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AUDIENCIA DEL PAPA JUAN PABLO II A
VARIOS GRUPOS DE PEREGRINOS ITALIANOS
8
de abril de 2000
1. Amadísimos peregrinos, ¡sed bienvenidos! Con
gran afecto os acojo. Os saludo ante todo a vosotros, queridos fieles de la diócesis
de Aversa y, de modo especial, a mons. Mario Milano, vuestro pastor, a quien
agradezco las amables palabras que me ha dirigido. Saludo a mons. Crescenzio
Sepe, vuestro paisano y mi colaborador íntimo por lo que respecta al gran
jubileo. Saludo, asimismo, a los sacerdotes, a los consagrados, a las
consagradas y a todos los fieles laicos aquí reunidos.
Vuestra peregrinación constituye, de alguna manera, la devolución de la
visita que tuve la alegría de realizar a vuestra tierra hace diez años.
Conservo aún un vivo recuerdo de aquel viaje. Entonces, dirigiéndome a los
diversos componentes eclesiales, pedí a los sacerdotes que cumplieran con
convicción y entusiasmo la misión encomendada. A las personas consagradas
les recordé que el pueblo de Dios necesita reconocer en ellos la adhesión
convencida a la radical vocación evangélica. Invité a los laicos a asumir
con valentía sus responsabilidades particulares dentro de la Iglesia.
Reafirmo de buen grado hoy esas exhortaciones, prolongando en cierto modo un
diálogo que no se ha interrumpido en estos años.
2. Amadísimos hermanos y hermanas, proseguid por el camino de la
fidelidad evangélica, con la certeza de que Cristo, el Viviente, está con
vosotros ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). Él es la roca sólida
sobre la que debe apoyarse la fe inquebrantable de todos sus discípulos. Él
es la Puerta de la salvación, que cruzáis durante esta peregrinación. Así
volveréis a vuestras casas fortificados en la fe e impulsados por el deseo de
servir aún con mayor generosidad a la causa del Evangelio, caminando con
valentía tras las huellas de vuestros antepasados y enriqueciendo con vuestra
aportación el valioso patrimonio espiritual que habéis recibido de ellos.
Que, en este itinerario, os sirva de ejemplo san Pablo, titular de vuestra
catedral, apóstol y misionero incansable. Queridos hermanos, seguid su
ejemplo, y tened sus mismos sentimientos y su mismo celo apostólico.
Permaneced siempre unidos entre vosotros y con vuestro pastor.
3. Conozco vuestra intensa actividad pastoral en todos los ámbitos de la
evangelización, así como vuestros loables esfuerzos por estar cerca de los
miembros más débiles y más olvidados de la sociedad, especialmente en lo
que atañe al desempleo juvenil y a la situación de las familias más pobres.
Sed testigos de solidaridad. La misión profética, propia de la comunidad
cristiana, no puede por menos de impulsaros a ser auténticos heraldos en
vuestro ambiente; asimismo, la misión real os compromete a poner en marcha,
en la medida de vuestra competencia y de vuestras posibilidades, iniciativas
que puedan aliviar los sufrimientos causados por fenómenos como la marginación,
la falta de equidad salarial y el malestar social.
Especialmente, prestad atención a los jóvenes. Que vuestro compromiso
comunitario sea: "Una Iglesia para los jóvenes y con los jóvenes".
Se trata de una acertada estrategia pastoral, orientada hacia el porvenir.
Esto os ayudará también a intensificar la pastoral vocacional, que se
realiza desde hace tiempo en la diócesis. A este propósito, quisiera
recordar que incluso en períodos de crisis nunca han faltado en vuestra diócesis
sacerdotes y religiosos, y que no pocos de ellos están actualmente al
servicio de la Santa Sede. Gracias por vuestra generosidad.
Con razón, también la familia ocupa un lugar destacado en vuestro programa
pastoral, dado que en su ámbito es donde se realiza la primera transmisión
de la fe; en ella se perpetúan los valores y las nobles tradiciones de
vuestra tierra, comenzando por la defensa de la vida, don preciosísimo de
Dios, el amor y el respeto a los ancianos, así como la serena colaboración
entre las antiguas y las nuevas generaciones.
4. Queridos fieles de Aversa, a todos os encomiendo a la Madre de Cristo,
a la que amáis profundamente, como lo atestiguan la "Casita de
Loreto" contenida en vuestra catedral; el santuario de Casapesenna, cuya
primera piedra bendije hace quince años; el icono de la Virgen de Casaluce,
copatrona de la diócesis, ante la que han orado príncipes, reyes y
emperadores; el santuario de la Asunción de María santísima, que han
visitado personajes ilustres, como el rey Ludovico de Hungría y la reina de
Polonia María Casimira; y la iglesia de María santísima de Briano. Que ella
guíe vuestros pasos en la fidelidad a Cristo y a su Evangelio.
5. Dirijo, ahora, mi saludo cordial a los peregrinos de las diócesis de
Gorizia, Cesena e Ischia, aquí presentes con sus pastores. Amadísimos
hermanos y hermanas, vuestras comunidades diocesanas están llamadas a ofrecer
la imagen de una sola realidad bien compaginada y concorde. La Iglesia, con
sus diversos componentes, es un solo cuerpo, reunido en el Espíritu Santo
para dar testimonio del amor del Padre, manifestado en Cristo, nuestro Señor.
Un solo depósito de verdad, una esperanza indefectible y una caridad sincera:
he aquí las características que deben distinguir la presencia de la Iglesia
en el mundo. Esforzaos constantemente por testimoniar vuestro amor a Cristo y
anunciar su Evangelio con vuestra palabra y vuestro ejemplo. De ese modo,
estaréis siempre dispuestos a dar razón de la esperanza que hay en vosotros
(cf. 1 P 3, 15).
6. Saludo, asimismo, a los superiores y a los seminaristas del Pontificio
Seminario regional de Molfetta, a los fieles de las parroquias del decanato de
Val d'Elsa y de la archidiócesis de Siena, así como a los miembros de la
archicofradía de la Santísima Trinidad de Nápoles.
Amadísimos hermanos, dejaos modelar por Cristo, para que vuestra vida,
enriquecida por su gracia, sea testimonio ferviente de su amor a toda la
humanidad. Al cruzar la Puerta santa del jubileo, encontrad en Cristo la
fuerza necesaria para ser sus discípulos fieles. Vosotros, queridos
seminaristas, y vosotros, queridos fieles, sed siempre conscientes de la
llamada a la santidad, que Dios dirige a cada uno. Corresponded a su gracia,
para dar pleno sentido a vuestra vida.
7. Por último, os saludo a vosotros, queridos socios del Camper Club
Capitolino, y a vosotros, socios del Banco de Crédito cooperativo de Cascia
di Regello, en la provincia de Florencia. Tened siempre en vosotros
sentimientos inspirados en la caridad, que es la plenitud de la ley cristiana.
Impulsados por la solidaridad, sabréis poner en marcha iniciativas útiles
para aliviar las múltiples formas de pobreza de la sociedad actual.
Que Dios os ayude a cada uno y haga fecundos todos vuestros esfuerzos al
servicio del bien.
De corazón os bendigo a todos.
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