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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A DIVERSOS GRUPOS DE PEREGRINOS

Sábado 29 de abril de 2000

 


Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. En el clima de alegría espiritual típico de esta octava de Pascua, os saludo a cada uno de vosotros, que, procedentes de diversas localidades, habéis venido a la ciudad de Roma para celebrar el jubileo. Vuestra visita subraya, asimismo, la intensa comunión que os une al Sucesor de Pedro. Os agradezco vuestro testimonio; y doy las gracias, en particular, por las amables palabras que me han dirigido en vuestro nombre, a monseñor Antonio Forte, obispo de Avellino; a monseñor  Angelo Scola, rector magnífico de la Universidad Lateranense; y a los señores Gianfranco Gambelli y Francesco Cardile, presidentes respectivamente de la Confederación nacional de las "Misericordias" y de la asociación "Fratres" de  grupos  de  donantes de sangre.

Os saludo, en primer lugar, a vosotros, queridos peregrinos de la diócesis de Avellino, acompañados por vuestro pastor. ¡Sed bienvenidos! Al dirigiros mi palabra, pienso en los sacerdotes, en los consagrados y en las consagradas que viven con fidelidad su testimonio y ejercen con generosidad los ministerios en la Iglesia. Pienso en las familias, en los jóvenes, en los trabajadores cristianos que con tenacidad expresan su adhesión a Cristo en los lugares donde la Providencia los ha colocado. Pienso con particular afecto en los que no tienen empleo, en los ancianos, en los enfermos y en los pobres, que esperan de la comunidad comprensión y apoyo. A todos dirijo mi palabra de consuelo, aliento y esperanza:  elevad vuestra mirada al Resucitado y perseverad con renovado ardor en la construcción de una sociedad que sea verdaderamente digna del hombre.

Proseguid con fervor en el itinerario del Año santo e intensificad las iniciativas de evangelización y caridad emprendidas por vuestra diócesis. La solidaridad recíproca, colaborando con vistas a la edificación del reino de Dios, ha de ser el signo distintivo de vuestra comunidad eclesial, unida en torno al obispo y a sus sacerdotes.

Las familias están llamadas a ser el templo de la vida y del amor; las parroquias han de convertirse en lugares abiertos y acogedores, donde la oración, el respeto recíproco y la solidaridad constituyan el estilo y el dinamismo de la actividad pastoral. Así la diócesis entera será lugar privilegiado de maduración humana y espiritual para los niños y los adultos, para los jóvenes y los ancianos.

Que la Virgen María, asunta a los cielos, patrona de vuestra catedral, os conserve unidos bajo su manto materno y escuche todos vuestros buenos deseos.

2. Os saludo ahora a vosotros, queridos profesores y estudiantes de la Universidad Lateranense, que gozosamente acojo con ocasión de vuestro jubileo, acompañados por vuestro rector magnífico y los miembros de la "Asociación internacional lateranense", encabezados por su presidente, el señor cardenal Edmund Szoka, que han celebrado su Jornada anual coincidiendo con este gesto jubilar. Mi pensamiento va también a vosotros, queridos alumnos y profesores de las sedes académicas vinculadas, de diversas maneras, a la Pontificia Universidad Lateranense y al Instituto pontificio Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia. En particular, deseo subrayar la presencia, por primera vez, de estudiantes provenientes de San Petersburgo, Alba Julia e Iasi, Györ, así como de Denver y Washington. Saludo asimismo a los responsables de las demás instituciones académicas vinculadas a la Alma Mater Lateranensis.

Con esta audiencia queréis devolver la visita que el 16 de noviembre del año pasado tuve la alegría de realizar a la sede de San Juan de Letrán. Entonces os encomendé la importante misión de ampliar los confines ideales y efectivos de la Universidad que, en este nuevo milenio, está llamada a incrementar su dimensión universal. Sin embargo, el carácter internacional de vuestra institución académica no basta para convertirla en centro de nueva cultura y civilización. Es necesario que busquéis, en todos los centros lateranenses, la unidad de investigación, de enseñanza y de estudio, edificando una comunidad vital entre profesores y alumnos. Asimismo, es importante superar toda falsa oposición entre el compromiso cristiano y el trabajo universitario, mediante una apertura incondicional a la acción del Espíritu de verdad, que es siempre Espíritu de auténtica unidad.
En el cumplimiento diario de vuestra tarea no olvidéis el mensaje del jubileo, que nos invita a una continua conversión al Señor resucitado. María, Madre del Redentor, consolide los vínculos entre todos los que pertenecéis a la gran familia lateranense y os acompañe en el camino emprendido.

3. Os doy ahora una cordial bienvenida a vosotros, queridos miembros de las "Misericordias" de Italia, y a vuestro presidente, así como a los grupos "Fratres" de donantes de sangre, con su presidente. Habéis venido aquí para celebrar vuestro jubileo:  os saludo con gran alegría.

Deseo manifestaros mi aprecio por vuestro compromiso y, sobre todo, por vuestra acción discreta y generosa. En estos últimos años os habéis esforzado por conjugar vuestras tareas tradicionales con la de eliminar las causas de la necesidad, a través de la presencia real en los lugares donde se realizan opciones sociales, políticas y asistenciales. En esos ámbitos, habéis tratado de afirmar los valores evangélicos, patrimonio que inspira vuestra actividad y que constituye una garantía del respeto a la dignidad del hombre. Una particular expresión del celo que os impulsa ha sido también vuestra presencia efectiva en Kosovo, el compromiso en favor de la construcción del Centro diocesano misionero de Taiwan, y el grato regalo que hoy me hacéis de dos ambulancias. Con esos signos generosos de solidaridad hacéis sentir la misericordia providente del Señor a quienes sufren. Queridos hermanos, proseguid vuestra luminosa tradición de bien que os lleva a dilatar los confines de vuestra caridad.

4. Dirijo un cordial saludo a los dos grupos procedentes de regiones de lengua alemana presentes en esta audiencia:  a los peregrinos de la Österreische Cartellverband y a un grupo de miembros del Bundestag alemán. Aunque provengáis de países diversos y tengáis objetivos diferentes, buscáis un mismo fin:  expresar la fe cristiana en la sociedad. Que cruzar la Puerta santa os dé fuerza y valor para actuar como sal y levadura en el mundo. A todos os imparto mi bendición apostólica.

Saludo con afecto a los fieles de la parroquia de San Francisco de Borja, de Madrid. Al agradeceros vuestra visita, os deseo que el Señor os colme abundantemente de sus dones en este Año jubilar en el que habéis tenido el gozo de atravesar la Puerta santa.

5. Saludo, por último, a los demás grupos y peregrinos aquí presentes. En especial, a los fieles de la parroquia de San Juan Bautista, en Albegno de Treviolo (Bérgamo); a los de la comunidad parroquial de la Santísima Virgen Mediadora de todas las gracias, en Favara (Agrigento); a los miembros del Instituto italiano de los Castelli, sección de Pulla; a los religiosos y seminaristas del instituto San Carlos de Buccinigo d'Erba (Como) de la Obra de Don Orión. A todos os encomiendo a María, Madre de Cristo resucitado, en este sábado, particularmente dedicado a ella, mientras os imparto a vosotros y a vuestras familias una bendición apostólica especial.

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