duradera.
En conclusión, os repito de un modo especial lo que dije a los jóvenes de
todo el mundo en el Mensaje antes mencionado: "El futuro de la paz
está en vuestro corazón. Para construir la historia, como vosotros podéis y
debéis, tenéis que liberarla de los falsos senderos que sigue. Para hacer
esto, debéis tener una profunda confianza en el hombre y una profunda
confianza en la grandeza de la vocación humana, una vocación a realizar con
respeto de la verdad, de la dignidad y de los derechos inviolables de la
persona humana" (n. 3: L'Osservatore Romano, edición en
lengua española, 23 de diciembre de 1984, p. 1).
Ya sabéis que, Dios mediante, pienso ir a Tierra Santa en una peregrinación
siguiendo las etapas de la historia de la salvación. Por eso, si Dios quiere,
tendré la oportunidad de encontrarme de nuevo con vosotros en vuestra tierra.
Espero que para entonces ya hayáis comenzado vuestra aventura, y que juntos
podamos ver sus primeros frutos. Hasta entonces. Que Dios bendiga
abundantemente vuestros esfuerzos.
Vaticano, 22 de septiembre de 1999