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Discurso
al final del concierto ofrecido al Papa
en el palacio pontificio de Castelgandolfo
12 de
septiembre
1. Al concluir esta sugestiva velada musical, me alegra dirigiros un
cordial saludo a todos vosotros, amables señores y señoras, que habéis
participado en el concierto organizado por la fundación Lucchini de Brescia.
Saludo ante todo al presidente, dr. Luigi Lucchini, y le agradezco las
corteses palabras que me acaba de dirigir.
Expreso mi aprecio al joven pianista Daniele Alberti, que ha tocado con
entusiasmo y gran maestría.
Con motivo del 150° aniversario de la muerte del compositor y pianista
polaco Federico Chopin, vuestra fundación ha programado una serie de
conciertos en algunas localidades relacionadas con la vida del gran músico.
Doy gracias a los organizadores por haber querido que la primera de esas
iniciativas se realizara precisamente aquí, en Castelgandolfo. Ojalá que
vuestra benemérita fundación contribuya, con sus múltiples actividades, a
difundir los valores humanos y espirituales que constituyen la base
indispensable del progreso moral, civil y económico de toda la colectividad.
2. De Chopin, considerado uno de los mayores músicos del romanticismo
europeo, hemos escuchado algunos Nocturnos, en los que se manifiesta,
de forma nítida e impresionante, la finura interior del gran maestro, que sabía
abstraerse del mundo exterior para sumergirse en el espíritu humano,
delineando sus rasgos más finos y ocultos con un lenguaje musical muy
expresivo. En la siguiente pieza, Fantasía-Impromptu en Do sostenido menor
y en los valses hemos podido admirar la original inspiración y la
elevada vena poética del autor. Al final nos habéis ofrecido algunas Polonesas:
páginas musicales en las que Chopin, utilizando motivos escuchados desde niño,
evoca su patria lejana e inolvidable.
Escuchando la magistral interpretación de Daniele Alberti, reflexionaba en
que también este concierto constituye un testimonio significativo de la
unidad cultural y espiritual de Europa, a la que la tradición cristiana ha
dado a lo largo de los siglos, y sigue dando en la actualidad, una contribución
fundamental.
Al renovar, también en nombre de los presentes, nuestra viva gratitud
tanto a los organizadores de la velada como al virtuoso pianista, os expreso
mis mejores deseos de que las iniciativas puestas en marcha por la fundación
Lucchini, con motivo del aniversario de la muerte de Chopin, constituyan una
oportunidad privilegiada para favorecer la comprensión entre las personas y
los pueblos.
Con estos sentimientos, invoco sobre cada uno de vosotros, y sobre vuestras
respectivas familias, la constante protección del Señor, y de todo corazón
os imparto a todos la bendición apostólica.
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