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AUDIENCIA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS PEREGRINOS QUE VINIERON PARA LA BEATIFICACIÓN DE CINCO SIERVOS DE DIOS
Lunes
10 de abril de 2000
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra encontrarme de nuevo con vosotros, que habéis venido de
diversas partes del mundo para la beatificación de Mariano de Jesús Euse
Hoyos, Francisco Javier Seelos, Ana Rosa Gattorno, María Isabel Hesselblad y
María Teresa Chiramel Mankidiyan. Saludo a todos con afecto: a los
obispos, a los sacerdotes, a las religiosas, a los religiosos y a los
numerosos fieles laicos.
Mientras prolongamos la alegría de la celebración de ayer, tenemos la
oportunidad de dirigir nuestra mirada, con mayor veneración, a los nuevos
beatos, para profundizar algunos aspectos de su testimonio.
2. Deseo saludar muy cordialmente a todos los peregrinos venidos para
participar en la beatificación del sacerdote colombiano Mariano de Jesús
Euse Hoyos. Saludo a los señores cardenales, a los obispos, sacerdotes y
fieles colombianos, que dan gracias a Dios por las maravillas que ha obrado
por medio del padre Marianito.
Sacerdote profundamente dedicado a su misión, fue siempre guiado por una fe sólida,
arraigada en la vida y comprometida en favor de los demás. Fue misericordioso
y muy cercano con todos, especialmente con los pobres y necesitados. Su fama
perdura entre vosotros y es un ejemplo a imitar especialmente en este momento
crucial de la historia de vuestra querida patria.
Quisiera que la figura radiante del beato Mariano Euse apareciera a los ojos
de toda la sociedad colombiana como "un don de paz" en el marco de
este Año jubilar. Colombia alcanzará la paz si respeta siempre y en todas
partes el sagrado e inviolable derecho a la vida. La paz, don de Dios, es
también tarea del hombre. Por eso, todos los colombianos, sin excepción
alguna, han de colaborar en construirla, rechazando toda forma de violencia,
luchando contra la pobreza, el hambre, el desempleo, los conflictos armados,
los secuestros de personas, el narcotráfico y la degradación de la
naturaleza. Que el ejemplo del padre Marianito os ayude a ser cada vez más
conscientes de que la paz y el desarrollo integral y solidario deben marchar
permanentemente unidos.
3. Doy una cordial bienvenida a los obispos de Estados Unidos y de
Alemania, así como a los miembros de la congregación del Santísimo Redentor
y a todos los peregrinos presentes que han venido para la beatificación del
padre Francisco Javier Seelos. En su ministerio sacerdotal y en su
apostolado misionero, el padre Francisco Javier se esforzó por discernir las
necesidades espirituales de las comunidades a las que servía, y su entrega a
la predicación y a la celebración de los sacramentos hizo que muchas
personas volvieran a Cristo.
Que, en este año del gran jubileo, el ejemplo del beato Francisco Javier
impulse a más jóvenes a responder con generosidad a la invitación de Cristo
a comprometerse en la tarea de la evangelización en el sacerdocio y en la
vida religiosa.
4. En una sociedad como la actual, que a menudo se afana por los bienes
materiales y se ve tentada de olvidar a Dios, sumo Bien, la beata Ana Rosa
Gattorno lanza el desafío de una vida totalmente entregada a él y a los
hermanos más pequeños y pobres. Los dolores y los sacrificios que marcaron
su matrimonio y su maternidad la impulsaron inmediatamente a abrazar, con
singular intensidad de fe y amor, a Jesucristo crucificado, para seguirlo con
toda su alma. El instituto de las "Hijas de Santa Ana, Madre de María
Inmaculada" fundado por ella, es fruto de su ejemplar síntesis entre el
abandono a la Providencia y el compromiso incesante en favor del prójimo. A
su muerte, acaecida en el año 1900, la madre Rosa dejó tres mil quinientas
religiosas, en varios países del mundo.
Su fuerza fue siempre la comunión eucarística diaria y la unión apasionada
con Cristo crucificado y glorioso. La nueva beata nos dirige a todos una
apremiante invitación a amar, defender y promover la vida, señalándonos la
profundidad y la ternura del amor divino hacia toda criatura.
5. Me alegra mucho dar la bienvenida a las religiosas de la orden del
Santísimo Salvador y a los peregrinos procedentes de Suecia y de otros países
que han venido con ocasión de la beatificación de la madre María Isabel
Hesselblad. En particular saludo cordialmente a los fieles luteranos que
han venido para este acontecimiento. La beata Isabel nos enseña a dirigir
nuestra mirada hacia la cruz salvadora de Cristo, fuente de fuerza en tiempos
de prueba. Su compromiso ecuménico, su caridad concreta y su profunda
espiritualidad son un modelo para todos los seguidores de Cristo, en
particular para los que viven la vida consagrada. Que, mediante la intercesión
de la beata Isabel, la causa de la unidad cristiana siga progresando, y que su
obra y su carisma recuerden a los cristianos de Europa las raíces evangélicas únicas de su cultura y civilización.
6. Extiendo mi cordial saludo a los obispos de la India, a los miembros
de la congregación de la Sagrada Familia, así como a los sacerdotes, a los
religiosos y a los laicos que se alegran por la beatificación de la madre
María Teresa Chiramel Mankidiyan. La beata María Teresa se dedicó con
generosidad a la práctica de los consejos evangélicos y a una intensa vida
de oración, que no le ahorró sufrimientos, la sostuvo en sus numerosas obras
de caridad y en su determinación de buscar a los que se hallaban perdidos.
Que, mediante su intercesión, la Iglesia que está en la India sea bendecida
con un aumento de vocaciones a la vida religiosa, impregnada de su espíritu
de oración y caridad.
7. Amadísimos hermanos y hermanas, la caridad divina ha añadido otros
cinco nombres al largo catálogo de santos y beatos que se enriquece desde
hace dos milenios de generación en generación. Mientras los admiramos y
veneramos, imitemos su fe, para que la gracia de Cristo Redentor realice en
cada uno su obra de santificación. Al volver a vuestros países y a vuestras
comunidades, sed testigos de las maravillas que habéis visto y oído.
Con afecto os imparto mi bendición, que de buen grado extiendo a vuestros
familiares y a todos vuestros seres queridos.
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